El Mundo

El Congreso venezolano apunta al chavista Tribunal Supremo

Después de rechazar el decreto de "emergencia económica" de Maduro, la Asamblea revisará los nombramientos de jueces supremos.

Domingo 24 de Enero de 2016

El presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela Henry Ramos Allup anunció que revisarán detenidamente el trabajo del Tribunal Supremo, que ha sido siempre funcional al chavismo y al que calificó de "pelotón de fusilamiento" del gobierno. El alto tribunal ha eliminado a pedido del gobierno tres bancas de diputados de la oposición, que le otorgaban a esta el número clave de 112 escaños, equivalentes a la mayoría de dos tercios de la Asamblea.

El Poder Legislativo rechazó el viernes por amplia mayoría el decreto de "emergencia económica" del presidente Nicolás Maduro.

Sobre el decreto de emergencia económica presentado por el Ejecutivo y rechazado por el Parlamento, Ramos Allup aseguró que el diputado José Guerra, titular de la comisión que estudió el texto, "desnudó las mentiras de un gobierno cuyo decreto es más de lo mismo".

Aseveró además que la coalición opositora MUD tienes diversas leyes que promulgar, "todas de gran prioridad". Pero acto seguido Allup dejó claro que la prioridad real será el cuestionado Tribunal Supremo de Justicia, lo que presagia nuevos choques entre estos dos poderes, que ya se enfrentaron hace dos semanas por la suspensión de tres diputados opositores. "Ese pelotón de ejecución que es el Tribunal Supremo de Justicia, que se prepare porque lo vamos a revisar a fondo'', advirtió Ramos Allup durante una concentración que realizó la oposición en Caracas para conmemorar los 58 años de la instauración de la democracia en Venezuela. Al ser consultado por la prensa sobre lo que implicará la revisión del máximo tribunal del país, el presidente del Legislativo se negó a dar detalles.

Una comisión parlamentaria inició recientemente una revisión del proceso de selección de 13 magistrados principales y 21 suplentes que aprobó el anterior Congreso días antes de culminar su período en diciembre pasado. A comienzos de mes el Tribunal Supremo de Justicia, bajo control del oficialismo, y el Congreso opositor se enfrentaron porque el máximo tribunal ordenó la suspensión de tres diputados opositores. La mayoría opositora de la Asamblea Nacional retó al máximo tribunal del país al tomar juramento e incorporar a los tres diputados, decisión que debió revertir días después, cuando el Supremo ordenó la salida de los tres congresistas opositores bajo amenaza de considerar inválidos todos los actos que tomara la Asamblea. La coalición opositora ganó por mayoría abrumadora las elecciones del 6 de diciembre, al alcanzar 112 de los 167 escaños, lo que le garantizó el control del Congreso.

Ramos Allup defendió la decisión que tomó la mayoría opositora, que el viernes rechazó el decreto de emergencia económica del presidente Nicolás Maduro. "No nos va amedrentar ni a intimidar, porque nosotros hubiéramos negado con mucha razón esa trampa caza bobos que fue el decreto'', declaró.

El presidente del Congreso desestimó las afirmaciones de altos dirigentes del oficialismo que responsabilizaron a la oposición de la posible complicación de la crisis ante el rechazo del decreto. "Esta es una lucha que tenemos que tener en todos los frentes frente a un gobierno que está en etapa agónica, en etapa terminal'', agregó.

Al rechazar las acciones de la mayoría opositora, el diputado Diosdado Cabello, número dos del régimen chavista, dijo que "no puede una Asamblea, de espaldas al pueblo, imponerle condiciones al gobierno para que perjudique al pueblo''. Cabello acusó a los 109 diputados opositores de actuar por órdenes de "los empresarios, el imperio'', en referencia a los Estados Unidos.

 

► No es el fin del chavismo y una buena estrategia es vital

Por Andrés Cañizález / El Nacional

Estamos lejos, en Venezuela, de que el resultado electoral del 6 de diciembre haya significado el fin del chavismo, como algunos plantean. Lo ocurrido en las primeras semanas de este 2016, una vez que se asimiló la clara derrota política en las filas chavistas, evidencia que tendremos un chavismo aferrado al poder y la continuación de una acción política y discursiva dirigida a su base de apoyo. Hubo un cambio el 6-D, nadie lo duda, pero es sólo el inicio de un proceso que puede llevarnos un largo tiempo hasta que se establezcan nuevamente en Venezuela reglas apegadas al Estado de Derecho y a los principios que dicta la propia Constitución.

La victoria de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) en diciembre constituye sin lugar a dudas un hito democrático de envergadura. Pero tendrán que ocurrir otros hitos, tanto electorales como de naturaleza política e institucional, para que efectivamente se logre limitar el manejo de poder que aún conserva el chavismo en nuestro país. El 6-D se reflejó en las urnas una nueva mayoría, sin embargo discrepo con aquellos que creen que ya todo está hecho. Esa mayoría es por ahora una mayoría electoral, debe transformarse efectivamente en una nueva mayoría política, que sea consistente y comprometida en el mediano y largo plazo con los postulados de la MUD. La acción del chavismo, en estas primeras de cambio, podría jugar a favor de la MUD. Los principales voceros, tales como Nicolás Maduro o Diosdado Cabello no asumieron su cuota personal en la derrota y al contrario su discurso sigue orientado al sector más radical. Ese radicalismo discursivo, que no necesariamente se traduce en acciones políticas, abre juego para que la MUD se consolide como opción, siempre y cuando logre mantener una política de unidad en medio de la diversidad de criterios que conviven en su seno. El chavismo le habla a su base de apoyo duro. Es una estrategia, sin duda. Esa base del chavismo comprometido representa entre 25 y 30 por ciento de los venezolanos que votan, y no es nada despreciable, especialmente cuando se ubica esa base de apoyo leal (por las razones que sean) incluso en medio de la más aguda crisis económica que el país ha vivido en décadas. El radicalismo discursivo de la cúpula del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) apunta a mantener cohesionado a ese sector aunque sea claramente minoritario en el contexto político actual. El chavismo controla resortes institucionales y en particular al sistema judicial incluyendo a la todopoderosa Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ). La sola derrota electoral del chavismo el 6-D no implicó, como muchos ingenuamente creían, una desbandada y cambios automáticos. Pero tampoco puede pasar por debajo de la mesa que el deseo de cambio también está presente en el mundo institucional, pese a la alineación chavista que exhiben los jerarcas. Un ejemplo de ello lo colocó sobre el tapete el jesuita Arturo Sosa cuando puso la lupa en este dato: en aquellas mesas en las que votaron sólo militares la ventaja a favor de la MUD fue mayor que la media nacional (70-30). Entendiendo que el chavismo no ha muerto, pero que está sin duda disminuido, el primer semestre de 2016 será clave para que la MUD defina estrategias. Antes que la salida anticipada de Maduro (obviamente en el marco de la Constitución) creo que la prioridad debe apuntar al Tribunal Supremo de Justicia (TSJ). No será fácil, y el chavismo puede jugar duro, como lo acaba de demostrar con el caso de los diputados de la MUD. Pero reconstituir al TSJ apegándose a la norma constitucional será un paso crucial para desmontar el poder chavista que pervive pese a la derrota electoral del 6-D.

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