El Mundo

El Congreso sintió la ola "bolsonarista" y cambió su tradicional composición

El Legislativo renovaba toda la Cámara de Diputados y dos tercios del Senado. Contra los pronósticos, el derechista cosechó muchos escaños.

Martes 09 de Octubre de 2018

El vendaval electoral que dejó a Jair Bolsonaro a las puertas de la presidencia de Brasil impactó también en el Congreso, que renovaba la totalidad de la Cámara de Diputados y dos tercios del Senado.

De un diputado a 52: el Partido Social Liberal (PSL) de Bolsonaro pasará a tener una de las bancadas más grandes en el próximo Congreso. Hasta ahora sin peso en el Congreso, el PSL tendrá a partir de enero de 2019 la segunda bancada de Diputados, sólo por detrás del Partido de los Trabajadores (PT, 56 escaños).

En las elecciones de 2014 el PSL había conseguido un sólo escaño, luego sumó otros siete por nuevas afiliaciones durante la actual legislatura, entre ellas la del propio Jair Bolsonaro, que es diputado desde 1991 y ha pasado por muchos partidos. "Estos últimos días hubo una ola proBolsonaro muy fuerte, un tsunami que afectó a la elección de mucha gente y ha dejado un Congreso más de derecha, más polarizado, más tenso", consideró Sylvio Costa, fundador de la consultora política Congresso em Foco.

El Partido Social Liberal (PSL), al que Bolsonaro se afilió en marzo pasado, pasó de 8 a 52 diputados (de un total de 513 de la Cámara, que se renovaron por completo el domingo), entre ellos su hijo Eduardo Bolsonaro, superando las expectativas de los bolsonaristas más optimistas. Eduardo es ahora el diputado más votado de la historia del país, con 1.814.443 votos. Por otro lado, su hermano Flavio consiguió un escaño en el Senado por Río de Janeiro. El PSL logró 4 escaños de un total de 81 en el Senado, de los que ahora se renovaron 54.

Los resultados contrarían las previsiones de los analistas especializados, que pronosticaban muy pocos cambios y una dificilísima gobernabilidad si Bolsonaro ganase la presidencia.

El PT de Haddad y Lula da Silva, prosigue su erosión, aunque se mantiene como principal fuerza de la Cámara. En la elección de 2014 logró 69 escaños, las deserciones lo dejaron al final de la legislatura con 61 y ahora eligió a 56. En el Senado el PT perdió 7 de sus 13 senadores.

Pero la onda expansiva del ex militar arrasó con dos fuerzas históricas del Congreso. El centrista Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB), del ex presidente Fernando Henrique Cardoso (1995-2002), pasó de 49 a 29 diputados. Y el Movimiento Democrático Brasileño (MDB), del presidente saliente Michel Temer, cayó de 51 a 33 diputados. El MDB, ex aliado de los tres gobiernos del PT y los dos de Cardoso, solía ostentar la primera bancada en Diputados.

MDB y PSDB siguen siendo, sin embargo, la primera y la segunda fuerza del Senado, donde la caída fue de menor amplitud que en Diputados porque solo renovaban 54 de sus 81 escaños.

Muchos de los diputados y senadores investigados por la Operación Lava Jato no han logrado renovar sus cargos. Solo fueron reelectos un 46 por ciento de los diputados, mucho menos que lo esperado. Los analistas especializados auguraban una tasa de renovación muy baja, como es tradición en el Congreso.

Un respaldo reforzado además por el apoyo que obtuvo de la bancada conocida como BBB (Buey, Bala y Biblia), que reúne transversalmente a los parlamentarios que defienden los intereses agropecuarios, los partidarios del porte de armas y los evangelistas. "Bolsonaro va a gobernar con los lobbys parlamentarios. Esa es la verdad. Va más allá de los partidos", declaró la semana pasada el influyente pastor evangélico Silas Malafaia, durante una transmisión en directo por Facebook junto a Bolsonaro.

En Brasil, para gobernar con un Legislativo atomizado en 30 partidos, el presidente suele recurrir a entregar cargos ministeriales o en los altos escalones del Estado a cambio de votos en el Congreso.

Esta vieja práctica sería un problema para Bolsonaro, que prometió reducir drásticamente el número de ministerios, poner militares en el gobierno y terminar con los viejos vicios del Congreso. Pero mucho más difícil sería la gobernabilidad para Haddad, que debería lidiar con un Legislativo más conservador y un gran sentimiento antipetista, que asocia al partido de Lula con la corrupción y a su sucesora Dilma Rousseff —destituida por el Congreso en 2016 y que el domingo salió cuarta al competir por una banca en el Senado— con la crisis económica.

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