El Mundo

El ataque contra la caravana de Lula dispara la violencia política en Brasil

El ex presidente finalizó una gira proselitista marcada por agresiones y disparos contra dos colectivos de su comitiva. Nadie resultó herido

Jueves 29 de Marzo de 2018

Un ataque con armas de fuego contra una comitiva en la que viajaba el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva disparó ayer el temor a la violencia política en Brasil, en un incidente ocurrido pocos días después de que una popular concejala de Río de Janeiro fuera asesinada a tiros en la calle. El incidente en torno a Lula, favorito para las elecciones presidenciales de octubre y pese a ello quizá a punto de entrar en prisión, se saldó sin mayores consecuencias, pero volvió a sacudir a un país aún conmocionado por el asesinato de la concejala Marielle Franco.

A lo largo de la gira de diez días por tres Estados (Rio Grande do Sul, Santa Catarina y Paraná), los adversarios de Lula no le dieron tregua, arrojando huevos y piedras contra sus concentraciones. Dos autobuses de la caravana proselitista de Lula fueron alcanzados en la noche del martes por hasta tres disparos mientras recorría el sur de Brasil, una región tradicionalmente conservadora en la que el mandatario izquierdista hizo frente a varias hostilidades en los últimos días. Nadie resultó herido. "Lamento lo que ocurrió con la caravana del ex presidente Lula", dijo ayer el actual presidente, el conservador Michel Temer del Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB). "Desde que asumí el gobierno vengo diciendo que necesitamos reunificar a los brasileños".

El gobernador de San Pablo y líder del centrista PSDB, Geraldo Alckmin, también se mostró consternado, entre otros políticos. "Toda forma de violencia tiene que ser condenada", escribió Alckmin, que aspira también a ser candidato presidencial el 7 de octubre. "El papel de los hombres públicos es pregonar la paz y la unión entre los brasileños. El país está cansado de la división", agregó. Las palabras de Temer y Alckmin, aliados políticos en este momento, parecían dirigidas al PT y Lula. El líder izquierdista calificó lo ocurrido el martes en Paraná como un "ataque fascista".

El PT utiliza desde hace meses una retórica que a muchos observadores les parece excesiva cuando habla de Temer y de los círculos conservadores en el poder, a los que acusa de haber dado un "golpe" con la controvertida destitución de Dilma Rousseff en 2016. La ex presidenta y antigua líder del PT tildó esta semana como "fascistas" a sus adversarios políticos y el martes recordó los tiempos de la dictadura militar (1964-1985) al hablar de los incidentes ocurridos durante la gira de Lula. El caso del ex jefe de Estado (2003-2010) divide profundamente a la sociedad brasileña desde hace meses. Muchos votantes, sobre todo de las clases medias y altas, quieren ver al ex presidente entre rejas por sus escándalos de corrupción. Al mismo tiempo, Lula es favorito en las encuestas con un hasta un 36 por ciento de los apoyos. El porcentaje, eso sí, está muy lejos del 80 por ciento de popularidad con el ex jefe de Estado se despidió del cargo ocho años atrás. Lula es el acusado más famoso de los escándalos de "Lava Jato" ("Lavado de autos"), una causa que investiga desde 2014 un enorme entramado de corrupción política en torno a la petrolera Petrobras. El ex presidente fue condenado recientemente a 12 años y un mes de cárcel y podría entrar pronto a prisión. Para gran parte de los brasileños, sin embargo, la polarización es también responsabilidad de Temer y de las fuerzas conservadoras por las maniobras con que sacaron a Rousseff del poder en 2016, acusándola de irregularidades habituales en otros gobiernos.

Escándalos e intrigas

El descrédito de la clase política por esas intrigas y por los escándalos de "Lava Jato" ha conducido también a que el segundo favorito para las presidenciales sea el radical de derechas Jair Bolsonaro, un ex militar al que muchos acusan de exacerbar verbalmente la violencia política. Bolsonaro fue el único político que no condenó con claridad lo ocurrido con Lula. "Quiso transformar Brasil en un gallinero, ahora está por ahí recibiendo huevos por donde pasa", dijo en alusión a los abucheos y ataques con huevos que sufrió el ex presidente en el sur. Muchos actores públicos le exigieron a Bolsonaro en vano que condenase lo ocurrido con Marielle Franco hace dos semanas, asesinada a tiros por desconocidos en la calle. La activista negra era una conocida crítica de la violencia policial en las favelas. A los últimos incidentes se sumó también una denuncia sobre amenazas de muerte hecha por el juez de la Corte Suprema Edson Fachin, responsable del caso "Lava Jato" en la máxima corte del país. El Supremo ordenó el martes reforzar la seguridad del juez después de que Fachin denunciara las amenazas en una entrevista. Mientras, Brasil se sigue hundiendo en las turbulencias políticas y en la incertidumbre de la cara a las elecciones de octubre.

La temporada de violencia política armada comenzó en Brasil: fue acribillada la concejal Marielle Franco en Río de Janeiro, la familia del juez de la Corte que lleva el caso Lava Jato fue amenazada de muerte y dos ómnibus de la caravana del ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva fueron baleados. Brasil asiste a la precampaña electoral de las presidenciales de octubre frente a un riesgo extremista como no ocurría desde el regreso a la democracia, algo que con los balazos contra Marielle Franco comenzó a ser comparado con la violencia del norte mexicano o la Medellín de los años 80.

El ataque contra Lula se produjo dos semanas después del caso de la concejal, aún no resuelto, en Río. "La violencia armada, que asusta a los ciudadanos en las calles brasileñas, también pasó a rondar la cúpula de la Justicia y de la elección presidencial", dijo el columnista Bernardo Mello Franco, de O Globo.La concejal del Partido Socialismo y Libertad (PSOL), opositora, al igual que Lula, fue asesinada luego de denunciar la ejecución de jóvenes en las favelas por parte de la mafia de la policía carioca. Al mismo tiempo, se opuso a la intervención militar, pero la lectura que realizan desde el gobierno de Michel Temer es que este cuasi magnicidio que impactó a nivel mundial de la activista negra y "favelada" fue un mensaje de las mafias contra la actuación del ejército en Río.El mismo martes en que la caravana de Lula era baleada con escopetas, se conocieron amenazas contra la familia del ministro del Supremo Tribunal Federal Edson Fachin, encargado de la Operación Lava Jato para personas con fueros. Fachin relató que pidió seguridad especial para su familia porque tanto él como su círculo íntimo reciben amenazas. "Las amenazas al ministro Fachin y los tiros a la caravana de Lula se suman al nuevo círculo del infierno político-judicial del país", apuntó el analista Franco.

El magistrado fue convocado al cargo de supremo por la ex presidenta Dilma Rousseff, y pese a ello se mostró contrario, por ejemplo, a aceptar el hábeas corpus que puede salvar a Lula de la cárcel el próximo miércoles.La presidenta del Partido de los Trabajadores, Gleisi Hoffmann, dijo que el ataque del martes fue "para matar a Lula".Las señales de violencia tienen que ver con las presiones cruzadas en torno a la inhabilitación de Lula como candidato y su posible detención, en un país donde la Operación anticorrupción Lava Jato ha permeado todo el debate político. Al punto que el juez Sérgio Moro, magistrado de primer instancia, pasó a opinar, también, por televisión, sobre lo que piensa que la corte debe hacer con Lula. El mismo juez, como el fiscal Deltan Dallagnol, también pidieron al Congreso medidas más firmes contra la corrupción, un reclamo de la sociedad pero que los políticos rechazan por provenir del Poder Judicial, que tradicionalmente habla por sus sentencias.

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