El apoyo de Hillary Clinton, crucial para los demócratas
Washington. — Que Barack Obama sea el primer presidente negro de Estados Unidos imponiéndose en las elecciones de noviembre al republicano John McCain depende, no por último, de una mujer: Hillary Clinton. La ventaja de Obama es demasiado ajustada tras los cinco meses de maratón preelectoral y demasiado grande es la frustración entre los seguidores de Clinton, sobre todo entre las mujeres.

Jueves 05 de Junio de 2008

Washington. — Que Barack Obama sea el primer presidente negro de Estados Unidos imponiéndose en las elecciones de noviembre al republicano John McCain depende, no por último, de una mujer: Hillary Clinton. La ventaja de Obama es demasiado ajustada tras los cinco meses de maratón preelectoral y demasiado grande es la frustración entre los seguidores de Clinton, sobre todo entre las mujeres.

Si el candidato de 46 años, atractivo para las masas, a quienes muchos ya comparan con el joven John F. Kennedy, quiere llegar a la Casa Blanca, necesita el apoyo de Clinton. La ex primera dama, de 60 años, que durante mucho tiempo se consideró favorita, ha quedado en "segundo lugar" tras las primarias del martes en Dakota del Sur y Montana, pero no es una perdedora. Y así de segura de sí misma habló en la noche electoral. Convocó a sus seguidores a Nueva York y se presentó en un atuendo azul brillante. El ambiente era de fiesta, como de una especie de triunfo secreto.

"Quiero que los 18 millones de estadounidenses que votaron por mí en las primarias sean escuchados y respetados", dijo a la multitud. Así habla una mujer que sabe que la necesitan.

La pregunta de por qué ella, que era la gran favorita, quedó por detrás de Obama, no se plantea en este marco. "¿Qué quiere Hillary?", es el interrogante del día después en Estados Unidos. Todavía no lo decidirá. Pero con su disposición a conformarse quizá con el puesto de vicepresidenta ya insinuó a los demócratas el camino a la victoria.

Pese a que en el campo de Obama existe una considerable oposición a esa solución, sobre la que ya se especula cada vez más desde hace semanas, muchos reconocen que "es la mejor opción, quizá la única oportunidad", consideraba un comentarista de la televisión CNN.

Durante mucho tiempo Hillary se mostró implacable con Obama y en la batalla lo atacó duramente: puso en duda públicamente su competencia, asegurando que ella misma sería una "mejor presidenta", apelando con franqueza a su experiencia como primera dama en la Casa Blanca. Su argumento: desde el "día uno" ella ya estaba preparada para la presidencia, dijo, calificando al mismo tiempo a Obama de "novato" sin experiencia, con lo que podría haber reducido sus posibilidades de vencer en las elecciones. Sin embargo, llamativamente, desde hacía semanas evitaba los ataques frontales y su retórica se hizo más conciliadora: el camino hacia un "acuerdo amistoso", que hace semanas muchos expertos consideraban totalmente aguado, parecía abrirse de nuevo.

Todo sea por el triunfo. Desde las filas de Obama trascendió que ya tuvieron lugar los primeros contactos. Ahora todo parece posible. El senador sabe que debe unificar el partido si quiere ganar, y Hillary es la respuesta. Expertos indican que ya en diversas ocasiones hubo presidentes que eligieron a un aspirante a la vicepresidencia al que no les unía "necesariamente un puro amor". Todo sea por el triunfo.

El problema es la magullada situación anímica interna demócrata. Sobre todo las mujeres están profundamente frustradas de que su candidata, pese a todos los laureles anticipados, no haya logrado ser la primera mujer candidata a la presidencia. Y Clinton no se cansa de destacar que en todos los Estados grandes y decisivos obtuvo más votos que Obama entre mujeres, trabajadores blancos y ancianos. Y precisamente de esos sectores depende la elección del 4 de noviembre.

Malos presagios. Las últimas encuestas alarmaron al partido, al señalar que alrededor de una quinta parte de los seguidores de Clinton negarían su apoyo a Obama e incluso votaría por su contrincante republicano McCain. En vista de los malos presagios, el primer mandamiento del partido es ahora la "reconciliación". Sin la ayuda de Clinton, a Obama se le podría escapar la victoria en las elecciones del 4 de noviembre. "El la necesita a ella más que ella a él", resumió un comentarista televisivo la difícil relación de ambos políticos. Una cosa está clara: Clinton no es una perdedora sin influencia y sin poder.