El Mundo

El aeropuerto de Bruselas comenzó a operar a 12 días de los atentados

Terrorismo en Europa. La apertura fue restringida ya que los embarques deben atravesar minuciosas medidas de seguridad en varios puestos de la aeroestación.

Lunes 04 de Abril de 2016

El aeropuerto internacional Zaventem, el principal de la capital de Bélgica, Bruselas, vivió ayer con emoción el despegue del primer vuelo de pasajeros tras los atentados del 22 de marzo que terminaron con la vida de más de diez personas y dejaron decenas de heridos, marcando la reapertura parcial de sus instalaciones y un nuevo paso hacia la vuelta a la normalidad en Bélgica.
  Hacia las 13.40 (8.40 de Argentina), un avión de Brussels Airline despegó con dirección a la ciudad portuguesa de Faro, tras recibir los honores de los servicios de bomberos y policía del aeropuerto, apostados a lo largo de la pista.
  Asistiendo a la escena, responsables del aeropuerto, dos ministros y medio centenar de empleados que rindieron un minuto de silencio antes de aplaudir.
  “Volvemos a funcionar”, dijo el presidente de Brussels Airport, Arnaud Fesit, antes de abrazar emocionado al presidente de su consejo de administración, Marc Descheemaecker.
  La mayoría de los pasajeros llegaron con bastante antelación por los fuertes controles de seguridad instalados: registros en las vías de acceso, control de equipajes antes de entrar en las instalaciones y prohibición para los acompañantes de salir del parking.
  Otros dos vuelos despegaron con destino a Atenas y Turín (Italia). Los tres aparatos volvieron por la noche a Bruselas con los primeros pasajeros autorizados a aterrizar desde los atentados.
  Estos vuelos “simbolizan la vuelta a la normalidad en nuestro aeropuerto”, dijo Feist. El centro de transporte aéreo es un pulmón de la economía belga que genera 20.000 empleos en 260 empresas, señaló el directivo.
  La zona de salidas, devastada por la doble explosión, se encuentra aún impracticable, por lo que se han instalado grandes tiendas de campaña blancas que permiten registrar a unos 800 pasajeros por hora, o sea un promedio de seis vuelos, un 20% de la capacidad habitual.
  Interrogado por los periodistas, un padre de familia que llevaba a un grupo de jóvenes que viajaban a Faro para asistir a un campamento de deporte, se mostraba optimista: “Creo que ahora es el aeropuerto mas seguro del mundo, ¿no?”, dijo con una sonrisa.
  Loukas Bassoukosm, estudiante de 20 años quien llegó con cuatro horas de antelación para tomar un vuelo a Aenas, se decía “contento” por haberse evitado un trayecto de hora y media al aeropuerto de Lieja.
  A su lado Panagiotis, que lo había acercado a Zaventem, consideraba que “hay que superar el miedo”.

Vuelo desde Argentina. A partir de hoy la actividad se irá ampliando para incluir también otras compañías aéreas, destinos más lejanos y también llegadas de aviones, entre ellos un vuelo que despegó de Buenos Aires ayer.
  Una veintena de vuelos están previstos para ese día, incluidos vuelos intercontinentales, según Brussels Airlines, al que el cierre del aeropuerto ha costado cinco millones de euros diarios.
  “Nuestro objetivo es tener la máxima capacidad disponible para las salidas de vacaciones de finales de junio y principios de julio”, afirmó Feist.
  Según los medios, el aeropuerto podría volver a operar a un 40% de su capacidad en los meses de verano en Europa, pero no podrá recuperar su plena actividad antes de final de año.
  El cierre del aeropuerto a los vuelos de pasajeros (el transporte de mercancías se reanudó rápidamente), así como las reservas canceladas tras los atentados, hicieron bajar la actividad del sector turístico. En la región de Bruselas, el índice de ocupación de los hoteles se redujo a la mitad desde el 22 de marzo, según un organismo profesional.
  La compañía estadounidense Delta Airlines, por ejemplo, anunció el domingo que suspendía su trayecto entre Bruselas y Atlanta, su principal plataforma en Estados Unidos, hasta al menos de marzo de 2017 “por la incertidumbre que sigue planeando sobre la apertura del aeropuerto y por la caída de la demanda”.
  El metro de la capital belga volvió a abrir rápidamente después de los atentados y la vida va volviendo a la normalidad, pese al incremento de policías y militares en las calles, que buscan posibles sospechosos de los atentados, especialmente al denominado “hombre del sombrero”, que en las imágenes aparece con una maleta que fue abandonada llena de explosivos en el aeropuerto.
  La apertura coincidió con la instalación de mayor cantidad de detectores de metal y de rayos X a la entrada de la terminal portuaria. Los controles se complementan en la zona de embarque con escáneres de equipajes de mano.
  El siguiente paso será comenzar los trabajos de renovación de la terminal donde tuvieron lugar dos explosiones cuando se hicieron saltar por los aires dos kamikazes. Esa renovación incluirá nuevas medidas de seguridad y una nueva arquitectura, dijo el consejero delegado.
  Los atentados de Bruselas han estado también ayer en el origen de diversas protestas que han tenido lugar en la capital belga. En la plaza de la Bolsa, la policía detuvo a varias decenas de personas, entre ellas cinco españoles, que protestaban contra los radicales xenófobos que culpan a la comunidad musulmana de los atentados, informó la cadena RTBF. Lo detenidos ya han sido liberados.
  Las concentraciones y protestas estaban prohibidas ayer en toda Bruselas a raíz de que el grupo francés de extrema derecha Generación Identitaria convocase una manifestación de rechazo al islam en el distrito bruselense de Molenbeek, uno de los diecinueve municipios de la Región de Bruselas-Capital, donde reside un alto número de musulmanes.
  En Molenbeek hubo un fuerte despliegue policial pese a que la concentración de extrema derecha había sido prohibida y a que los organizadores habían cancelado la protesta. A primera hora de la tarde el ambiente era tenso pero sin incidentes y solo se produjeron dos detenciones de dos extremistas de derecha que se encontraban en un coche y estaban en posesión de armas prohibidas y de cócteles molotov.
  Sin embargo, a medida que avanzó la jornada la situación se fue complicando y unas 400 personas se llegaron a concentrar en las cercanías de la plaza del Ayuntamiento de Molenbeek.
  Poco después, un vehículo entró por las calles cercanas en la plaza a toda velocidad portando una bengala y arrolló a una mujer, que tuvo que ser trasladada en ambulancia.
  La alcaldesa de Molenbeek, Françoise Schepmans, explicó que la manifestación de extrema derecha bajo el eslogan “Cacemos al islamista” era sobre todo una “provocación”.

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