El Mundo

Ejecuciones, azotes y terror: la vida diaria bajo el poder del Estado Islámico

Cuando los combatientes del grupo Estado Islámico (EI) irrumpieron en la localidad iraquí de Eski Mosul, Abdulá Ibrahim supo que su mujer estaba en problemas.

Domingo 21 de Junio de 2015

Cuando los combatientes del grupo Estado Islámico (EI) irrumpieron en la localidad iraquí de Eski Mosul, Abdulá Ibrahim supo que su mujer estaba en problemas. Buthaina Ibrahim era una firme defensora de los derechos humanos que en su día se presentó al consejo provincial de Mosul. Los de Estado Islámico le exigieron solicitar una "tarjeta de arrepentimiento''. Bajo su mando, todos los ex policías, soldados y personas cuyas actividades son consideradas "heréticas'' deben firmar la tarjeta y llevarla todo el tiempo.

"Ella dijo que nunca había caído tan bajo'', cuenta su marido. Buthaina Ibrahim se quedó sola en su desafío al Estado Islámico. Y le costó muy caro. El "califato'' declarado hace un año exige obediencia. Un incontable número de personas han sido asesinadas porque eran consideradas peligrosas o no lo suficientemente "piadosas". Entre cinco y ocho millones de personas soportan un régimen que ha puesto sus vidas patas arriba, ampliando su control a cada aspecto de sus vidas para hacer cumplir su propia interpretación de la ley islámica Sharia (un conjunto de normas compiladas en la Edad Media).

Olor a cigarrillo. El territorio del Estado Islámico es un lugar donde los hombres se bañan en colonia para esconder el olor a cigarrillo, que está prohibido; donde los taxistas y conductores suelen sintonizar la radio de EI, ya que escuchar música puede acarrearles 10 latigazos; donde las mujeres deben estar completamente cubiertas, vestidas de negro y con zapatos planos; donde los negocios deben cerrar a la hora del rezo (cinco veces diarias), y todo el mundo que esté al aire libre en ese momento debe asistir al acto religioso islámico.

No hay una salida segura. La gente se desvanece, su desaparición se explica a veces por un certificado de defunción poco claro, o peor, con un video sobre su decapitación. "La gente los odia, pero han perdido la esperanza y no ven que nadie los apoye si se levantan en su contra'', lamenta un sirio de 28 años que pidió ser identificado solo por el apodo que utiliza para el activismo político, Adnan, para proteger a su familia, que sigue viviendo bajo el dominio de EI. "La gente siente que nadie está con ella''.

La Associated Press (AP) entrevistó a más de 20 iraquíes y sirios que describieron la vida bajo el yugo de los extremistas. Un equipo de la AP viajó a Eski Mosul, un pueblo a orillas del Tigris y al norte de Mosul, donde los residentes pasaron casi siete meses gobernados por EI hasta que combatientes kurdos expulsaron a la milicia islámica en enero. Fuerzas insurgentes siguen atrincheradas a unos cuantos kilómetros, tan cerca que se puede ver el humo de los combates del frente. Otro equipo de AP viajó a las localidades fronterizas turcas de Gaziantep y Sanliurfa, refugio de sirios que han huido de territorios regidos por EI. La imagen que dibujan sugiere que el "califato'' del Estado Islámico ha evolucionado a un pseudo Estado arraigado, basado en la burocracia del terror. Los entrevistados proporcionaron documentos producidos por la maquinaria de gobierno de EI, como las "tarjetas de arrepentimiento", listas de las armas de los combatientes locales, folletos explicando las normas de vestimenta de las mujeres o impresos para solicitar permiso para viajar fuera del territorio de EI. Todos ellos, ornamentados con la bandera negra de EI y su lema "Califato bajo el camino del profeta''.

Cambios brutales.PUNCTUATION_SPACEAdnan describió la transformación sufrida por la ciudad siria de Raqqa tras la llegada del Estado Islámico en enero de 2014. Para entonces él había huido, pero tras meses añorando a su familia el joven de 28 años regresó para ver si podía superar vivir bajo el control de los extremistas. Pasó menos de un año en la ciudad, que ahora es la capital de facto del grupo. La que en su día fuera una capital provincial colorida y cosmopolita se ha transformado: ahora, mujeres envueltas en negro de pies a cabeza corren al mercado antes de regresar rápido a sus hogares. Las familias suelen quedarse en casa para evitar cualquier contacto con los comités "Hisba'', los temibles encargados de hacer cumplir las innumerables normas de EI. Los milicianos convirtieron un estadio de fútbol en cárcel y centro de interrogatorios, conocido como "Punto 11''. La plaza central de la ciudad es conocida como "Jaheem'', Infierno, un lugar de ejecuciones donde Adnan dice haber visto los cadáveres de tres hombres colgados durante días como advertencia. Miembros armados de la "Hisba" patrullaban las calles en vehículos 4x4 y vistiendo pantalones anchos y largas "chilabas" de estilo afgano. Olfatean a la gente para detectar rastro de cigarrillos y castigan a mujeres que consideran cubiertas de forma inapropiada y a hombres que visten ropas o llevan cortes de pelo de estilo occidental. Adnan recibió 10 latigazos por escuchar música en su auto.

Certificado fatal.PUNCTUATION_SPACEEn este mundo, Buthaina Ibrahim estaba claramente en peligro. Su esposo intentó salvar a su mujer enviándola a un lugar seguro, pero regresó porque extrañaba a sus cinco hijos. A principios de octubre los islamistas rodearon su casa y la sacaron a rastras. Poco después Ibrahim recibió el certificado de defunción. Una simple hoja de papel de un tribunal islámico con la firma de un juez, que certificó el fallecimiento de Buthaina y nada más. No tiene idea de dónde está su cuerpo. Los kurdos liberaron Eski Mosul, pero Ibrahim guarda el certificado de defunción como un vínculo con su esposa. YEN_SPACEun ex soldado, Salim Ahmed, guarda su "tarjeta de arrepentimiento". El EI se fue, pero el miedo que le inculcó sigue con él. "Un día podrían volver y pedirme mi tarjeta de arrepentimiento".

Derrota estratégica del grupo yihadista en Siria

Los sirios de la ciudad de Tall Abyad, que habían huido a Turquía, empezaron a volver después de que combatientes kurdos expulsaran a los yihadistas del Estado Islámico (EI). En la ciudad, donde ya no se escucha el ruido de las armas, los combatientes kurdos se dedican a desactivar las minas y los cochebomba abandonados por los yihadistas del Estado Islámico.

La caída de Tall Abyad constituye una brutal derrota para el grupo islámico, que pierde uno de sus principales puntos de paso en la frontera turca para el tránsito de armas y combatientes. Desde la mañana, unos 200 hombres, mujeres y niños llevando pocas valijas, se aglutinan en el puesto fronterizo de Akcakale con la intención de volver a su ciudad, constató un periodista de AFP. Tall Abyad, en manos de los yihadistas desde hacía más de un año, fue conquistada el pasado martes por las kurdas Unidades de Protección Popular (YPG), apoyadas por bombardeos aéreos de Estados Unidos y grupos rebeldes sirios. La batalla provocó desde el inicio de junio el éxodo de más de 23.000 personas hacia Turquía.

Antes del inicio de la guerra civil siria en marzo de 2011, el distrito de Tall Abyad contaba 130.000 habitantes, dos tercios de los cuales árabes y un tercio kurdos, estima el geógrafo francés especialista en Siria Fabrice Balanche. Las pocas familias cristianas que había huyeron de la ciudad en 2012, antes de los kurdos, que la abandonaron en 2013 tras la derrota de las YPG ante los terroristas. Desde ese momento en Tell Abyad sólo quedaron habitantes de confesión islamica sunita, según Balanche. "Vuelvo. Dejé a mi marido allá", dice Fahriye, una refugiada de unos 40 años."Pero sigo teniendo miedo de las bombas y temo también el retorno de EI".

"Queremos pasar el santo del Ramadán en nuestro país. Estamos felices" dijo Mahmud, un momento antes de franquear las barreras que separan Turquía de su país. En Tall Abyad, los vencedores hicieron todo lo posible para que la ciudad recobre una vida normal antes del Ramadán, que comenzó el jueves.

"Las operaciones militares terminaron y la ciudad está segura.El horno municipal ya está funcionando desde ayer y pudimos distribuir pan a los residentes que vuelven", destacó Sherfan Darwich, portavoz del grupo Burkan al Furat, aliado de las YPG kurdas.

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