Viernes 26 de Febrero de 2021
Un informe de la inteligencia de Estados Unidos, desclasificado este viernes por Washington, concluye que el príncipe heredero y gobernante de hecho, Mohamed bin Salman, aprobó el plan para capturar o matar al periodista Jamal Khashoggi, que fue asesinado y descuartizado en 2018 en el consulado saudí en Estambul.
El informe se conoce al día siguiente de que el presidente estadounidense, Joe Biden, hablara por teléfono con el rey Salman, a quien mostró su intención de trabajar por una relación bilateral «lo más fuerte y transparente posible», según el comunicado de la Casa Blanca. También subrayó su defensa de los derechos humanos, si bien la nota oficial no menciona el nombre de Khashoggi.
"Evaluamos que el príncipe heredero de Arabia Saudita, Muhammad bin Salman, aprobó una operación en Estambul, Turquía, para capturar o matar al periodista saudita Jamal Khashoggi", dice la Oficina del Director de Inteligencia Nacional de Estados Unidos en el informe publicado en su sitio web.
"Basamos esta evaluación en el control que ejerce el príncipe heredero sobre la toma de decisiones en el Reino, la participación directa de un asesor clave y de miembros del destacamento de protección de Muhammad bin Salman en la operación, y el apoyo del príncipe heredero al uso de medidas violentas para silenciar a los disidentes en el extranjero, incluido Khashoggi", añadió.
Ya en 2019 se conoció que un informe de la CIA concluía que el príncipe Bin Salman era el responsable último de la muerte del periodista, que escribía una columna en el diario ‘The Washington Post’. Asimismo, una investigación de la ONU estableció que el asesinato de Khashoggi fue resultado de «un plan elaborado» y «premeditado» bajo supervisión de altos cargos de la corona saudita, y apuntaba la responsabilidad de Bin Salman.
Una de las primeras decisiones diplomáticas del nuevo Gobierno de Estados Unidos ha sido suspender la venta de armas a Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita, autorizada por Donald Trump.
Con Biden, el Departamento de Estado ordenó suspender temporalmente la venta de cazas F-35 a Emiratos Árabes Unidos y bombas de precisión a Arabia Saudita. La diplomacia norteamericana alegó que esa suspensión es «rutinaria» y obedece simplemente a la necesidad de respetar los principios de «transparencia y buena gobernanza».
El nuevo secretario de Estado, Antony Blinken, dijo a la prensa que Biden tiene la intención de respetar esos acuerdos. Pero añadió: «también estamos tratando de averiguar qué promesas se hicieron para alcanzar esos acuerdos».
Al desclasificar el informe sobre Khashoggi, Biden revirtió la negativa de su predecesor Donald Trump, a publicarlo, lo que refleja una nueva voluntad de Estados Unidos de desafiar al reino saudita en cuestiones que van desde los derechos humanos hasta la guerra civil en Yemen.
Sin embargo, Biden está pisando una línea muy fina para preservar los lazos con el reino. Por un lado busca revivir el acuerdo nuclear de 2015 con Irán, el archirrival de Arabia y sus aliados en la región; a la vez, Biden busca mantener una política de firmeza frente a Irán y Siria, como demostró la noche del jueves al ordenar el bombardeo de una posición de milicias shiítas financiadas por Irán en Siria.
A su vez Biden desea mantener el histórico avance que logró Trump en los lazos árabe-israelíes. En 2020, países árabes, algunos de primera línea, firmaron acuerdos de paz y reconocimiento oficial con Israel. Emiratos Arabes, Marruecos, Bahrein y Sudán figuran en la lista. Pero ahora Biden pone en peligro ese avance al bloquear la venta de armas. Y sobre todo la pone en peligro al volver al acuerdo nuclear con Irán. Esta es una condición que Israel exigía para ser parte de ese proceso diplomático.
La venta de armas
El 19 de enero de este año, un día antes de la toma de posesión de Joe Biden, el Gobierno saliente firmó permisos para la venta de armamento por valor de 23.000 millones de dólares a Emiratos Árabes, incluidos 50 cazas de 5a generación F-35. Este acuerdo se cerró de modo informal en 2020, cuando Emiratos aceptó establecer relaciones diplomáticas con Israel, parte clave de los esfuerzos para unificar la región contra Irán.
Aunque la venta de armamento de EEUU a Emiratos Árabes es mucho más cuantiosa, el acuerdo con Arabia Saudita ha sido mucho más polémico, porque supone el envío de 500 millones de dólares de materiales necesarios para ensamblar bombas de precisión láser.
Tanto Arabia Saudita como Emiratos Arabes son socios en la coalición que se enfrenta a Irán por el control de Yemen, nación sumida en una dura guerra civil. El golpe que dio origen a la guerra civil lo impulsó Irán, que respalda y arma a la facción hutí, que pertenece a la rama shiíta del Islam, la que lidera Teherán. Ambos países árabes han empleado armamento comprado en EEUU para bombardeos en zonas controladas por los hutíes, y en esas operaciones hubo numerosas bajas civiles. Del otro lado hacen lo mismo, y los bombardeos hutíes con cohetes pesados iraníes también causan múltiples bajas civiles.
Trump decidió dar un giro a la política exterior tradicional de su país respecto al Golfo Pérsico y sacó a EEUU del acuerdo nuclear con Irán. Esta era una vieja petición de Israel, cuyo Gobierno fue un estrecho aliado de Trump. Así, el Estado judío firmó después la paz con varios países árabes, incluidos Emiratos Árabes, Bahrein, Sudán y, más recientemente, Marruecos.