El Mundo

Ecuador jubiló a Correa y se alejó del peligro bolivariano

El veloz ocaso del "socialismo del siglo XXI". El referendo del 4 de febrero fue el empujón final.

Lunes 12 de Febrero de 2018

El referendo de Ecuador del pasado domingo 4 de febrero fue realmente peculiar: siete preguntas, algunas de gran complejidad. Cinco en una sección, de alcance constitucional, y dos más de legislación ordinaria. Con ese raro artefacto, Lenín Moreno jubiló al insoportable Rafael Correa. Y con él, a todo amague de retorno del modelo "bolivariano" en Ecuador. La victoria de Lenín también contribuye a circunscribir la patología bolivariana a la pobre Venezuela.

Moreno tuvo el tiempo y la oportunidad inmejorable para estudiar al correísmo. Fue el vice de Correa durante casi toda la década de "reinado" del volcánico economista. Pero en 2013 desechó continuar en ese cargo y fue invitado por la ONU a ocupar un puesto relacionado con la protección de los discapacitados motrices como él (perdió el uso de las piernas al ser baleado durante un asalto). Volvió el año pasado, para ser candidato presidencial del oficialismo y venció en un ajustado ballottage al opositor de derecha Guillermo Lasso. Pero tenía un plan muy claro en su cabeza. Sacarse de encima al abrumador Correa. Ya había empezado a despegarse en la campaña, prometiendo terminar con abusos, amenazas y leyes de prensa dignas de las peores dictaduras. Las respuestas de Correa no se hicieron esperar, y ambos se distanciaron definitivamente. Desde la misma noche de la victoria, Moreno prometió ser muy diferente y abrir la casa de gobierno a los opositores. Su discurso de unidad y diversidad fue un calmante muy necesario para una sociedad agobiada por una década de gritos, insultos y "cadenas" interminables del siempre enojado Correa.

Claramente, el avance de los "socialismos del siglo XXI" tiene que ver con las tipologías personales, con las idiosincracias autoritarias, paranoides y totalmente intolerantes a la crítica y la independencia de criterio. Correa, Maduro, Chávez, Cristina —en la versión rioplatense y peronista del fenómeno—, dan cuenta de esta psicología del caudillismo.Esos rasgos, como ocurrió con Cristina, se vuelven disfuncionales a toda estrategia política y sus portadores caen finalmente en desgracia. Por cansancio y, también, por miedo.

Lenín, en su operación de poda y limpieza, fue un paso más allá y metió preso a su vicepresidente, un incondicional de Correa, Jorge Glas. El hombre había hecho negocios con Odebrecht, así que fue fácil defenestrarlo. Correa, quien volvió desde su autoexilio en Bélgica para dirigir la fallida campaña del "No", ahora debe dar cuentas en otro expediente, siempre por negocios vidriosos. El éxito electoral de Moreno, junto con el desastre humano y ya no solo económico en Venezuela, parecen sellar el fin de la experiencia bolivariana. Por si hiciera falta, en 2017 Venezuela transitó a fuerza de muertos, presos políticos y récord de exiliados desde una democracia encorsetada a una dictadura institucionalizada. La única defensa que ensayan los chavistas locales y regionales de la dictadura de Maduro y sus generales asesinos es bien modesta: el silencio.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

script type="text/javascript"> window._taboola = window._taboola || []; _taboola.push({flush: true});