El Mundo

Dos realidades distintas del gigante sudamericano

Celebrado durante años por la lucha contra la corrupción política, el juez Sergio Moro empieza a estar cada vez más en los focos públicos por las críticas que lo acusan de haber actuado con motivaciones políticas en su tribunal.

Viernes 02 de Noviembre de 2018

Celebrado durante años por la lucha contra la corrupción política, el juez Sergio Moro empieza a estar cada vez más en los focos públicos por las críticas que lo acusan de haber actuado con motivaciones políticas en su tribunal. Moro les dio ayer argumentos a sus detractores al aceptar una invitación de Jair Bolsonaro para ser su ministro de Justicia a partir del 1º de enero de 2019. El magistrado de primera instancia en un tribunal de provincias en Curitiba, sur de Brasil, era casi desconocido hasta hace unos años. Su nombre saltó a la fama cuando mandó a detener en 2016 a Lula para llevarlo a declarar de forma forzosa ante un tribunal.

En los próximos dos años, el juez se convirtió en el gran antagonista del ex jefe de Estado (2003-2010), considerado el artífice del despegue económico de Brasil en la década pasada y elogiado por sacar a millones de personas de la pobreza. En abril de este año, Moro desmontó el mito del ícono de la izquierda brasileña al ordenar su prisión por cargos de corrupción pasiva y lavado de dinero. El juez condenó a Lula a nueve años y medio de cárcel a mediados de 2017, tras declararlo culpable de aceptar la reforma de un departamento para favorecer a la constructora OAS en sus negocios con la petrolera Petrobras. Un tribunal de apelación subió en enero último la pena a 12 años. juez comandaba hasta ahora las principales investigaciones de la megacausa "Lava Jato". La operación puso en jaque a gran parte de las viejas élites políticas del Brasil.

Lula y Moro encarnan dos realidades distintas y sus figuras representan, en cierta forma, las dos visiones políticas opuestas que se enfrentaron en la reciente elección presidencial. Mientras Moro proviene de la clase media del sureño Estado de Paraná, una de las zonas más ricas de Brasil, Lula nació como hijo de campesinos en la empobrecida región noreste de Brasil. El jurista de 46 años y de voz pausada es usualmente reacio a los focos públicos, a diferencia del carismático Lula, un ex líder sindical de 72 años que fue obrero metalúrgico en San Pablo antes de empezar su meteórica carrera política en los 80. Popular sobre todo en círculos conservadores, el juez tiene fama de implacable y de no tener miedo a sentar a los poderosos en el banquillo de los acusados. Moro, sin embargo, es también objeto de crecientes críticas tanto en Brasil como a nivel internacional. En marzo de 2016, abogados de Lula lo acusaron de abuso de autoridad por ordenar la conducción forzosa de Lula para declarar ante un tribunal, sin enviarle una citación previa. Juristas criticaron además la dureza de su sentencia contra Lula, así como la supuesta debilidad de las pruebas presentadas en su contra. En la campaña, Moro generó críticas por publicar material sobre los casos de corrupción del PT, mantenido bajo secreto judicial durante más de un año, justo días antes de los comicios.

Con el inicio oficial de su carrera política, Moro afrontará más reproches por sus anteriores decisiones judiciales.

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