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Dilma reitera denuncias y el Senado trata su destitución

Dura crisis política en Brasil. La presidenta se defendió de las acusaciones ante la prensa extranjera: "No hay pruebas de que yo haya cometido actos ilegales", afirmó la mandataria de Brasil.

Miércoles 20 de Abril de 2016

El pedido de impeachment contra la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, fue leído ayer en el Senado, punto de partida de las deliberaciones que podrían terminar con su mandato a mediados de mayo. Anoche, los senadores definieron un posible cronograma de trabajo que desemboca en una votación inicial en el plenario en torno a mediados de mayo, cuando se definiría si Rousseff es formalmente acusada y sometida a un juicio de destitución o el caso queda enterrado definitivamente. El viernes, los partidos designarán los senadores que integrarán una comisión de 21 miembros que analizará la acusación y entre lunes y miércoles de la semana próxima comenzarán los trabajos hasta la votación para admitir o no el pedido.

Rousseff volvió a defenderse ayer durante un encuentro con la prensa extranjera, donde denunció que la oposición busca desestabilizarla desde que fue reelecta en 2014 y calificó de "gravísima aventura golpista" al gobierno que prepara el vicepresidente Michael Temer en caso de que ella sea destituida. "Esto es un golpe porque no hay pruebas de que yo haya cometido actos ilegales", dijo. El mandato de esta economista de 68 años está previsto hasta fines de 2018, pero quedó colgado de un delgado hilo tras la derrota del domingo en la Cámara baja.

"Mi segundo mandato, del que van 15 meses, tiene el signo de la desestabilización política (...). Es gravísima la aventura golpista, porque llevó a una situación de rabia, de odio, de persecución", señaló.

La primera mujer en presidir Brasil denuncia que es víctima de un complot que no la dejó gobernar tras ganar por apenas 3,2 por ciento un segundo período y afirmó que los cargos de que manipuló las cuentas públicas son "un fraude político". "Esto no es un proceso de impeachment, sino un intento de elección indirecta por parte de un grupo que de otro modo no tendría las condiciones de hacerse elegir. Esto no traerá estabilidad política al país. ¿Por qué no trae estabilidad política al país? Porque rompe la base de la democracia", afirmó Rousseff.

En su presentación repasó la saga política que la dejó contra las cuerdas, partiendo desde cuando la oposición pidió recontar los votos tras la elección, hasta la seguidilla de derrotas que sufrió su programa de gobierno en el Congreso el año pasado, iniciativas que, según dijo, buscaban sacar a Brasil de la recesión. Subrayó que no existe ninguna investigación por corrupción en su contra, en momentos en que muchos políticos son salpicados por un escandaloso fraude en Petrobras.

Rousseff acusó ayer nuevamente de golpista a Temer, de quien dijo que intentó vender "terrenos en la Luna" a los brasileños y ofrecer un plan económico para el sector empresario sin tener en cuenta los planes sociales y a la parte más vulnerable de la población. La presidenta tampoco ahorró dardos para el presidente de la Cámara baja, Eduardo Cunha, del mismo partido que Temer, a quien responsabiliza de haber aceptado el pedido de impeachment por "explícita venganza" luego de que el PT decidiera apoyar una investigación por corrupción en su contra. Dilma volvió a mostrarse desafiante y dijo que resistirá hasta el final. Ahora, el Senado toma la palabra, y según los sondeos, la oposición ya tiene los votos para rediseñar el mapa político de Brasil.

Preocupación de Argentina

El jefe de Gabinete argentino, Marcos Peña, afirmó que el gobierno sigue con “preocupación” la crisis de Brasil, y que el presidente Mauricio Macri habló “el fin de semana” con su par Dilma Rousseff. En ese marco, advirtió que “cada uno tendrá su opinión política” sobre lo que ocurre en el vecino país, pero el gobierno nacional tiene “un profundo respeto por la independencia y la autonomía del proceso político en Brasil”.

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