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Dilma: "No me voy a paralizar, voy a luchar como en toda la vida"

La presidenta brasileña apuntó contra su vicepresidente, Michel Temer, a quien acusó de llevar adelante un golpe de Estado. Dilma Rousseff dijo que está “indignada” por el proceso de destitución en su contra.  

Martes 19 de Abril de 2016

La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, dijo ayer estar "indignada" por el proceso de destitución en su contra votado el domingo por la Cámara de Diputados y anunció que peleará hasta el final para evitar que el Senado lo apruebe.

"No me dejaré abatir, no me voy a paralizar por esto, voy a continuar luchando como lo hice toda la vida", anunció Rousseff en una rueda de prensa en el palacio de Planalto, en Brasilia, en su primera reacción pública después de la derrota sufrida en la Cámara baja.

"Tengo fuerza, ánimo y coraje para enfrentar la injusticia. Recibí 54 millones de votos y me siento indignada por la decisión" de la Cámara, proclamó la presidenta del Partido de los Trabajadores (PT, izquierda), acusada de ocultar la magnitud de los déficits públicos.

Rousseff apuntó contra la oposición y también contra su propio vicepresidente, Michel Temer. "No se puede pedir un proceso de impeachment o destitución ya que esto es una tentativa de elección indirecta que ocurre porque quienes quieren llegar al poder no tienen los votos para hacerlo", lanzó. Y agregó: "Es injusto que el vicepresidente conspire contra la presidenta de la república abiertamente, en ninguna democracia en el mundo esto ocurre".

"El mundo y la historia nos observa, tengo la fortaleza suficiente para enfrentarme a este juicio y a esta injusticia, pero tengo valentía y no voy a desalentarme, voy a seguir luchando", dijo la mandataria brasileña.

"De cierta forma estoy teniendo mis sueños torturados, mi derecho torturado", dijo con voz emocionada la ex guerrillera, quien fue presa política y torturada en la década de los 70, durante la dictadura militar (1964-1985).

"No van a matar en mí la esperanza porque sé que la democracia es siempre el lado correcto de la historia", dijo Rousseff, un tanto demacrada y hablando en tono más pausado de lo habitual.

Fue el primer pronunciamiento público de la mandataria tras la estrepitosa derrota sufrida por el Gobierno el domingo, cuando obtuvo 137 votos, en un total de 511 presentes en sala, en contra de su enjuiciamiento. A favor del juicio político, cuya apertura o no será decidida en el Senado, votaron 367 diputados.

"No hay en mi contra una acusación de desvío de dinero público, o de tener dinero en el exterior. Por eso creo que (el pedido de impeachment) es una injusticia. Personas con cuentas en el exterior presiden la sesión de una cuestión tan grave", zanjó Rousseff, en referencia al presidente de la Cámara de Diputados, Eduardo Cunha, investigado por corrupción.

Se acusa a Rousseff de violar la ley de responsabilidad fiscal por haber practicado maniobras contables.

Esas maniobras consistieron, básicamente, en que su Gobierno retrasó la transferencia a los bancos públicos de recursos destinados a pagar beneficios sociales. Como los bancos cumplieron con esos pagos, se configuró una especie de préstamo al Estado, lo que es irregular.

También se la acusa de haber abierto líneas de crédito complementarias, que son una suerte de gastos extras del Gobierno que no están contemplados en el presupuesto anual, sin pedir autorización al Congreso.

En tal sentido, dijo que varios presidentes que la precedieron utilizaron esas maniobras y que a ninguno se le abrió un proceso por esa razón.

"Los actos por los cuales me acusan fueron practicados por otros presidentes antes que yo y no se caracterizaron como ilegales o delictivos. Fueron prácticas basadas en informes técnicos. Ninguno de ellos me benefició personalmente", aclaró.

Poco antes, Cunha había transmitido a su par en el Senado, Renan Calheiros, el informe que recomienda el impeachment de Rousseff.

Corresponde ahora al Senado someter a votación plenaria la apertura de un juicio de impeachment de Rousseff. "La estimación es que esa definición ocurra hacia el 11 de mayo", indicó la estatal Agencia Brasil.

Si el juicio se instala, Rousseff sería separada transitoriamente del cargo y sustituida por Temer, a la espera de que los propios senadores declaren en un plazo máximo de 180 días a Rousseff culpable o inocente.

En la primera hipótesis, Temer concluiría el mandato hasta fines de 2018.

Según encuestas, la oposición ya cuenta con la mayoría simple del Senado (de 81 escaños en total) necesaria para hacer avanzar el proceso.

Cunha ya había anticipado que llevaría el informe personalmente para acelerar el desenlace de una saga que paraliza a la principal economía latinoamericana, golpeada por la recesión.

Las presiones sobre el Senado para dar el empujón final a Rousseff venían también de sectores productivos. "Llamamos al Senado Federal a dar seguimiento a las acciones emprendidas hasta ahora, en el sentido de avanzar en los cambios deseados por la sociedad", afirmó la Confederación Nacional de Agricultura (CNA) en un comunicado.

Pero Calheiros advirtió que se atendría a las disposiciones de la Constitución. "Nos piden agilizar el proceso. Pero no podemos agilizarlo y que parezca un atropello", declaró. "Garantizaremos el proceso legal, los plazos de la defensa y tomaremos siempre en consideración la Constitución federal", subrayó.

"Es un golpe". La bancada del PT en la Cámara de Diputados denunció ayer una tentativa de "golpe de Estado liderado por Temer y por Cunha, con apoyo de medios financieros y empresariales que quieren mermar los derechos económicos, sociales y laborales del pueblo brasileño".

Brasil se encuentra en una situación de incertidumbre a menos de cuatro meses de la inauguración de los Juegos Olímpicos de Rio, con una presidenta al borde de la destitución. En tanto que Temer, acusado por Rousseff de "traidor", prosigue sus contactos para formar un nuevo gobierno.

La presidenta Rousseff, en la rueda de prensa en Brasilia, también repasó lo que fue su segundo mandato, que asumió el 1 de enero de 2015, hasta ahora. Dijo que durante ese tiempo fue víctima de lo que llamó el "cuanto peor, mejor".

"Peor para Brasil, para mi Gobierno; mejor para la oposición. Y lo practican por medio de la «agenda-bomba»", afirmó. La "agenda bomba" es el nombre que se le dio a una serie de medidas impulsadas por el Congreso el año pasado, que le ocasionaron millonarias pérdidas al Estado. Esas medidas fueron aprobadas en el momento en que las relaciones entre el Ejecutivo y el Legislativo atravesaban uno de los momentos más críticos.

"Me siento víctima de una injusticia porque no me permitieron gobernar en un clima de estabilidad política", acusó.

Rousseff afirmó además que espera que el Supremo Tribunal Federal (STF) desbloquee esta semana la designación de su predecesor y mentor, Luiz Inacio Lula da Silva, para ocupar el cargo de ministro jefe de gabinete.

Un magistrado la había paralizado por sospechar que el nombramiento obedecía a una estratagema para poner a Lula al abrigo de la justicia ordinaria, que investiga si obtuvo beneficios de la red de corrupción de Petrobras.Pero aun así, el ex sindicalista puso en juego todo lo que le queda de poder para frenar el impeachment.

Insólito gesto de honestidad

Al votar el domingo a favor del impeachment, la diputada Raquel Muniz usó a su esposo, Ruy Muniz, alcalde de Montes Claros (Minas Gerais), como un ejemplo para el país. Todo bien, sólo que el alcalde ayer fue arrestado por “buscar inviabilizar la existencia y funcionamiento de los hospitales públicos para favorecer a una clínica privada” supuestamente de su propiedad y gerenciada por familiares y otros socios económicos, según un comunicado del cuerpo policial.

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