El Mundo

Desastre ecológico: Roma afronta un posible racionamiento de agua por la sequía

El gobierno regional cerró la captación de agua del lago de Bracciano. El Vaticano corta el suministro a todas sus fuentes

Miércoles 26 de Julio de 2017

Italia registra una de las sequías más graves de su historia reciente: Diez regiones reclaman el estado de calamidad natural, el campo denuncia daños considerables, Roma planea racionar el agua corriente y el Vaticano corta el suministro a sus fuentes. "Increíble. Como durante la Segunda Guerra Mundial, cuando en el verano de 1944 asignaban un litro de agua por persona", ironiza Mario Tozzi, conocido geólogo italiano y autor de numerosos estudios y programas de TV dedicados a la emergencia hídrica.

La emergencia que azota a la península italiana es el fruto de una temporada particularmente seca. Según los cálculos oficiales, Italia perdió en los últimos seis meses el equivalente de 20.000 millones de metros cúbicos de agua, algo tan grande como el lago de Como, al norte de Italia. Desde principios de año, las temperaturas medias subieron de 0,9 grados por encima de la norma. Para agencias de meteorología, Italia vivió la segunda temporada más seca de los últimos 60 años y dejó de recibir el 33 por ciento menos de lluvias con respecto a los años anteriores. Debido a la sequía, el Vaticano decidió cortar el agua a todas las fuentes, tanto a las dos externas renacentistas en medio de la plaza de San Pedro, como a las internas, que adornan los jardines.

Barata y malgastada

"El problema no son las fuentes abiertas, el problema es el uso desconsiderado que se hace del agua (...) el hecho de que se malgasta, como ocurre con la agricultura", dice Tozzi. Pese a que el ministro del Medio Ambiente, Gian Luca Galletti, desea evitar todo alarmismo, las pérdidas en el sector agrícola y ganadero superan los 2.000 millones de euros. La situación del río Po, el más largo de Italia, del que depende el 35 por ciento de la producción agrícola nacional, es preocupante. Su nivel bajó 50 centímetros en comparación con 2016 en el mismo período, según Coldiretti, el mayor sindicato agrícola del país. La producción de cereales se redujo 30 por ciento en Lombardía, los viñedos sufrieron en el noreste, al igual que los olivos en Pullas y Calabria así como los tomates y frutas en Emilia-Romaña.

En Sicilia se triplicó el costo de la irrigación y en Cerdeña miles de pequeñas empresas se quedaron sin agua. En total, diez de las 20 regiones italianas pidieron que se declare zona de desastre natural, lo que implica la suspensión del pago de impuestos para agricultores y el acceso a un fondo de compensación. Para algunos expertos no se trata sólo de los efectos del cambio climático sino también del mal mantenimiento del sistema hídrico y de los abusos, entre ellos crear campos de golf en tierras desérticas o adornar residencias con prados a la inglesa. "El agua en Italia es muy económica, debería costar más", sostiene Tozzi.

Si Italia está sin agua, Roma está sedienta. Ante el riesgo de un "desastre ecológico", el presidente de la región Lazio, Nicola Zingaretti, cerró la captación de agua del lago de Bracciano, a 30 kilómetros al norte de la capital, que contribuye al 8 por ciento del suministro de agua. "Tener agua en los grifos es un derecho, pero tenemos que hacer frente a un gran problema que es la sequía. Me gustaría invitar a venir a Donald Trump para hacerle entender lo que significa respetar los acuerdos sobre el clima", apuntó Zingaretti sobre la negativa del presidente de EEUU a firmar el Pacto de París sobre cambio climático. El lago de Bracciano, verdadera reserva hídrica, con su apacible ambiente y sus aguas transparentes, se vació, sus playas resultan más anchas, con charcos, todo menos atractivo. "O dejan de extraer agua de Bracciano o hay que racionar el agua de Roma", advierte Paolo Saccani, de la empresa de acueducto de la capital.

La controvertida alcaldesa Virginia Raggi, del partido antisistema Movimiento Cinco Estrellas, deberá tomar una decisión para evitar los recortes de agua a cerca la mitad de los 3 millones de habitantes de la Ciudad Eterna. Una decisión difícil, que le puede costar muchos votos.

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