El Mundo

Decepción, rabia y evocación a militares en las protestas contra Rousseff

Hubo marchas multitudinarias en más de quince Estados de Brasil. No fueron pocos los que reclamaron un regreso de la dictadura para terminar con la corrupción y "limpiar" al país.

Domingo 13 de Marzo de 2016

Decepción, indignación y llamamientos aislados pero ruidosos para que los militares, que gobernaron con mano dura entre 1964 y 1985, intervengan “cuanto antes” para acabar con la corrupción y “limpiar” a Brasil.

Esos son los sentimientos que prevalecieron hoy en las masivas protestas que se realizaron en unos diecisiete estados del país contra la presidenta Dilma Rousseff, su antecesor Luiz Inácio Lula da Silva y el gobernante Partido de los Trabjadores (PT).

La rabia se pudo ver, sentir y oír en consignas, carteles e incluso muñecos inflables que mostraban a la presidenta y a Lula vestidos de presos.

Esta modalidad de calificarlos de delincuentes comenzó el año pasado y ganó fuerza redoblada en los últimos días, a raíz de las denuncias y el pedido de arresto preventivo que pesan sobre Lula, investigado por presuntos nexos con el escándalo de corrupción en Petrobras.

“DilMafiosa” y “LuLadrón” fueron los calificativos más benévolos contra los dirigentes de izquierda expresados en Río de Janeiro, donde un mar de gente ocupó ocho cuadras, en todo su ancho, de la avenida Atlántica, en la playa de Copacabana.

La algarabía generalizada ante la irrupción en la marcha de un vehículo militar encabezado por un muñeco soldado en tamaño natural y precedido por una bandera de Brasil cargada por unas diez personas cantando el himno nacional ilustra la tolerancia que existe hacia los que consideran que una intervención militar no es lo peor que podría sucederle al país.

De hecho, la sensación que daban los manifestantes es que “lo peor” es lo que está ocurriendo: políticos corruptos de todos los partidos ocupando los más altos cargos del país, mientras a la población le falta educación, médicos y derechos básicos y sufre inflación y desempleo en alza.

“Nuestro grupo vino a expresar la insatisfacción de la sociedad con el Gobierno y a defender la libertad y los derechos que el pueblo brasileño no está teniendo”, dijo a dpa Antonio Paiva, de 73 años, un “veterano paracaidista de las Fuerzas Armadas”.

En su opinión, los militares “todavía no deben intervenir”. “Eso se dará en una momento de extrema necesidad. La solución ahora es acabar con este Gobierno y su corrupción”, afirmó.

Eliana, de 59 años, concuerda, pero pide que los militares “intervengan ya”.

“La población lo pide porque no hay otra forma de encaminar a Brasil”, país que a su entender “no está preparado para la democracia” porque confunde “libertad con libertinaje”.

Eliane votó a Lula en 2002, la cuarta disputa electoral a la que se presentó el ex dirigente sindical y la primera en la que venció.

“Todo Brasil votó por Lula porque la gente confiaba en él, porque él era del pueblo. Era un don nadie, semianalfabeto, era un trabajador brazal. Entonces, todos confiamos en que un proletario iba a entender todos nuestros sufrimientos, la falta de educación, la falta de salud... Pero él se aprovechó. Lula es un traidor, engañó a la nación”, afirmó.

Marcos, de 40 años, explicó por qué, a su entender, el PT es el principal, casi exclusivo blanco de las hostilidades de la población por actos de corrupción, siendo que políticos de todos los partidos están implicados en escándalos como el de Petrobras. Dijo que ser corrupto "es algo general, lo hacen todos. Ahora, el PT, que está en el poder hace mucho tiempo, dejó pasar la oportunidad de hacer algo contra eso y lo está perpetuando”, afirmó.

“Yo llegué a votar al PT en 2002. Pero en la siguiente elección ya no lo voté porque a pesar de que Brasil estaba yendo por buen camino, veía que el gobierno no estaba gobernando para el pueblo sino para sus élites”.

“El problema con el PT es que es el mayor ejemplo de esto, porque está en el poder hace 13 años, niega que es corrupto, que robó, y dice que no sabe nada. Si se está en el poder durante tanto tiempo es imposible no saber: o es negligente o es connivente”, sentenció.

En la misma medida en que las marchas evidenciaron un virulento rechazo al gobierno y toda la izquierda nacional, mostraron la categoría de prócer a la que fue elevado el juez Sérgio Moro, quien encabeza los procesos relativos al caso Petrobras.

La frase “Todos somos Moro” fue de las más vistas, junto a la mención a la operación Lava Jato de la Policía Federal, que comanda las investigaciones respecto a los fraudes en la petrolera estatal.

El tenor de las protestas en Río de Janeiro fue similar al que marcó las marchas y actos en al menos 17 estados del país.

En San Pablo, la manifestación en el centro de la ciudad llegó a superar la histórica marcha de 1984, cuando en el final de la dictadura la gente tomó las calles para exigir el derecho a elegir de manera directa al presidente de la República.

A lo largo y ancho del país, masivos actos tiñeron de verde y amarillo -los colores de la bandera nacional- las principales avenidas de decenas de capitales federales y ciudades del interior.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario