El Mundo

Costa Rica optó por un laico progresista en lugar de un pastor

En el ballottage, Carlos Alvarado obtuvo 60,7 por ciento contra 39,3 por ciento del evangelista Fabricio Alvardo, un partidario del conservadurismo moral

Martes 03 de Abril de 2018

La victoria del oficialista Carlos Alvarado en la segunda vuelta electoral celebrada en Costa Rica significó no solo la permanencia en el gobierno del Partido Acción Ciudadana (PAC), sino ante todo un freno a la llegada al poder del fundamentalismo evangélico, representado en la figura de su rival Fabricio Alvarado. Carlos Alvarado, de 38 años, obtuvo el 60,7 por ciento de los sufragios, mientras que su contrincante, el predicador evangélico Fabricio Alvarado, quien había ganado la primera vuelta de febrero, sacó el 39,3 por ciento.

"Hoy el mundo vuelve su mirada hacia Costa Rica y Costa Rica lanza una vez más un hermoso mensaje democrático", afirmó el candidato vencedor ante sus seguidores, quien se convertirá en el presidente más joven del país de los últimos 124 años. "Bien hecho Costa Rica!".

El mensaje de unidad, de promoción de la igualdad, la tolerancia y la capacidad de negociación con diferentes sectores, pese a haber quedado atrás en la primera vuelta, parecieron haberse convertido en el oxígeno para que el politólogo y comunicador amaneciera este lunes como el presidente electo del pequeño país centroamericano.

"Es impresionante cómo Alvarado logró revertir la carrera, en la que venía rezagado en vísperas de la primera instancia del 4 de febrero, para arrollar en la fase final", comentó el analista político y académico Carlos Sandoval, quien previo a la segunda ronda consideraba que había mucha confusión en el país. Y es que la contienda electoral de febrero y la del domingo estuvieron marcadas por una enorme polarización, con el vertiginoso ascenso del predicador evangélico Fabricio Alvarado, quien de forma sorpresiva se adjudicó la primera vuelta en febrero.

Carlos Alvarado, ganador de la segunda ronda del domingo y hasta hace poco un desconocido en el mundo político costarricense, emergió casi de las cenizas. Hizo frente a una campaña de sus adversarios sustentada en varios yerros del gobierno del presidente Luis Guillermo Solís, del que fue ministro de Trabajo, y quien hace cuatro años había prometido hacer de la Presidencia una "casa de cristal", una administración llena de transparencia.

Pero un escándalo llamado el "cementazo" —un caso de tráfico de influencias en el otorgamiento de un millonario crédito de un banco estatal a un importador de cemento chino— rebanó la credibilidad del PAC y de su gobierno, el primero que este partido, con escasos 20 años de fundación, conquistó en 2014. El PAC, de tendencia centrista, rompió entonces con varias décadas de bipartidismo, en el que dos formaciones tradicionales, Liberación Nacional (PLN, socialdemócrata) y la Unidad Socialcristiana (PUSC), se alternaron en el poder hasta que graves escándalos de corrupción minaron la credibilidad de ambas agrupaciones.

Líderes como el fundador del PAC, Ottón Solís, diputado, y el mismo presidente Luis Guillermo Solís abandonaron el PLN años atrás después de denunciar que había perdido el norte y dejado al margen los principios ideológicos originales que convirtieron a Costa Rica en un Estado ejemplar para América Central.

Carlos Alvarado, con 38 años de edad, se proclamó durante la contienda electoral como representante de una nueva generación que "pretende enmendar el rumbo del país y del PAC", la agrupación que lo ha aupado a la presidencia.

En ese contexto de recambio político experimentado en Costa Rica con el nacimiento del PAC surgió Alvarado, planteando una agenda de unidad y de defensa de la igualdad y de los derechos humanos. Desde allí confrontó en una furiosa polémica por los derechos de los homosexuales, con el evangélico Fabricio Alvarado, cuyo partido Restauración Nacional (PRN) aprovechó a los sectores más marginados para atraer adeptos. Apoyado por corrientes neopentecostales con la consigna de llevar el reino de la "prosperidad" y de defender a la familia tradicional, Fabricio Alvarado había logrado vencer en la primera ronda, pero sin alcanzar el 40 por ciento para salir elegido. Sus rechazo al matrimonio entre personas del mismo sexo, a guías sexuales y la fecundación in vitro terminaron perdiendo por amplio margen contra el discurso sereno de Carlos Alvarado, autodefinido como un "progresista". Muchos intelectuales, especialmente del área metropolitana, bastión electoral del PAC, fueron atraídos por Carlos Alvarado y su promesa de conducir a Costa Rica hacia una senda de progreso. El discurso inclusivo y de unidad, de llevar progreso a todas la provincias y zonas alejadas, posiblemente también haya tenido repercusión en zonas marginadas, en un país en el que el abstencionismo en la primera ronda superó el 34 por ciento.

Carlos Alvarado ganó la elección del domingo con el 60,7 por ciento de los votos, frente al 39,3 por ciento de su rival del mismo apellido, según datos del Tribunal Supremo de Elecciones, que ya contabilizó mas del 95 por ciento de los sufragios.

Ayer, Costa Rica amaneció con nuevo presidente electo, con continuidad en el poder, pero con un mandatario obligado a fortalecer alianzas y cumplir promesas a sus aliados sumados para la segunda vuelta, como el socialcristiano Rodolfo Piza, cuarto en los comicios de febrero.

día después. Carlos Alvarado reiteró ayer su compromiso con la búsqueda de una mayor igualdad.

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