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Correa estuvo 9 horas "secuestrado" y denunció una conspiración para derrocarlo

El presidente ecuatoriano llegó a un centro de salud tras inhalar gas lacrimógeno. Policías insubordinados lo mantuvieron aislado en el hospital. Hubo represión a los simpatizantes oficialistas y un enfrentamiento con armas de fuego. Correa aseguró que el amotinamiento de la fuerza policial es una maniobra de la oposición que "busca un golpe de Estado porque no puede ganar en las urnas".

Jueves 30 de Septiembre de 2010

El presidente de Ecuador, Rafael Correa, atribuyó hoy la rebelión de un sector de la policía, amotinada en su cuartel central, como “un intento de golpe de Estado de la oposición”, producto de “una conspiración que se viene preparando desde hace tiempo”. El jefe de Estado se mantuvo sitiado en el tercer piso del hospital de la policía, impedido de salir por un grupo armado integrado por policías insubordinados. Tras nueve horas en el hospital, fue rescatado por un grupo especial de la Policía.

La presidenta Cristina Fernández mantuvo una conversación telefónica con Correa y lo notó “sereno y seguro”, y le transmitió a Cristina que lo tenían “secuestrado” y que “no lo van a doblegar”.

“A una cuadra del hospital está la población que quiere liberarme”, transmitió el mandatario ecuatoriano a la Cristina, durante la conversación. Esta tarde, miles de personas ganaron las calles de Quito para defender al mandatario ecuatoriano, pero al intentar llegar al hospital donde se encuentra Correa fueron dispersados con gases lacrimógenos por los oficiales insubordinados.

El presidente, quien se presentó esta mañana para intentar destrabar el conflicto en el Regimiento Quito, donde unos mil policías se amotinaron en reclamo de recortes a sus salarios, fue agredido por los insubordinados, quienes le dispararon gases lacrimógenos y le apuntaron directamente.

Es “inadmisible” que los policías hayan agredido al propio mandatario y a sus funcionarios, sostuvo Correa, quien destacó que la revuelta “va más allá de un simple reclamo”.

“Es una conspiración”, definió y atribuyó como sus ideólogos, principalmente a la oposición, según manifestó a una radio ecuatoriana desde el hospital policial donde fue trasladado tras la agresión de los policías.

“El problema es que permanentemente se conspira, no sólo la oposición, son compañeros nuestros, están buscando un golpe de Estado porque no nos pueden ganar en las urnas”, precisó.

El mandatario dijo sentirse “traicionado” por este grupo de policías, pero aclaró que “no son todos los de la fuerza”, y consideró la actitud de los sediciosos como “una gran ingratitud, una gran traición a la patria”.

“No vamos a permitir que se quebrante el proceso democrático”, advirtió el jefe de Estado, quien rechazó el argumento del recorte salarial que enarbolan los amotinados.

“Los sueldos de la policía estaban entre 300 y 400 dólares, y ahora están entre 1.200 y 1.500 dólares” y las condecoraciones, que es lo que el gobierno recortó, “además de un honor, suponen un sueldito más”, explicó.

El mandatario aseguró que no permitirá que se quebrante el proceso democrático, prometió que la actitud policial “será sancionada” y que habrá “una depuración de estos sectores que han despretigiado a la institución”.

Por último, hizo un llamado a la calma a toda la ciudadanía, y pidió que “respeten por favor a la policía”, para poder superar el conflicto rápidamente“.

Después de las 23, cuando los mandatarios latinoamericanos reunidos en la Unasur se reunían de urgencia en Buenos Aires, el presidente ecuatoriano fue rescatado en un operativo que incluyó un feroz enfrentamiento armado (ver aparte).

Minutos después del rescate, el presidente Correa habló a la multitud que lo esperaba a las puertas del Palacio presidencial. Sostuvo que vio “con profunda tristeza como se ha derramado sangre ecuatoriana inútilmente” y reafirmó que fue “secuestrado por un grupo de pseudo policías con muchos infiltrados que sólo pensaban en conspirar”.

Correa agradeció “al pueblo ecuatoriano y a todos los estamentos que me apoyaron” y se comprometió a “no negociar nada” y a “castigar” a los responsables de la sedición. Agradeció también a los mandatarios de Unasur “que se están reuniendo en estos momentos en Buenos Aires”.

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