El Mundo

Colombia responsabiliza al ELN por el atentado que dejó 21 muertos

El autor material del hecho era un antiguo miembro del grupo armado. La bomba fue activada a distancia y hay un cómplice detenido

Sábado 19 de Enero de 2019

Las autoridades colombianas atribuyeron ayer el ataque con bomba que dejó 21 muertos y más de 70 heridos en una academia policial a un experto en explosivos, miembro de muchos años del último grupo rebelde en actividad, el Ejército de Liberación Nacional (ELN). El gobierno decretó además tres días de duelo nacional y anunció la ruptura del diálogo de paz con esa milicia. El ministro de Defensa, Guillermo Botero, compareció ante la prensa para anunciar que José Aldemar Rojas Rodríguez, que el mismo día del atentado fue identificado como "autor material", era miembro de muchos años del grupo armado. Aunque Rojas Rodríguez no tenía antecedentes penales, informes de inteligencia indican que el hombre manco de 56 años que usaba los alias «El Mocho» o «El Kiko» perdió el brazo cuando manipulaba explosivos en una célula del ELN cerca de la frontera con Venezuela. El sujeto se incorporó al ELN en 1994 y ejerció como guerrillero raso hasta 2003, cuando se convirtió en cabecilla del Frente Adonay Ardila. Desde entonces, fue ascendiendo hasta formar parte del Estado Mayor del Frente Oriental, uno de los más letales. Intentó ingresar en las Farc, pero fue rechazado en tres ocasiones.

La camioneta con la que se coló en la escuela de policía iba cargada con 80 kilos de pentolita, un potente explosivo que se obtiene de la mezcla de TNT y pentrita y que suele utilizarse en la fabricación de minas antipersona. El atentado recordó algunos de los incidentes más cruentos del pasado reciente colombiano y suscitó interrogantes graves acerca de las amenazas a la seguridad que persisten tras el acuerdo de paz con las Farc. Durante la noche, el número de víctimas fatales ascendió a 21, incluido el guerrillero, siendo el atentado más sangriento desde 2003, cuando la explosión de un coche bomba en el club bogotano de alta sociedad El Nogal dejó 36 muertos.

Resultó especialmente perturbador porque el objetivo, la escuela General Santander en el sur de Bogotá, es una de las instalaciones más protegidas de la capital. Con ayuda de cámaras de seguridad y las huellas dactilares de su mano izquierda, los investigadores identificaron rápidamente a Rojas Rodríguez como el dueño y conductor de una camioneta Nissan 1993 cargada con 80 kilos del explosivo pentolita que atravesó un retén de seguridad para irrumpir en el complejo arbolado.

El ministro de Defensa dijo que el guerrillero ingresó a las instalaciones por una puerta lateral empleada para entrega de mercaderías, acelerando a través de un portón abierto para permitir la salida de unas motos. Siguió su marcha hasta el centro de la escuela, donde el vehículo explotó frente a una barraca con techo de tejas rojas utilizado por cadetes mujeres. Acababa de finalizar una ceremonia de rendición de honores. Menos de 10 minutos antes de la explosión, un hombre descendió del vehículo en una parada cercana de colectivos, un indicio de que la bomba fue activada a distancia y no fue un ataque suicida como algunos habían conjeturado inicialmente.

Allanamientos

Investigadores tratan de determinar si ese hombre es Ricardo Carvajal, quien reconoció su participación en el ataque en llamadas telefónicas interceptadas por la policía. Carvajal fue arrestado en un allanamiento ayer en Bogotá durante el cual las autoridades incautaron un manual del combatiente rebelde. Según Botero, la operación fue planificada durante más de 10 meses.

El presidente Iván Duque, que visitó la academia después de la tragedia, prometió no ahorrar esfuerzos en la lucha contra los terroristas "infames" que perpetraron el ataque. "Los terroristas buscan intimidarnos como sociedad y amedrentar al Estado colombiano", dijo Duque. "Colombia les demostrará que esta es una nación fuerte, unida y que no se quiebra ante la demencia de estas agresiones". Por su parte, el Alto Comisionado para la Paz, Miguel Ceballos, informó en la comparecencia de que el gobierno decidió romper las negociaciones destinadas a acabar con el conflicto armado. "No habrá ningún espacio de diálogo con el ELN", dijo.

A su vez el director de la policía, Oscar Atehortúa, dijo que se identificó solo a cuatro de los cadetes muertos porque los cuerpos de muchas víctimas estaban mutilados. Pidió a los familiares que suministren muestras de ADN a un equipo de antropólogos forenses que intentan identificar a los muertos en una lista de cadetes cuyo paradero se desconoce. Las edades de las víctimas oscilan entre 17 y 22 años. De los más de 70 heridos, que incluyen tres estudiantes panameños, 10 permanecen hospitalizados.

Videos grabados con celulares mostraban a policías en pánico acarreando a sus colegas heridos en camillas a lo largo de una calle llena de escombros y cadáveres despedazados frente al armazón de acero que quedó del vehículo usado para el ataque y que aún estaba ardiendo.

Es poco lo que se sabe sobre Rojas Rodríguez. Los registros muestran que compró el auto el año pasado a otra persona, Mauricio Mosquera, quien según las autoridades tiene antecedentes de haber sido investigado por terrorismo y rebelión. El vehículo pasó la revisión técnica hace seis meses en Estado oriental de Arauca, en la frontera con Venezuela. La misma zona volátil es un bastión del ELN, el último grupo rebelde que queda en el país tras el acuerdo de 2016 entre el gobierno y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, por el que unos 7.000 rebeldes depusieron las armas.

Entrenamiento en Venezuela

Las autoridades dijeron que Rojas, miembro del frente Domingo Laín, viajó en varias ocasiones a Venezuela para entrenar a rebeldes en el uso de explosivos. El ELN ha estado intensificando sus ataques contra objetivos policiales e infraestructura petrolera en medio de un conflicto con el gobierno conservador de Duque por el estancamiento de las conversaciones de paz. Hace un año, el grupo reivindicó el atentado con bomba contra una comisaría de policía en la ciudad de Barranquilla, que dejó cinco policías muertos.

El anterior gobierno de Juan Manuel Santos inició en febrero de 2017 un diálogo de paz con el ELN, con la esperanza de sumar a la que entonces era la segunda guerrilla de Colombia al acuerdo de paz firmado en noviembre de 2016 con las Farc, hoy convertidas en partido político. Pero hasta el presente, el grupo inspirado por Cuba, que se cree cuenta con unos 1.500 combatientes, nunca tuvo la capacidad ni demostró interés por realizar un acto de violencia tan espectacular. El presidente colombiano decidió suspender el diálogo de paz a su llegada a la Casa de Nariño, en agosto. Había exigido al ELN que renunciara a su actividad criminal y liberara a todos los secuestrados, algo a lo que los insurgentes se negaron acusando al gobierno de imponer condiciones unilaterales. Duque también condenó a Venezuela y Cuba por proporcionar un refugio a los líderes rebeldes mientras sus fuerzas continúan sembrando la violencia en Colombia.

Durante décadas, los residentes de Bogotá vivieron con el temor de verse atrapados en un ataque con bombas de los rebeldes izquierdistas o del cártel de drogas de Medellín de Pablo Escobar. Sin embargo, a medida que el conflicto colombiano se fue calmando, los ataques terroristas cayeron a niveles históricamente bajos y los residentes a su vez bajaron la guardia, algo que amplificó el impacto del atentado del jueves.

Muestras de dolor. Una mujer deposita flores frente a la academia policial en honor a los jóvenes fallecidos.

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