El Mundo

Colapso del centrismo y reacción a un falso magisterio moral

Martes 09 de Octubre de 2018

El voto "securitista" está en auge en Brasil y lo más probable es que Jair Bolsonaro sea el próximo presidente. Ya avisó que no se ablandará en busca del voto centrista: "no seré Jairzinho paz y amor", advirtió el capitán carioca. Sabe que con sumar un poco más de la derecha le alcanza. El que tiene la tarea de buscar el voto centrista es Haddad, 17 puntos atrás de Bolsonaro, y que no recibió nada de ese sector. Sin embargo se siguió equivocando al peregrinar a Curitiba a besar la mano de Lula.

El voto centrista a Bolsonaro le llega solo: la descomposición del PSDB y el aporte silencioso del MDB ya le dieron un empuje no previsto por los sondeos y los volverá a tener el 28, más los votos que debería sumar de pequeños partidos de derecha. El "endoso" a Bolsonaro funcionó en anticipo. En la última semana de competencia, el "yo estoy con Bolsonaro" de muchos postulantes de partidos chicos pareció un seguro electoral. Es la ola derechista, que ha cambiado el paisaje político brasileño. La descomposición del PSDB, en especial, resulta impresionante, aunque mantiene un bloque considerable en el nuevo Congreso (bajó de 49 a 29 diputados). Será uno de los reaseguros para frenar los planes más radicales del capitán y sus generales asesores...si no se "pasan"al ganador, claro. La noche del domingo, sin esperar reuniones ni directivas, el que es ahora la principal figura nacional del PSDB, el paulista Joao Doria _superó el primer turno como candidato a gobernador de San Pablo_ no dudó en romper filas y señalar que está con Bolsonaro. El patriarca Fernando Henrique Cardoso salió a tratar de poner orden, pero el descalabro es innegable. El también menguante bloque del MDB, en cambio, seguramente votará lo que el capitán mande al Congreso. Así lo indica la tradición oportunista del partido de Temer desde la noche de los tiempos.

Pero en busca de explicaciones de fondo debe anotarse una reacción popular muy comprensible ante un mal hábito del autodenominado "progresismo". Es el hábito reflejo de dar lección de valores, sumado al error de descalificar al votante y no ya del candidato, de parte de este sector tan sobrerrepresentado. Este gesto soberbio tuvo en Brasil un efecto bumerán evidente. El tono de superioridad moral, el dedo índice siempre alzado con aire magistral, irrita al más manso, en este caso el hasta hoy muy manso votante brasileño. La dictadura de la corrección política, con su control inquisitivo del lenguaje, ha hartado a muchos, y no solo en Brasil. No se hace pedagogía democrática contra un esperpento como Bolsonaro o Trump de este modo. El voto a Bolsonaro tiene mucho de un puñetazo en la mesa por un ciudadano harto de recibir lecciones de cómo debe pensar. Y, sobre todo, ese magisterio moral no puede ser ejercido por quienes reivindican a dictadores (Maduro, Ortega) y corruptos seriales (Lula, CFK) como si fueran próceres. El escándalo ante el potencial peligro dictatorial de Bolsonaro no es creíble si a la vez se ampara al dictador real Maduro. Este fue, en gran medida, el mensaje de las urnas al PT. Y Haddad, en lugar de rendirle pleitesía a Lula como si fuera un santo cuando es solo un corrupto condenado, debería mostrarse independiente. Entonces sí podría recuperar algunos votantes de centro. Pero será difícil: los carteles detrás de Haddad, en los actos del PT, dicen en letras gigantes "Haddad es Lula".

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