El Mundo

Chávez y Capriles arrancaron con sus campañas para la presidencia

El mandatario encabezó una masiva caravana. El candidato opositor visitó dos pueblos fronterizos

Lunes 02 de Julio de 2012

Caracas.— El mandatario venezolano, Hugo Chávez, dejó de lado ayer sus problemas de salud con una caravana masiva por el interior del país, mientras que el candidato opositor, Henrique Capriles, visitó dos pueblos remotos para el lanzamiento formal de la campaña presidencial. La elección, que se realizará el 7 de octubre, se encamina a ser la más cerrada desde que Chávez asumió el poder en 1999.

El mandatario —con camisa y boina roja, los colores distintivos de sus simpatizantes— encabezó un recorrido por el centro-norte del país, en una muestra de que tiene energía para la campaña, pese al cáncer con el que lucha desde hace un año.

A lo largo de una marea roja de 18 kilómetros con carteles de apoyo a Chávez y banderas venezolanas, el militar retirado —acompañado de sus más estrechos colaboradores— arrojó besos a la multitud, se golpeó el pecho en un saludo a sus simpatizantes y alzó sus brazos reiteradas veces con un gesto de triunfalismo.

Al final del recorrido en Maracay, un pueblo donde empezó a fraguar su revolución socialista, inició un acto cantando el himno nacional y con una fuerte arenga militar al triunfo. "Arrancó el huracán bolivariano (...) Hoy comienza el ataque. ¡Al ataque pueblo de Venezuela!", dijo Chávez, quien lidera la mayoría de los sondeos, ante miles de simpatizantes bajo un intenso calor.

Luego de tres operaciones para remover dos tumores malignos durante un año de batalla contra el cáncer, Chávez, de 57 años, declaró en las últimas semanas encontrarse bien de salud. Dijo no tener más tratamientos ni estudios por delante y ha ido incrementando sus apariciones en televisión con largas presentaciones de dos o tres horas.

"Al más olvidado". Por su parte, Capriles, un joven que busca poner fin a 13 años de socialismo en Venezuela, voló a dos pueblos fronterizos distantes, en un intento por resaltar la ausencia del gobierno en las comunidades alejadas de Caracas.

En la remota población suroriental de San Francisco de Yuruani —de la etnia Pemón—, un Capriles con una camisa con los colores de la bandera venezolana habló ante centenares de simpatizantes. "Mi compromiso es ir al más olvidado", arremetió.

El candidato, quien gobernó el populoso estado de Miranda, admira la combinación brasileña de políticas de libre mercado con programas sociales y es considerado la mejor carta de la oposición para arrebatarle el poder a Chávez.

La decisión de cambiar Caracas por San Francisco de Yuruani, en medio de la sabana y a pocos kilómetros de Brasil, para luego cruzar hasta La Guajira, en la frontera occidental, busca resaltar la energía y juventud de Capriles, en contraste con el presidente.

"Al que está en el poder sólo le interesa una cosa: quedarse en el poder (...) Allí, Brasil, cerquita, despegó. Ahora le toca a Venezuela despegar", sostuvo en el pueblo de casas humildes con techo de paja.

Aunque la oposición está más unida que nunca contra Chávez, Capriles enfrenta una dura tarea para superar el apoyo del presidente entre los más pobres, forjado en base a años de programas de viviendas, pensiones y subsidios derivados de la vasta renta petrolera del país.

Captar indecisos. Si bien el domingo marcó el inicio oficial de las campañas, Chávez y Capriles hace meses que están arengando a sus seguidores y buscando captar indecisos: el presidente, a través de largas cadenas de televisión, y Capriles, en recorridos casa por casa y con actos en todo el país.

Chávez posee una ventaja porcentual de dos dígitos según la mayoría de las encuestas para las elecciones del 7 de octubre, en las que buscará extender su mandato a casi 20 años, pero hay un alto nivel de indecisos. La semana pasada, un sondeo muy respetado mostró al presidente y a Capriles cabeza a cabeza.

El gobierno dice que ha invertido unos 400.000 millones de dólares en proyectos sociales durante la gestión de Chávez, lo que ha reducido la pobreza casi en la mitad, a entre un 25 y 27 por ciento de la población.

Los opositores reconocen algunas mejoras en el bienestar social, pero dicen que el presidente podría haber hecho mucho más con la bonanza en los precios del petróleo, lo acusan de gobernar con un estilo autoritario y de permitir un auge de la corrupción.

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