El Mundo

"Centennials" enojados marcanla agenda latinoamericana

Gobiernos salidos de las urnas son deslegitimados por legiones de jóvenes que descreen de la democracia representativa y su institucionalidad.

Domingo 01 de Diciembre de 2019

En Asia, gran ganadora de la Globlalización, las sociedades son disciplinadas, más allá del régimen político que tengan: democracias maduras como Taiwán y Corea del Sur, dictaduras comunistas como China y Vietnam, dictaduras de derecha como Tailandia y Singapur, democracias frágiles. Las familias asiáticas son fuertemente patriarcales, y el orden público es sagrado, así como el familiar. Mientras las ordenadas naciones asiáticas sacan una ventaja ya indescontable en la carrera global, en América latina se multiplican las marchas y descontentos súbitos con gobiernos recién salidos de las urnas y votados hace muy poco. En Chile, Sebastián Piñera y el Congreso fueron elegidos en el turno electoral de octubre/noviembre de 2017; en Colombia, Iván Duque asumió en agosto de 2018 y lleva apenas 15 meses de gestión. Pero en las calles multitudes jóvenes piden sus renuncias en medio de orgías de violencia.

Queda así puesta en duda la democracia representativa, sistema político donde se elige el gobierno por el voto y se lo cambia por el voto, no quemando el transporte público y los comercios. Las elecciones por voto popular de dos los tres poderes y en tres niveles garantiza una representatividad plural y capilar, desde los concejos municipales al presidente de la nación. Pero parece que de pronto las juventudes sudamericanas se cansaron de este mecanismo, algo aburrido, y prefieren la adrenalina de la acción directa. En Chile y Colombia se repite el patrón: se superponen protestas pacíficas y masivas con otras de grupos violentos muy jóvenes bien preparados y coordinados. No sirve pensar conspirativamente, en un centro de control que baja la orden. Eso es anacrónico. Es un fenómeno horizontal bien coordinado. Para eso sirven las redes sociales y los smartphones.

Hay aquí un problema cultural: las últimas generaciones, las de millennials y centennials, aún en un subcontinente pobre como América latina, se han criado munidos de un repertorio de gestos y rituales autovictimizantes fuertemente emocionales. La figura paterna como fuente de autoridad y guía ha casi desaparecido. Padres y educadores se adaptan mansamente a un coro de reclamos. El psicoanálisis, por caso, ha archivado su crítica a ese debilitamiento de la figura paterna para sumarse a la demagogia reinante. Son así millones de adultos jóvenes y de adolescentes mayores de edad los que se consideran víctimas y exigen soluciones mágicas. En el mundo desarrollado son los que se movilizan detrás de Greta Thunberg y el movimiento Extinction Rebellion casi siempre sin haber leído un texto científico. La sensibilidad en estos chicos siempre es extrema, la emocionalidad está constantemente a flor de piel y oscila entre el llanto desconsolado y la furia que se descarga en la calle. Son rasgos típicos de este fenómeno de época. Un Mayo Francés sin lecturas ni estructuras, lábil y sin programas más allá de las consignas. Material perfecto para manipular desde la vieja izquierda dura.

La generación del sacrificio en Chile ha sido sustituida por la generación centennial que creció con el celular y que quiere todo mucho más fácil que sus hermanos mayores, por no hablar de sus padres, verdaderos fósiles vivientes. No son militantes formados en la lectura de Marx y Lenin. Eso es viejo, anticuado, aburrido. Su anticapitalismo es emocional y simplísimo. Vean y escuchen en las redes a la chica colombiana 'Epa Colombia', famosa youtuber, mientras nos muestra con una sonrisa y con su gorrito de Pokemon, cómo destroza cajeros automáticos y puestos de control del subte de Bogotá. Hay allí la radiografía de una generación, su sintética fenomenología.

Para la vieja izquierda, la de Maduro, Ortega y Evo que hace alianzas con Cuba, Rusia y China, estos chicos son bienvenidos. Sirven para romper la estabilidad de democracias "neoliberales", como Chile y Colombia y en general para poner en cuestión la democracia representativa, siempre cuestionada y despreciada en público por Putin y Xi Xinping y sus respectivas dictaduras. Estos sistemas ultra rrepresivos donde todo se controla dan, a través de sus medios adictos, todo el "aire" que pueden a estos chicos, sean chilenos, colombianos o españoles. Cuando se llegue al poder, si se llega, se les impondrá la disciplina de hierro de Daniel Ortega y Nicolás Maduro. El comunismo es experto en masacrar a revolucionarios que habían sido útiles para derrocar al gobierno burgués pero no se sometían al nuevo tiempo. Llenaron campos de concentración con estos "desubicados".

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