El Mundo

Cataluña y el eterno debate sobre los antecedentes históricos

A un año del referéndum separatista ilegal, siguen las dudas sobre la Guerra de Sucesión y otros hitos que el separatismo presenta en su relato.

Domingo 30 de Septiembre de 2018

El gobierno de Cataluña celebró el 1º de octubre de 2017 un referéndum soberanista ilegal que abrió una grave crisis institucional en España. Casi la mitad de la población catalana reclama desde hace tiempo la ruptura con el resto del país, pero ¿fue alguna vez independiente la región nororiental?

   La respuesta es compleja, porque la idea moderna de "país" no puede aplicarse sin más al pasado. Pero la historia ofrece varios hitos en esa búsqueda y refleja una relación cambiante entre Cataluña y el resto de España.

   Cataluña forma parte de España desde los orígenes del país que conocemos hoy hace cinco siglos, cuando los Reinos de Castilla y Aragón (que incluía al condado de Cataluña desde el siglo XII) sellaron su unión con la boda de los Reyes Católicos en 1469.La región situada en el noreste de la península mantuvo su conciencia de nación basada sobre todo en su lengua y cultura propias y en avanzadas autoridades autonómicas. Una sublevación en 1640 derivó incluso en que parte del principado quedara bajo soberanía francesa hasta 1652.

La fecha clave: 1714

 La fecha clave en la historia catalana llegó el 11 de septiembre (hoy fiesta nacional de la región) de 1714, cuando Barcelona cayó ante las tropas borbónicas en la Guerra de Sucesión Española (1701-1715). Las instituciones, estructuras y libertades civiles de la región quedaron abolidas en 1716.

Sucesión, no secesión

El relato independentista presenta esa fecha como la derrota de una Cataluña que luchaba por la secesión de una España monárquica que la sometió. Sin embargo, la mayoría de historiadores recuerda que la guerra no fue de secesión, sino de sucesión.

   En efecto, se trató de un conflicto internacional que enfrentó a las dinastías de los Borbones y Austrias en todo el continente por el trono de España, que había quedado vacante tras la muerte sin descendencia del rey Carlos II, último de la Casa Habsburgo.

   Cataluña luchaba contra los Borbones más que contra España, como refleja el bando enviado a Barcelona por Rafael de Casanova (entonces autoridad de la ciudad y hoy mito para los independentistas) en donde proclama: "Por nosotros y por toda la nación española peleamos".

Los intentos fallidos

En los siglos XIX y XX hubo tres intentos de independencia fallidos. Después de los de 1873 y 1931, el tercero y último tuvo lugar el 6 de octubre de 1934 cuando el presidente de la "Generalitat", Lluís Companys, proclamó "el Estado Catalán de la República Federal española" aprovechando el convulso panorama político de la Segunda República Española (1931-1936).

   La rebelión duró apenas un día: Companys fue detenido la mañana siguiente. Aunque logró huir luego a Francia, en los primeros compases de la dictadura franquista (1939-1975) fue detenido por los nazis a petición de la Policía española, luego fue trasladado a España y fusilado en Barcelona en 1940.

   Durante la represión impuesta por el franquismo en toda España, el estatuto que regulaba la autonomía de Cataluña fue suprimido, el catalán quedó prohibido en la esfera pública y la cultura de la región se vio perseguida, consolidando la sensación de opresión por parte de España y las ansias de independencia.

La Constitución de 1978

Con la vuelta de la democracia, sin embargo, la Constitución de 1978 vigente hasta hoy fue apoyada de forma masiva por un 90,46 por ciento de los catalanes, tres puntos más que la media de España.

   El texto otorga a la región un alto nivel de autonomía, dotándola por ejemplo de competencias educativas y una Policía propia (los Mossos d'Esquadra) o reconociendo el catalán como lengua cooficial con el español.

   Se llega por último a la independencia "simbólica" de 2017: tras un convulso proceso impulsado por el gobierno catalán, el Parlamento regional aprobó el 27 de octubre de 2017 crear una república independiente. Madrid frenó ese desafío interviniendo el mismo día la autonomía de la región, destituyendo a su Ejecutivo y convocando elecciones.

   Los propios soberanistas catalanes se defendieron luego argumentando que la resolución aprobada en el "Parlament" era meramene "simbólica" y solo tenía el valor de un "gesto político", una opinión compartida por no pocos juristas.


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