El Mundo

Cataluña formó nuevo gobierno y enfila hacia su independencia de España

Desafío separatista. Carles Puigdemont sustituye a Artur Mas. Se comprometió con el plan para alcanzar la soberanía en 18 meses. Fuerte reacción de Rajoy.

Lunes 11 de Enero de 2016

El hasta ahora alcalde de Gerona, Carles Puigdemont, fue elegido nuevo presidente de Cataluña en sustitución de Artur Mas. De esta forma se cerró una crisis política abierta con la elecciones anticipadas que convocó el pasado 27 de septiembre el saliente Mas, líder de la coalición independentista Junts pel Sí (Juntos por el Sí). Esas elecciones no lograron la mayoría absoluta propia para los separatistas de Mas, y desde ese día el líder catalá n quedó en manos de los radicales de izquierda del partido CUP. Pero como estos negaron sistemáticamente su voto parlamentario a Mas, finalmente se negoció el nombre de Puigdemont, un alcalde miembro del partido de Mas, Convergencia Democrática de Cataluña (CDC), la formación mayor de Junts pel Sí. Ayer sumaron a ocho de los diez diputados de la CUP y se logró designar nuevo presidente regional. El tiempo legal expiraba ayer mismo, y se hubiera debido convocar a elecciones anticipadas de nuevo, lo que hubiera significado una derrota para Mas, la CDC y todo el frente separatista.

Apoyo anticapitalista. El nuevo presidente logró el apoyo de los anticapitalistas de la CUP tras comprometerse con el programa de ruptura con España en un plazo de 18 meses. Los diputados de otras agrupaciones, entre ellas los socialistas, el PP y Ciudadanos, votaron en contra de la investidura del separatista Puigdemont. En total, su candidatura obtuvo 70 votos a favor, 63 en contra y 2 abstenciones. Puigdemont presentó ante el parlamento catalán un proyecto político "calcado al de Artur Mas", según el diario El País. El presidente electo admitió que los meses que vienen "no serán fáciles ni cómodos" ni aptos "para cobardes" y apostó por avanzar con la declaración independentista, la misma que el mes pasado anuló el Tribunal Constitucional español. El separatista prometió ser el presidente "de la postautonomía y de la preindependencia". Una zona gris de dudosa legalidad, que España no ha dudado en confrontar más de una vez con el Tribunal Constitucional.

Puigdemont dijo que su gobierno tiene la tarea de "negociar con el Estado español" y las autoridades europeas, para lograr un Estado catalán. Sobre la declaración independentista anulada por el Tribunal Constitucional el mes pasado, dijo que "abría el proceso constituyente y espero que tengamos los instrumentos para llevarla a cabo". Puigdemont dejó así bien claro que su objetivo es la independencia. "Iniciamos un proceso nada fácil y nada cómodo. Pondremos valor y coraje, pero no temeridad ni renuncias". Pensando en sus socios obligados de la CUP, el nuevo jefe del ejecutivo catalán ha dado señas de sensibilidad social, postulando "un país más justo, más equitativo, más preparado, y más saludable, un país que ofrezca más trabajo, de más calidad". Entre sus prioridades ha citado la creación de la agencia catalana de seguridad social, para que se haga cargo de jubilaciones y desempleados. Hasta ahora esas prestaciones las cubre España.

Puigdemont también proclamó la independencia fiscal. También prometió crear el Banco Central de Cataluña. "Es una herramienta indispensable para el proyecto que ha obtenido el aval de la ciudadanía". "¡Viva Cataluña libre!", exclamó tras ser investido.

Su mensaje fue duramente criticado por la oposición catalana, que también se quejó de las formas con las que se convocó el pleno de investidura en el último día del plazo legal para hacerlo. "Ni usted ni nadie iniciará ningún proceso de ruptura de Cataluña con el resto de España. Téngalo claro", le dijo el líder del Partido Popular en la región, Xavier García Albiol. El resto de los partidos que votó "no" a la investidura, también se opuso a los planes independentistas. "Un gobierno que está dispuesto a incumplir las leyes no puede ser un gobierno representativo", alertó Inés Arrimadas, líder en Cataluña de Ciudadanos, que en la última década se convirtió en azote del independentismo en la región y que en el Parlamento catalán es la segunda fuerza, la principal antisecesionista. En el exterior del edificio, un exiguo grupo de personas celebró el acuerdo alcanzado. Otro grupo agitaba banderas de España.

Madrid reacciona. Muy poco después el presidente del gobierno español Mariano Rajoy le advirtió desde Madrid que defenderá la unidad de España "con firmeza y determinación" y le recordó que el Estado funciona siempre, incluso cuando hay un Ejecutivo en funciones, como es el caso desde las elecciones generales del 20 de diciembre. Cataluña estaba en esa misma situación hasta ayer, y desde el 27 de septiembre. "El gobierno no dejará pasar ni una sola actuación en contra de la ley. Tenemos más instrumentos que nunca para defender nuestra unidad", dijo en una declaración institucional desde La Moncloa.

Rajoy redobla la convocatoria a un Ejecutivo fuerte y tripartito

La investidura del nuevo jefe del Ejecutivo de Cataluña que impulsará el proceso independentista sitúa a España en una encrucijada y aumenta la presión para formar gobierno en el país tras las elecciones generales del 20 de diciembre.
  El desafío del nuevo Ejecutivo catalán toma a España con un gobierno en funciones y con el Congreso más fragmentado de la historia reciente, tras la entrada de dos nuevos partidos: Podemos y Ciudadanos. Los planes de los independentistas pasan por formar un gobierno “de concentración” para convertir a Cataluña en un Estado independiente en 18 meses. Según aprobó el Parlamento catalán el 9 de noviembre, en un plazo de 30 días tendrían que aprobarse las primeras leyes para hacerlo posible. El gobierno de España impugnó entonces la iniciativa secesionista ante el Tribunal Constitucional, que la suspendió. Rajoy puede dirigirse nuevamente al Constitucional para que suspenda a quienes den pasos en la vía secesionista o suspender la autonomía de Cataluña hasta devolver la situación a la legalidad.
  El paso atrás dado el sábado por Artur Mas, el hombre que impulsó el proceso secesionista catalán, para facilitar el camino hacia independencia ha activado en las últimas horas a las principales fuerzas políticas de España, que desde los comicios negocian posibles alianzas. El Ejecutivo de Rajoy expresó ya el sábado la necesidad de que el próximo gobierno español cuente “con una amplia base parlamentaria para defender con solvencia y eficacia el derecho de los españoles frente al desafío independentista”. Su formación, el Partido Popular (PP), insistió en una gran coalición “a la alemana” con su tradicional adversario, el Partido Socialista (PSOE), y con el emergente Ciudadanos. “Le decimos al PSOE que España necesita más unidad que nunca. Que es necesario que los partidos constitucionalistas estemos más unidos que nunca”, dijo el vicesecretario de Organización del PP, Fernando Martínez-Maíllo.
  La investidura del independentista Carles Puigdemont en Cataluña en relevo de Artur Mas evita unos nuevos comicios catalanes que hubieran dado margen para negociar a su vez un Ejecutivo en España. “Es muy probable que los independentistas pretendan aprovecharse de la interinidad de Rajoy, lo que supone otra poderosa razón para un entendimiento entre el PP, PSOE y Ciudadanos, que tienen la obligación de estar a la altura”, expresó el diario El Mundo.
  Algunos analistas consideran que el acuerdo en Cataluña es “un regalo para Rajoy y para los defensores de la gran coalición” en España. Artur Mas aseguró que el pacto hizo saltar “las alarmas en Madrid.  Las miradas están ahora puestas en el PSOE, que rechazó apoyar un nuevo gobierno de Rajoy. Su líder, Pedro Sánchez, pretende buscar un pacto de izquierda.
  Ayer los socialistas brindaron su apoyo al gobierno español y, aunque insistieron en su propuesta de una reforma federal de la Constitución, dejaron claro que no aceptarán “planteamientos rupturistas ni que se separe a Cataluña de España”. Artur Mas dijo que a Cataluña no le “conviene” otro Ejecutivo del PP, ni “una coalición de Rajoy con Ciudadanos”. “Sabemos en carne propia que un Ejecutivo así provoca unas tensiones brutales que no permiten ni el diálogo, ni la negociación, ni el acuerdo”.

Ana Lázaro Verde / DPA

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