Cataluña celebró la Diada, marcada por el desafío separatista
Un millón de personas se concentró en Barcelona para pedir por la libertad de dirigentes secesionistas presos y reivindicar el proyecto republicano.

Alrededor de un millón de independentistas se manifestaron ayer en Barcelona con motivo de la Diada, la fiesta "nacional" catalana, en una demostración de fuerza y capacidad de movilización a un año del fallido intento de secesión de España. En una coreografía ideada por los organizadores, la marea de gente quedó en silencio unos minutos y justo a las 17.14 (15.14 GMT) —en conmemoración de la toma de Barcelona en 1714 por las tropas borbónicas que suprimieron la autonomía de la región— estallaron en gritos de "Independencia". En medio de banderas independentistas, la "ola" de ruido generada en ese momento "derribó" un muro al inicio de la manifestación que ocupó seis kilómetros de la avenida Diagonal, simbolizando los obstáculos superados hacia un Estado soberano. La policía municipal de Barcelona indicó en Twitter que "alrededor de un millón de personas" participaron, el mismo número que en la Diada de 2017, aunque inferior al pico de 1,8 millón de personas registrado el 11 de septiembre de 2014. Al grito de "libertad para los presos políticos", la manifestación pidió el fin del proceso judicial contra los líderes independentistas presos o fugados del país. Trece dirigentes independentistas, entre ellos el ex presidente catalán Carles Puigdemont instalado en Bélgica, están acusados de rebelión por su papel en la fracasada declaración de independencia y pueden enfrentar hasta 25 años de cárcel.

Los independentistas buscaban demostrar ayer que conservan su fuerza a un año del referéndum de autodeterminación ilegal del 1º de octubre y la declaración de independencia del 27 de ese mes, que llevó a Madrid a intervenir la autonomía de Cataluña. Desde 2012 los independentistas usaron la Diada para impulsar la separación de esta región de 7,5 millones de habitantes, divididos en partes casi iguales sobre la independencia. Un último sondeo en julio halló que un 46,7 por ciento quería la independencia frente a un 44,9 por ciento opuesto. Los independentistas mantienen el control del Parlamento regional al haber ganado las pasadas elecciones de diciembre, aunque sin mayoría absoluta (47,5 por ciento).

Así, la manifestación de ayer fue criticada como sectaria por los no independentistas. "En un día como hoy, los catalanes deberíamos estar celebrando nuestra fiesta nacional y no solamente una apelación a una independencia que sólo es compartida por menos de la mitad de la población", dijo desde Estrasburgo el ministro de Exteriores español, el catalán y socialista Josep Borrell.

El mismo campo independentista muestra igualmente divisiones, entre los más moderados que apuestan por abandonar la vía unilateral y los radicales. "Si hay algún independentista ingenuo o estúpido que crea que puede imponer la independencia al 50 por ciento de los catalanes que no lo son, es evidente que está absolutamente equivocado", advirtió la semana pasada el diputado Joan Tardá, de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), más pragmático frente a su socio en el gobierno catalán, Juntos por Cataluña, de Puigdemont. Tras un verano tenso por la proliferación de lazos amarillos en demanda de la liberación de los líderes presos, la Diada marcó además el inicio de una continuada "movilización multitudinaria", según prometió el presidente catalán, el independentista Quim Torra.

Torra exige a Madrid un referéndum de autodeterminación pactado, sin renunciar a "ninguna vía" para conseguir la independencia de la región, aunque hasta ahora no ha esbozado un plan para lograrlo.

Pero si regresa a la desobediencia, Madrid volvería a intervenir la autonomía regional, como ya hizo en octubre. El nuevo gobierno socialista de Pedro Sánchez, quien llegó al poder el 1º de junio gracias a una moción de censura parlamentaria apoyada por los independentistas catalanes, buscó rebajar la tensión, iniciando un diálogo con Barcelona.