Jueves 08 de Septiembre de 2022
El príncipe Carlos lleva toda su vida preparándose para ocupar el trono. Ahora, a los 73 años de edad, ese momento finalmente llegó. Carlos, la persona de mayor edad que asume el trono británico en la historia, se convirtió en el rey Carlos III este jueves luego de la muerte de su madre, la reina Isabel II. No se ha fijado una fecha para su coronación.
Carlos representa la modernización de la monarquía británica. Fue el primer heredero que no fue educado en casa, el primero en obtener un título universitario y el primero en crecer bajo la mirada cada vez más intensa de los medios de comunicación. También alejó a muchos con su complicado divorcio de la querida princesa Diana.
“Ahora se encuentra en lo que sería el ocaso de su vida, teniendo que pensar cuidadosamente en cómo proyecta su imagen como figura pública’’, dice el historiador Ed Owens. “No es ni de lejos tan popular como su madre’’. Carlos deberá descifrar cómo obtener “apoyo del público, un sentimiento de cariño’’ que caracterizó la relación que Isabel tuvo con los británicos, comentó Owens. En otras palabras, ¿Será Carlos tan querido por sus súbditos? Es una pregunta que ha ensombrecido toda su vida.
Un niño tímido con un padre dominante, Carlos se convirtió en un hombre a veces torpe y discreto que, sin embargo, confía en sus propias opiniones. A diferencia de su madre, quien rechazó discutir sus opiniones públicamente, Carlos ha pronunciado discursos y escrito artículos sobre temas que le interesan, como el cambio climático, las energías renovables y la medicina alternativa. También es un fanático de la agricultura orgánica.
Su ascensión al trono avivará el debate sobre el futuro de la monarquía británica, una institución con funciones ceremoniales, considerada por los británicos y las naciones de la Commonwealth como un símbolo de la unidad nacional y por los críticos como un vestigio de historia feudal.
“Sabemos que el monarca y, desde luego, la familia del monarca, no están destinados a tener voces políticas. No se supone que tengan opiniones políticas. Y el hecho de que haya ejercitado, por así decirlo, su músculo político es algo con lo que deberá que tener mucho cuidado’’, señaló Owens, quien escribió un libro sobre la familia real y su relación con los medios de comunicación y la población.
Carlos, quien es desde ahora el jefe de Estado de Gran Bretaña, ha defendido sus acciones. “Siempre me ha intrigado saber si ‘entrometerse’ era preocuparse por las zonas urbanas desfavorecidas, como hice hace 40 años y sobre lo que pasaba allí, las condiciones en las que vivía la gente. Si eso es entrometerse, estoy muy orgulloso de ello’’, dijo en 2018. Sin embargo, Carlos reconoció que como rey no podría hablar o interferir en la política debido a que el papel de monarca es distinto al del príncipe de Gales. Carlos ha dicho que pretende reducir el número de miembros de la realeza en función, recortar los gastos y representar mejor a la Gran Bretaña moderna.
Fue la desintegración de su matrimonio con Diana en los años 90 lo que hizo que muchos cuestionaran su idoneidad para el trono. Luego, a medida que envejecía, sus jóvenes y apuestos hijos robaron el protagonismo a un hombre que tenía fama de ser tan gris como sus trajes. La biógrafa Sally Bedell Smith dice: “Creo que su frustración no tiene que ver tanto con que haya tenido que esperar por el trono, su principal frustración es que ha hecho mucho y ha sido un poco incomprendido. Ha estado atrapado entre dos mundos: El mundo de su madre, venerada y ahora amada; y el mundo de Diana, cuyo fantasma aún le hace sombra, y el de sus glamorosos hijos’’. Tomó años para que muchos británicos perdonaran a Carlos por su infidelidad a Diana. Pero el sentir del público se suavizó luego de que se casó con Camila Parker Bowles en 2005 y ella se convirtió en la duquesa de Cornualles. Aunque Camila desempeñó un papel importante en la ruptura de Carlos y Diana, su estilo, con humor dirigido a ella misma y gracia, acabó por convencer a muchos británicos. Camila ayudó a que Carlos sonriera más en público, haciéndolo parecer más accesible, más feliz, mientras cortaba cintas, visitaba sitios de culto, develaba placas y esperaba por el trono.