El Mundo

Caos y violencia en París durante las protestas por el alza del combustible

La policía y los llamados "chalecos amarillos" chocaron por tercer sábado consecutivo, con un saldo de 110 heridos y más de 270 detenidos

Domingo 02 de Diciembre de 2018

La tercera semana de protestas contra el alza de los combustibles y el costo de vida en Francia desembocó ayer en una batalla campal en París, con niveles de violencia que hacía mucho tiempo no se veían en esa ciudad capital y con un saldo de 110 heridos y más de 270 detenidos. Vehículos incendiados, un monumento nacional asaltado, enfrentamientos en varios puntos neurálgicos de París, un presidente desbordado y a 11.000 kilómetros de distancia, y una oposición comprometida por su apoyo a un movimiento de objetivos inciertos. Los llamados chalecos amarillos —la prenda fluorescente de emergencia que debe estar en todos los vehículos— desafiaron de nuevo ayer al gobierno francés con una manifestación que terminó con desórdenes públicos graves y una sensación de descontrol poco habitual en la capital francesa.

El presidente Emmanuel Macron, que se encontraba ayer en Argentina en la cumbre del G-20, aseguró indignado que "lo que sucedió en París no tiene nada que ver con la expresión pacífica de una queja legítima" y rechazó la violencia: "Nada justifica que las fuerzas de seguridad sean atacadas, los negocios sean saqueados y edificios públicos o privados sean dañados, que transeúntes o periodistas sean amenazados. Los culpables de esta violencia no quieren ninguna reforma, sólo quieren el caos", declaró el presidente francés, en una conferencia de prensa como parte de las últimas actividades del G-20.

El presidente galo sigue sin encontrar la fórmula para desactivar una revuelta cuyo grito más extendido va contra él: "Macron, dimisión". No sirvió de nada su discurso el martes con propuestas vagas para abordar la suba del precio de los combustibles. "Convoqué para mañana (hoy), cuando vuelva, una reunión interministerial con los servicios competentes. Respetaré siempre las críticas, escucharé siempre a los opositores, pero nunca aceptaré la violencia", agregó Macron en una conferencia de prensa.

Unos 5.000 policías usaron ayer gases lacrimógenos y cañones de agua contra cientos de manifestantes que, desde horas tempranas, quemaron maderas, autos —incluidos patrulleros—, rompieron vidrieras y saquearon locales de ropa y bancos, derribaron rejas de los famosos Jardines de las Tullerías y hasta hicieron pintadas en uno de los monumentos parisinos más emblemáticos como el Arco del Triunfo.

Al caer la noche, los focos de incendio, saqueos y corridas aún dominaban algunos barrios parisinos —donde más de una veintena de estaciones del metro fueron cerradas— y hasta se habían extendido a otras partes del país como la región de Haute Loire, donde la máxima sede policial fue atacada por manifestantes con chalecos amarillos, la indumentaria utilizada como símbolo en este movimiento de protestas.

Además de los revoltosos, la policía de París informó que 17 oficiales fueron heridos en los disturbios, que empezaron cuando los manifestantes quisieron llegar hasta el Arco del Triunfo, el famoso monumento situado en uno de los extremos de la avenida de los Campos Elíseos, y fueron reprimidos tras intentar forzar un control policial.

Hachas y martillos

La turba, entre los que había varios encapuchados con hachas y martillos, apiló maderas sobre la icónica avenida y las prendió fuego, apenas una de las 15 enormes fogatas que encendieron en las calles de la ciudad. La policía trató de dispersar la revuelta mediante el uso de gases lacrimógenos y con cañones de agua mientras se atajaba con sus escudos de las piedras que le arrojaban.

Uno de los momentos más tensos fue cuando un grupo de personas con chalecos amarillos removieron las vallas que protegen la Tumba del Soldado Desconocido, el cenotafio en honor a los militares muertos en la Primera Guerra Mundial, y escribieron en las paredes del Arco del Triunfo un grafitti que decía: "Los chalecos amarillos triunfarán", además de otras amenazas y expresiones vulgares. Más tarde, un grupo de manifestantes logró subir a la azotea del Arco del Triunfo —que hoy quedará cerrado al público—, mientras los disturbios se extendían a otros barrios donde hubo saqueos de tiendas de ropa de lujo y autos y patrulleros incendiados desde los que se elevaban gruesas columnas de humo negro. La policía evacuó y clausuró las famosas Galerías Lafayette, Printemps Haussmann, cerca de la Opera de París, unos cinco kilómetros al noreste del Arco del Triunfo. Sin embargo, no logró evitar que algunas de las tiendas más famosas y caras de esa zona fueran saqueadas. En total, el gobierno estimó que unos 5.000 manifestantes salieron a las calles en París y 75.000 en todo el país en este tercer sábado consecutivo de protestas, una cifra mucho menor a los más de 280.000 que marcharon hace dos semanas a lo largo y ancho del territorio.

Las protestas se iniciaron hace tres semanas por la quita de subsidios a los impuestos al combustible, pero se han ampliado a la disminución del poder adquisitivo de las clases medias rurales. Voceros del movimiento anunciaron ayer que las protestas continuarán los próximos sábados, pese a la violencia de estas horas y de que dos personas murieron y otras mil resultaron heridas en las primeras dos semanas.

El movimiento, unos de los mayores desafíos que enfrenta Macron desde su asunción en mayo de 2017, empezó a gestarse en octubre por medio de las redes sociales, como una queja por el precio del diésel, cuyas tasas no dejaron de aumentar hasta equiparse casi a la nafta. No es una cuestión técnica. Para millones de franceses que viven en ciudades pequeñas y medianas, el automóvil es una herramienta de trabajo. Cada aumento (habrá otro en enero) supone una carga onerosa para automovilistas a los que les cuesta llegar a fin de mes. La finalidad medioambiental de las tasas —se trata de disuadir del uso de energía contaminante— no los convence. La ven como un agravio, una muestra más de la desconexión de la Francia de las ciudades globalizada.

El principal sindicato de la policía francesa, la Alianza de la Policía Nacional, denunció una situación insurreccional y exigió la declaración del estado de emergencia en el país, luego de una nueva jornada de protestas.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario

script type="text/javascript"> window._taboola = window._taboola || []; _taboola.push({flush: true});