Elecciones en Brasil

Bolsonaro, la derecha primitiva que siempre estuvo y la triste decadencia del PT

Los sondeos marcan que el candidato de la derecha brasileña tiene un margen de ventaja sobre el candidato del PT.

Sábado 06 de Octubre de 2018

Según los últimos sondeos, hoy en Brasil Jair Bolsonaro saldría primero con hasta 39% de votos, descontados los nulos y blancos. Más allá de lo que ocurra en la segunda vuelta del 28 de octubre, el fenómeno Bolsonaro debe analizarse en sí mismo y detenidamente. Ni el capitán Bolsonaro salió de la nada, ni el populismo es monopolio de la derecha, como dan a entender no pocos medios internacionales. Bolsonaro representa a una tradición derechista brasileña que se remonta a la larga dictadura brasileña (1964/85) y la base social y política que la respaldó todo ese tiempo, y suma ahora el apoyo activo de las iglesias evangélicas, que cuentan con una masiva bancada en el Congreso. Imposible medir, por ejemplo, cuántos votos vale el reciente apoyo público del fundador de la Iglesia Universal del Reino de Dios.
La extraña praxis político-corporativa brasileña agrega otras bancadas: el cartel legislativo de los intereses agropecuarios, que suma media Cámara de Diputados y se pasó sin rubor del centrista Geraldo Alckmin a Bolsonaro. Luego está el Frente Parlamentar da Segurança, mucho más conocido como "la bancada de la bala", portentoso en número de diputados (306), y, no hace falta aclararlo, fanático de la "mano dura" contra los delincuentes. En fin, no debe olvidarse a la "familia militar": las FFAA mantienen en Brasil un peso gravitante. Además del vice de Bolsonaro, el general Hamilton Mourao, muchos otros altos mandos trabajan en su equipo y hay unos 25 en distintas fórmulas presidenciales o como candidatos a gobernador.
Hay que concluir que Bolsonaro debe estar atrayendo a parte de ese voto centrista, del elector convencido de que su fascismo es de cartulina
Esta figuración pública de los militares y su vigencia como factor de poder, y más en general, la existencia de una derecha muy fuerte en votos y legisladores, no es solo algo propio de Brasil. Lo mismo ocurre en muchos otros países latinoamericanos: Chile, Paraguay, Perú son ejemplos entre muchos otros. El espacio público y político que mantienen en estas sociedades las derechas de viejo estilo a veces soprende. Mientras en Chile la derecha del presidente Sebastián Piñera se ha pulido y evolucionado, el fujimorismo peruano es tan rústico y populista como puede imaginarse y temerse. Tiene la primera bancada en el Congreso unicameral y Keiko Fujimori llegó al ballottage dos veces seguidas. En Colombia, el "uribismo" acaba de volver al poder con el presidente Iván Duque, impulsado por la pésima impresión que causó en Colombia el acuerdo de paz con las Farc. En suma, la derecha no es un fenómeno nuevo, simplemente, luego del auge de las izquierdas en la región y de su magro o pésimo balance, el péndulo va para el otro lado. Brasil es un caso de manual de este fenómeno.

En el clima de crispación que instaló la crisis económica que estalló con Dilma ya a fines de su primer mandato, más el escándalo del Lava Jato, hoy el voto centrista ha colapsado. En 2014 el PSDB, con Aecio Neves, sacó 33% en el primer turno; hoy Geraldo Alckmin llega a las elecciones con apenas 8%; esos electores se fueron a alguna parte o están indecisos; no se los "ve" votando a Fernando Haddad con un PT teledirigido por Lula desde la celda y dominado por los sectores radicalizados. Hay que concluir que Bolsonaro debe estar atrayendo a parte de ese voto centrista, del elector convencido de que su fascismo es de cartulina, que no tendrá ni remotamente mayoría en el Congreso y que, después de todo, tiene el programa económico correcto: privatizaciones, reforma del sistema jubilatorio, etc. El miércoles, el diario O Estado de Sao Paulo informaba de este fenómeno, indicando que incluso candidatos locales del PSDB de Alckmin se mostraban en campaña junto a hombres del capitán. Hay que presumir que Bolsonaro recabará mucho voto "vergonzante", de electores centristas educados que callan en los sondeos y en su círculo social.
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Apoyo. Simpatizantes de Bolsonaro en una marcha en Río de Janeiro el fin de semana pasado.
Apoyo. Simpatizantes de Bolsonaro en una marcha en Río de Janeiro el fin de semana pasado.

Del otro lado, el PT no deja de romper récords de demagogia y desprecio por el elector. Su retórica cada vez más elemental y maniquea es un índice de adónde apunta en las urnas. Su ya crónico desprecio por las instituciones, con una retórica que denuncia "golpes" y "farsas judiciales", se ha alejado del votante centroizquierdista de las grandes ciudades del Sur, que se ve más reflejado por Ciro Gomes. El PT hoy parece respaldado por el voto de las clases más pobres de las grandes ciudades y de su gran yacimiento electoral, el Nordeste. Haddad fue elegido candidato por descarte: es de los pocos dirigentes de primera línea del PT con la "ficha limpia". A la vez, su historia personal, su personalidad moderada y su formación académica, chocan con el tono crispado y panfletario de la campaña petista. Esa mala combinación parece haberle restado empuje en los días finales y decisivos previos al voto.

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