El Mundo

Bolsonaro: el verdadero desafío será la economía y no la ideología

La atención se centra en su carácter rupturista de "ultraderecha" y su campaña contra la "basura marxista".

Domingo 13 de Enero de 2019

El gobierno de Jair Bolsonaro da sus primeros pasos. Previsiblemente, la atención se centra en su carácter rupturista de "ultraderecha" y su campaña contra la "basura marxista". Fraseología de campaña que haría bien en archivar: tiene que gobernar un país con 210 millones de personas lleno de problemas. Por esto, no es tanto su conservadurismo cuartelero y de predicador evangélico el que debe estar bajo análisis. La economía y sus cambios, y sus crisis, son, como siempre, la causa y explicación de estos fenómenos populistas, así como de las crisis políticas que desembocan en ellos. Y la gestión de Bolsonaro será un éxito o un fracaso según el rendimiento que logre la economía brasileña bajo su mandato, no si mata más narcos s o si impone sus criterios morales ultraconservadores a la sociedad brasileña.

Bolsonaro parte con una ventaja. Brasil no tiene un problema que está devastando a la economía argentina: la inflación. Desde que el Plan Real del entonces ministro Fernando Hernrique Cardoso frenó a la inflación brasileña a fines de 1995, esta se ha mantenido en niveles bajos, casi de Primer mundo, salvo ocasionales llamaradas bajo el PT. La inflación de 10,67 por ciento en 2015, con Rousseff bajó a 6,29 por ciento en 2016 con Temer y a sólo 2,95 por ciento en 2017. En 2018 la inflación siguió baja pero con un leve repunte: 3,86 por ciento en todo el año. Este índice es lo que subió la inflación en Argentina en un solo mes "caliente" de 2018.

A diferencia del perdurable esquema de Cardoso, en Argentina el esquema antiinflacionario, la Convertibilidad, duró apenas una década y estalló con efectos devastadores. Después, Argentina simplemente volvió a la inflación alta. Argentina se acostumbró desde el lejano 2006 a vivir con una inflación de dos dígitos. Un caso casi único en el mundo, por fuera de Venezuela y de naciones en guerra.

Esta estabilidad brasileña lleva a que el inversor extranjero "hunda" allí 60.000 millones de dólares en 2017 y 58 mil millones en el tumultuoso y recesivo 2016 (datos del centro de estudios de Santander Río). Argentina logró atraer apenas algo más de 3000 millones en 2016 y superó los 11 mil millones en 2017. A la vez, Brasil cerró 2018 con un superávit comercial de algo más de 58 mil millones de dólares. Más ventajas a favor de Brasil y Bolsonaro.

El brasileño eligió de entrada, mucho antes de la campaña electoral, a un equipo económico y un programa decididamente liberales, algo totalmente atípico para un populista de manual como él. No será fácil el desafío del ministro Paulo Guedes. Brasil tiene la ventaja de que no depende de los mercados internacionales de deuda— nadie mira el riesgo-país, nadie lo conoce— , pero tiene un déficit fiscal enorme, de 7 por ciento del PBI, y un gasto del Estado que roza o supera, según el año, el 40 por ciento del PBI. Reducir ese nivel en unos 10 puntos será el desafío de fondo de Guedes y Bolsonaro, mucho más que sus luchas contra la "ideología de género" y la comunidad LGTBI. El déficit, en números concretos, es de 153 mil millones de reales, algo más de 40 mil millones de dólares. De nuevo, tener un mercado de capitales doméstico le da la ventaja estratégica de tomar deuda casera en lugar de verse forzado a emitir dinero sin respaldo o ir a buscar deuda en divisas en el exterior para cubrir el gasto corriente, las dos alternativas de las que abusó Argentina y que ya agotó. Además, Temer le deja a Bolsonaro el camino de reformas ya abierto, como el techo del gasto público impuesto en diciembre de 2016 con rango constitucional. El nudo gordiano es el del sistema de jubilaciones y pensiones. Los estatales se llevan en promedio una jubilación ocho veces mayor que la del sector privado. El proyecto de reforma apunta a crear un régimen de capitalización privado, es decir, algo similar a lo destruido en Argentina por el kirchnerismo.

Competividad y China

Como factor de fondo, Brasil tiene problemas propios de la época: la famosa industria paulista ya no es tan competitiva fuera del Mercosur y cada vez resiste menos el asalto de los productos asiáticos. Un estudio de la Confederación Nacional de Industrias de Brasil (CNI), citado por Informe Industrial, señala que el 45 por ciento de las empresas brasileñas que compiten localmente perdieron en los últimos cuatro años ante China, mientras que el 67 por ciento de los exportadores resignó clientes a manos chinas.

Tal vez la opción por EEUU de Bolsonaro no sea solo ideológica, sino que vea en esa alianza mejores perspectivas. El experimentado diplomático Thomas Shannon señaló hace poco: "Si bien es importante venderle materias primas a China el tipo de relación que se puede tener con EEUU ofrece mucho más para el futuro de Brasil". China le compra a Brasil solo materias primas: mineral de hierro, soja y otros commodities, EEUU se ofrece en cambio como un socio más polivalente y con mercados mucho más diversificados, con consumidores famosos por tener una billetera virtualmente sin fondo.

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