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Bolivia: el MAS, ante la oportunidad de superar el caudillismo vitalicio de Evo

Los 16 años de poder de Morales presentan numerosos actos de violencia institucional y desconocimientos de la Constitución. La crisis del año pasado es resultado de esa conducta. Ahora el presidente electo y su partido tienen la chance de dejar atrás esa etapa

Lunes 19 de Octubre de 2020

En noviembre de 2007, entre disturbios violentos que dejaron tres muertos y cientos de heridos, se aprobaba en un cuartel militar de Sucre la nueva Constitución boliviana. Solo con el voto a mano alzada de los constituyentes del oficialismo de Evo Morales, 136, y con la ausencia del resto, los 117 de la oposición. No hubo así mayorías holgadas ni calificadas. La lectura detallada, articulo por artículo, de la nueva Carta Magna, nunca se hizo. Luego se haría una aprobación general en Oruro, muy objetada. Fue la primera violencia institucional grave de Evo Morales, que había asumido en enero de 2006. Luego, con el paso de los años vinieron otras, como la presentación de su candidatura pese a no estar autorizado por aquella Constitución que hizo votar en un cuartel militar. Para esto, debió cooptar al Tribunal Constitucional, que hizo una interpretación grotesca de los periodos presidenciales para otorgarle un tercero. Luego vino la búsqueda de un aval popular para un cuarto período, algo que Morales no logró al perder el referendo de 2016. Entonces tocó nuevamente la puerta del Constitucional, que, por supuesto, lo habilitó con argumentos "jurídicos" dignos de un humorista televisivo. Acá está la raíz de la crisis política boliviana todavía en curso.

En las elecciones del 20 de octubre de 2019, y con un candidato opositor bien consolidado, Carlos Mesa, que atraía casi todo el voto opositor, claramente Morales no ganó. Esa noche se interrumpió el escrutinio rápido oficial, con el 83% de votos contados y con Mesa al frente. Se retomó al otro día con los candidatos en posiciones invertidas. Morales, declaró el tribunal electoral, había ganado, sin dar explicaciones de cómo se había producido el "sorpasso" en plena madrugada. El evidente fraude fue el disparador de la rebelión general, que derivó en violencias de ambos bandos, en el abandono de la policía de la custodia de las calles y finalmente en la renuncia de Morales. Vale poner la lupa en el 10 de noviembre, último día de Morales como presidente. Ese día, finalmente admitió convocar a la segunda vuelta que le pedían la OEA y la UE desde el lunes 21 de octubre, ante la irregularidad evidente de las elecciones del día anterior. Esta fue probada definitivamente ese crucial 10 de noviembre con la presentación de una auditoría electoral de la OEA, hecha a pedido del propio Morales. Se basaba en multitud de denuncias documentadas por los veedores y en el escandaloso escrutinio, entre otras pruebas. Por eso, Evo admitió muy tardíamente convocar a la segunda vuelta. Pero el deterioro del clima social y político y de su figura ya eran irremontables. A la rebelión policial se sumó una declaración de la cúpula militar. Por televisión, los comandantes de las FFAA y de la Policía Nacional "sugirieron" al presidente Morales que renuncie. No se veía en América latina a un comandante de las FFAA pedirle la renuncia a un presidente constitucional hacía décadas. Un delito claro de alzamiento contra la Constitución. Pero no alcazaba a ser un "golpe de Estado": los generales hablaron con la crisis consumada, no sacaron ni un tanque ni un soldado a la calle. Evo entonces se refugió en el Chapare y pocos días después partió para México. Aprovechando la ilícita declaración militar, se presentó desde entonces como víctima de un golpe. Pero él es el autor de la larga serie de irregularidades institucionales que acá se mencionaron muy sumariamente y que llevaron finalmente a la crisis de octubre/noviembre de 2019. La renuncia de Evo liberó una dinámica de renovación en el MAS. "Nos llamaban para votar lo que ellos ordenaban" denunció un legislador masista, libre finalmente del yugo presidencial. De esta rebelión por ausencia del jefe y su corte, surgieron Eva Copa, titular del Senado, el diputado Henry Choque y otros, que acordaron las leyes necesarias con el gobierno interino de Jeanine Añez y que implicaban apartar a Evo Morales de una candidatura. Uno de estos legisladores rebeldes recordó que el último gabinete de Evo tenia un solo indígena: el presidente. El canciller Choquehuanca, hoy vicepresidente electo, fue uno de los purgados por el círculo íntimo de Evo y García Linera. Coquehuanca perdió la primaria ante Luis Arce, el presidente electo.

Arce, un economista formado, fue el ministro de Economía durante los 14 años de presidencia de Evo, salvo un período en el que debió pedir licencia médica. A diferencia de lo hecho por Chávez y Maduro, Morales y Arce hicieron una buena gestión, montada en el auge de las materias primas que benefició a toda America latina. Pero este beneficio venido de afuera no quita méritos a Morales y Arce, que evitaron radicalizaciones improductivas como las del chavismo. Por ejemplo, la llamada "nacionalizacion de los hidrocarburos" anunciada en mayo de 2006 por Evo no fue tal, sino una reformulacion forzada de los abusivos contratos de las petroleras multinacionales firmados bajo la presidencia de Sánchez de Lozada. Muchas aceptaron las nuevas condiciones y otras, pocas, no y se fueron. Pero el tratamiento dado a las "multis" estuvo a años luz de las imprudentes y brutales nacionlalicazciones de Chávez. Las diferencias están a la vista. Bolivia es un confiable proveedor de gas natural y minerales, mientras que Venezuela, con enormes reservas de crudo, debe importar nafta y petróleo porque su empresa etatal PDVSA está paralizada hace años, desde mucho antes de las sanciones de Trump (las de Obama eran ad personam y no afectaban el desempeño económico de Venezuela, que sin embargo ya estaba postrada por la hiperinflación y el desmanejo de una economía casi totalmente estatizada y pésimamente gestionada).

Ahora en Bolivia se abre un nuevo período. La crisis del año pasado forzó al MAS a hacer este domingo lo que debió hacer mucho antes: dejar de violar la Constitución con el aval del Tribunal Constitucional y presentar nuevos candidatos. El MAS y Bolivia se hubiesen ahorrado un año de crisis y decenas de muertos. Se verá con el transcurrir de la gestión de Arce si este tiene peso propio o si es el mero delegado de Evo Morales.

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