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Bielorrusia: obligan a confesar falsos crímenes a un opositor detenido

El periodista Roman Protasevich, opositor al régimen de Lukashenko, apareció en la TV demacrado y entre lágrimas para mostrarse "arrepentido de sus crímenes"

Viernes 04 de Junio de 2021

Roman Protasevich se hizo famoso cuando, el pasado 23 de mayo, Bielorrusia desvió el avión en el que viajaba este joven periodista, que inmediatamente fue arrestado. Fue un verdadero acto de piratería aérea, dado que el avión no viajaba a Bielorrusia, sino que atravesaba su espacio aéreo de manera regular.

Este jueves, Protasevich apareció en la televisión bielorrusa "confesando" haber organizado protestas contra Lukashenko y elogiando a su carcelero. La familia del joven Protasevich así como la oposición que aún existe en Bielorrusia aseguran que fue sometido a torturas hasta que quebraron su voluntad. El episodio recuerda a las autoinculplaciones de las víctimas del dictador soviético Josef Stalin.

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Protasevich, director de la publicación opositora bielorrusa NEXTA, cuya detención fue posible el pasado 23 de mayo gracias a que el presidente Alexander Lukashenko forzó el aterrizaje en Minsk del avión en el que volaba, aduciendo una inexistente alarma de bomba, apareció en una falsa entrevista de hora y media de duración en el canal bielorruso ONT "reconociendo" que efectivamente "instigó la protestas" del año pasado, como si estas hubieran dependido totalmente de la voluntad del joven de 26 años o como si llamar a protestar contra un fraude electoral masivo como el que cometió en 2020 Lukashenko fuera un delito. Fue este fraude electoral el que desencadenó las protestas, brutalmente reprimidas por Lukashenko, quien fue apoyado por su poderoso vecino, el ruso Vladimir Putin.

Lukashenko gobierna con puño de hierro desde 1994. Se opuso a las reformas del sistema comunista heredado de la era soviética.
Lukashenko gobierna con puño de hierro desde 1994. El año pasado perdió las elecciones, pero cometió fraude masivo y encarceló y deportó a los ganadores. 

Lukashenko gobierna con puño de hierro desde 1994. El año pasado perdió las elecciones, pero cometió fraude masivo y encarceló y deportó a los ganadores.

Es una escenificación realmente chocante, Protasevich aparece ante las cámaras muy demacrado y con lágrimas en los ojos, asegurando estar "arrepentido" de haber tomado parte en la organización de las movilizaciones contra Lukashenko. Según sus palabras, el objetivo que persigue la oposición, empezando por los dirigentes exiliados en el extranjero, es "provocar el colapso económico del país mediante sanciones e instigar mayores disturbios a causa del hambre, a causa de la falta de alimentos". Una repetición lineal de la retórica de la dictadura de Lukashenko.

El conocido periodista y bloguero anunció que "quiero hacer todo lo posible para corregir mis errores". Otra frase clave, que evidencia que ha sido sometido a fuerza de interrogatorios, amenazas y casi seguramente torturas."Admito abiertamente que fui una de las personas que llamó a la gente a salir a la calle el día 9 de agosto (de 2020). Tan pronto como me presentaron los documentos y me acusaron, me reconocí culpable de inmediato", aseguró. Admitió además que sus llamamientos de entonces y del resto de la oposición "condujeron a disturbios descontrolados y a tres días de caos total".

Protasevich dijo que "estoy casi seguro de que me condenarán públicamente y las manifestaciones en mi apoyo no servirán para nada". A tono con las denuncias del régimen, dijo que "las protestas en Minsk del verano pasado fueron coordinadas a través de un chat secreto", supervisado por él mismo, por el fundador de NEXTA, Stepán Putilo, por el asesor de la líder opositora, Svetlana Tijanóvskaya, Franak Viachorka, y por el científico Artiom Shraibman.

Al mismo tiempo, el periodista sostiene que no tuvo nada que ver con el canal de Telegram "Black Book of Belarus", que publicó datos personales de las fuerzas de seguridad bielorrusas implicadas en la represión de las protestas. Su novia, la ciudadana rusa Sofía Sapega, que fue detenida junto con él tras el secuestro del avión, está en la mira de la Justicia bielorrusa precisamente por estar supuestamente detrás del desenmascaramiento de los agentes que llevaron adelante la feroz represión. Protasevich, finalmente, dijo ser consciente "de mi responsabilidad en lo ocurrido" y estar dispuesto a hacer frente a las consecuencias. Reconoció que criticó mucho a Lukashenko, "pero, cuando me involucré más en temas políticos, comencé a entender que (Lukashenko) estaba haciendo lo correcto y ciertamente lo respeto". Una rendición en tota la línea de quien era hasta su detención un frontal crítico del régimen de Lukashenko y su sistema represivo.

"Lo torturaron, lo quebraron"

Además de ser totalmente increíble, la falsa entrevista fue desmentida por el padre del joven periodista, Dmitri Protasevich, quien declaró que la confesión de su hijo y la entrevista en general "ha sido resultado de abusos, torturas y amenazas. Conozco muy bien a mi hijo y creo que nunca diría esas cosas (...) lo quebraron y lo obligaron a decir lo que necesitaban", recalcó.

Franak Viachorka, asesor de la opositora Tijanóvskaya, también cree que hubo torturas para obligar a Protasevich a decir lo que dijo. "Mi impresión es que fue un interrogatorio, no una entrevista (...) tenemos a dos personas diferentes, a Román antes del arresto y a Román en manos del KGB bielorruso, que se diferencian hasta en la forma de hablar y el vocabulario". Efectivamente, el Protasevich de la "entrevista" repite todos los tópicos del régimen de Lukashenko contra la oposición, acerca de complots y tramas siniestras contra la nación.

A juicio de Viachorka, "su forma de hablar era la misma que ya hemos escuchado tantas veces a otros presos políticos que se derrumbaron y confesaron lo que hiciera falta. Yo ni siquiera entraría en el contenido de la entrevista de Protasevich, lo que hemos visto y escuchado es a un rehén del régimen, no sabemos el alcance real de las amenazas que ha sufrido".

Todo el episodio recuerda los siniestros juicios de las purgas estalinistas, en los que los presuntos culpables lloraban de arrepentimiento mientras admitían los supuestos crímenes de que los acusaba el régimen del dictador soviètico. Pese a esto, muchos no podían impedir el pelotón de fusilamiento. Y Protasevich vive bajo amenaza de muerte: los cargos de los que se lo acusa pueden ser penados con la muerte. Y nada casualmente, Lukashenko gobierna con puño de hierro Bielorrusia desde el lejano 1994. Fue un alto funcionario en tiempos soviéticos. En 1990, como diputado, fue de los que se opuso a la disolución de la URSS.

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