Lunes 14 de Diciembre de 2009
El premier italiano Silvio Berlusconi sufrió heridas de cierta consideración al ser atacado por
un perturbado mental durante un acto proselitista en Milán. El atacante, Massimo Tartaglia, de 42
años y desde hace 10 bajo tratamiento psiquiátrico, no tiene antecedentes penales ni militancia
política alguna. Berlusconi se recuperaba anoche del ataque en un hospital. La agresión, según se
vio en imágenes de TV, le lesionó severamente la boca.
En una primera versión de los hechos se dijo que Berlusconi había
recibido un puñetazo, aunque finalmente se informó que fue alcanzado por un objeto contundente
lanzado por el agresor. El primer ministro, sangrando copiosamente por la boca y con la expresión
desencajada, fue introducido en un auto por sus escoltas, mientras el agresor era detenido. Pero
poco después Berlusconi salió del auto y se puso de pie en el estribo, tal vez para tranquilizar a
sus seguidores. Estos trataron de linchar al atacante, el que fue salvado por la policía, según el
relato de varios presentes. El ataque ocurrió cuando Berlusconi presidía un acto partidario en la
plaza más céntrica de Milán, frente a la catedral. El premier fue trasladado al hospital San
Rafael, de Milán. Sufrió la rotura de varios dientes del maxilar inferior y algunos cortes en la
cara y pasará 24 horas en observación, según fuentes médicas.
La condena del mundo político italiano no se hizo esperar. Giorgio
Napolitano, el presidente de la república —que tiene un rol institucional por encima de los
partidos políticos— formuló la “más firme condena del grave gesto de agresión” en
contra del premier, al que envió su “personal solidaridad”. El jefe del Estado lanzó
luego una “neta y renovada apelación para que toda confrontación política e institucional sea
conducida en los límites del autocontrol responsable y de la confrontación civilizada, previniendo
todo impulso y espiral de violencia”. En contraste, el titular de la Liga Norte, Umberto
Bossi, el principal aliado de Berlusconi, calificó el ataque como “un acto de terrorismo. Ya
se percibía un clima pesado desde hace tiempo. Lo que pasó es una señal preocupante”. Por
esto, su partido, que ya ha puesto en acción patrullas civiles en las ciudades para prevenir el
delito, “se moviliza y se prepara para combatir contra todo riesgo de terrorismo”.
En un tono mucho más mesurado, Piero Bersani, titular del Partido
Demócrata, el principal de oposición, dijo que era un “gesto incalificable” el ataque a
Berlusconi. Y Gianfranco Fini, titular de la Cámara de Diputados y aliado crítico de Berlusconi,
afirmó: “Es un feo día para Italia y para todas las fuerzas políticas que tienen el deber de
hacer que el país no reviva los años de violencia”, en referencia al terrorismo de los años
70.
Clima de crispación. Es que la agresión sufrida por Berlusconi se da en un contexto de creciente crispación de la vida política italiana. El 13 de diciembre, la oposición más radicalizada realizó una marcha bajo el lema “No a Berlusconi”, en reclamo de su dimisión. En los últimos años se ha dado un crecimiento de las llamadas “franjas extremas” de la izquierda extraparlamentaria. Entre ellas, los servicios de inteligencia han detectado movimientos que pueden derivar en acciones terroristas. Y todos en Italia tienen presente la inesperada reaparición de las “nuevas Brigadas Rojas” a inicios del siglo, con el asesinato de dos eminentes especialistas en derecho laboral de la centroizquierda.