El Mundo

Bachelet, impulsora de reformas progresistas, deja el poder en Chile

La gobernante socialista implementó un ambicioso programa político y social, con resultado dispar. Un caso de corrupción familiar dañó su imagen.

Domingo 11 de Marzo de 2018

Michelle Bachelet concluye hoy su segunda gestión como presidenta de Chile tras cuatro años en los que su gobierno izquierdista logró impulsar reformas progresistas en temas como el aborto en un país que, sin embargo, decidió devolverle el poder a la centroderecha en medio de una desaceleración económica y escándalos familiares que dañaron su imagen. Tal como ocurrió al final de su primer mandato (2006-2010), Bachelet, que goza de un 39 por ciento de aprobación, entregará hoy el Ejecutivo a Sebastián Piñera, un multimillonario empresario que prometió fortalecer la economía chilena. Bachelet, quien dijo que no abandonará su actividad política, dejará el poder con su coalición política de izquierda, Nueva Mayoría, desgastada y dividida. Cuando deje el mando partirá la última autoridad femenina de América y a diferencia de sus otroras colegas, no enfrenta acusaciones judiciales, como la ex presidenta argentina Cristina Fernández, que tiene dos causas por corrupción, y la ex mandataria de Brasil, Dilma Rousseff, destituida por alterar cuentas fiscales.

Escándalo

Su gobierno quedó marcado por un hecho familiar: su nuera Natalia Compagnon y su hijo mayor, Sebastián Dávalos, fueron investigados judicialmente por un negocio inmobiliario legítimo aunque poco ético, que derivó en otras indagaciones por fraude tributario y uso de facturas falsas. La fiscalía dijo que investigará a Dávalos por supuesto fraude a un empresario. Bachelet no fue acusada de ninguna irregularidad en torno al caso de su hijo y su nuera, aunque su imagen quedó dañada por lo que varios consideraron un manejo inapropiado del caso. El hecho marcó una drástica caída en la aprobación de la mandataria, quien nunca logró recuperar sus niveles anteriores de aceptación. El caso estalló en febrero de 2015, cuando estaba de sus vacaciones en una isla del sur chileno. La mandataria no suspendió su descanso y al regresar a Santiago dijo que sólo se enteró por la prensa del caso que afectaba a su familia, lo cual desató una andanada de críticas. El sociólogo y analista político Miguel Zlosilo dijo que con esa declaración Bachelet "acabó su capital político, lo liquidó".

Su gobierno alcanzó éxitos impensados en 2010 —cuando nació un movimiento estudiantil que se tomó las calles chilenas— como favorecer con educación gratuita al 60 por ciento de los estudiantes universitarios de sectores más pobres y aumentar fuertemente las guarderías infantiles para sectores pobres y de ingresos medios. Bachelet intentó sepultar así el sistema educativo impuesto por la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990), que mercantilizó la educación. Inicialmente aspiraba al 100 por ciento de gratuidad universal para los estudiantes universitarios, pero una desaceleración económica por la fuerte caída en los precios del cobre, su principal producto de exportación, se lo impidió. Zlosilo señaló que antes de la gratuidad al 60 por ciento de los más pobres, en Chile un 40 por ciento de ese mismo grupo era financiado con becas y otros subsidios, algunos de los cuáles debían devolver a largo plazo. Bachelet impulsó cinco reformas estructurales: tributaria, educacional, constitucional, una laboral y una previsional. Según Zlosilo, la reforma tributaria "es un objetivo a medias porque no se lograron las metas de recaudación", que eran llegar a un 3 por ciento del PIB. La educacional está aún a medio camino, porque siguen los préstamos bancarios para pagar la educación, la gratuidad no es universal y falta mucho que avanzar en el aspecto de la calidad.

Reforma constitucional

Y apenas cinco días antes de dejar el poder envió un proyecto de nueva Constitución al Congreso, aunque es improbable que avance con Piñera. Cristóbal Bellolio, de la escuela de gobierno de la universidad Adolfo Ibáñez, dijo que el proyecto tendrá poco destino, porque la coalición de izquierda es minoría legislativa y "la derecha no considera que necesitemos una nueva Constitución".

En un país considerado bastante conservador, dos de los mayores éxitos de Bachelet fueron el acuerdo que permite la unión legal de parejas del mismo sexo sin ser un matrimonio, y la despenalización del aborto por tres causas (inviabilidad del feto, violación y peligro de muerte de la madre). Cerca de su aprobación quedó la Ley de Identidad de Género, que permitirá a los transgéneros mayores de 18 años solicitar en el Registro Civil el cambio de nombre y sexo en su partida de nacimiento. Una comisión mixta de diputados y senadores debe dirimir las diferencias entre las dos cámaras centradas básicamente en qué pasa con los menores de edad. Una comisión mixta resolverá el tema en el próximo gobierno. Lo que hizo Bachelet en cuanto a las reformas progresistas, consideró Bellolio, fue "cobrar victorias que de una u otra manera estaban aseguradas". La opinión pública chilena estaba lista para algunos de esos cambios, según mostraban diversas encuestas en las que se evidenciaba un importante apoyo al aborto por tres causales y a la unión legal de personas del mismo sexo. "Bachelet logró más cambios culturales que reales", dijo Zlosilo.

Bachelet fue criticada por no aprovechar la mayoría que tuvo en el Senado y la Cámara de Diputados para haber enviado antes los proyectos más difíciles de aprobar, como el de la gratuidad de la enseñanza, a la que se opone Piñera. La mancha en el gobierno estuvo en el área económica, que además de la baja del cobre, enfrentó una baja en las inversiones internas y una desaceleración generalizada que llevó a que el PIB chileno creciera apenas en torno al 1,8 por ciento en esta gestión, el menor de todos los gobiernos democráticos desde el fin de la dictadura en 1990. Una reciente alza en el cobre y una agilización en la actividad minera interna hizo que varios sectores vean con buenos ojos los inicios del gobierno de Piñera, cuya principal promesa es retomar el crecimiento.

Un millar de invitados asistirán a la ceremonia de investidura

Un millar de invitados participarán hoy en la ceremonia de cambio de gobierno en Chile, en la que el conservador Sebastián Piñera asumirá la presidencia de su país para los próximos cuatro años. Entre las personalidades que asistirán a la ceremonia figuran el rey emérito de España Juan Carlos I, los presidentes de Argentina, Mauricio Macri; del Perú, Pedro Pablo Kuczynski; de Bolivia, Evo Morales; del Ecuador, Lenin Moreno, y el de Honduras, Juan Orlando Hernández, entre otros. La delegación estadounidense, en tanto, estará encabezada por el secretario de Salud y Servicios Humanos Alex Azar, según confirmó ayer la Casa Blanca mediante un comunicado. Con Azar estará la embajadora estadounidense en Chile, Carol Z. Pérez.

   Uno de los ausentes en la cita será el presidente venezolano Nicolás Maduro, quien justificó su inasistencia debido a una gira pendiente a Asia. Su decisión fue celebrada transversalmente por dirigentes políticos chilenos que incluso habían pedido al Ministerio de Relaciones Exteriores que le cancelaran la invitación.

   Piñera, un acaudalado empresario de 68 años, asumirá así por segunda vez la presidencia de la nación sudamericana de unos 17 millones de habitantes. La primera fue entre 2010 y 2014. Entre sus propuestas están reactivar una economía estancada que, en su opinión, le deja de herencia la administración de la presidenta Michelle Bachelet; crear 600.000 empleos de calidad, elevar los salarios y transformar Chile en un país desarrollado y sin pobreza.

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