"Argentina debe volver a la normalidad"
Emilio Cárdenas, ex embajador ante la ONU, señala los límites del pago al Club de París. Para el ex embajador ante la ONU, "Argentina tiene que volver a la normalidad" en el ámbito financiero internacional.

Domingo 07 de Septiembre de 2008

"El mundo no le sonríe a nadie que se muestre heterodoxo" señala Emilio Cárdenas cuando se lo consulta sobre los pesares del gobierno en el frente externo financiero. Para el ex embajador ante la ONU, "Argentina tiene que volver a la normalidad" en el ámbito financiero internacional. Cárdenas vino a Rosario para participar de un ciclo de conferencias organizado por la Fundación Libertad.

La consulta sobre el pago en efectivo al Club de París era ineludible.

—Con el pago al Club de París, ¿se termina la Chávez-dependencia, o este alineamiento es electivo, va más allá de un cuello de botella financiero?

—Va a depender de lo que quiera hacer el Ejecutivo. Haber dejado atrás la restricción del Club de París no quiere decir que hayamos llegado a la normalidad. Lo habremos hecho sólo cuando acordemos con los acreedores que quedaron fuera del canje de deuda. Son estos miles de particulares, y no los Estados que componen el Club de París, los que significan una amenaza y nos impiden recurrir al mercado internacional de crédito. El riesgo del embargo es mucho más un riesgo privado que el de un Estado, siempre más tolerante. La Argentina tiene que desarmar juicios por cifras récord, tanto en el Ciadi del Banco Mundial como en tribunales de Nueva York, Alemania, Italia, Japón. Tiene que haber una estrategia de vuelta a la normalidad. Este cuadro tiene su origen en la obstinación de generar enemigos ficticios, como los organismos internacionales de crédito. Obstinación que pudo tener éxito gracias al viento a favor de los commodities. Hoy ese viento todavía está, pero más calmo. De manera que a la Argentina le conviene volver a la normalidad, porque hemos vivido en la patología. La dirección de esta decisión (por el pago al Club de París) es correcta; no abre la puerta, pero es una decisión sin la cual la puerta no se podría abrir. Y esas decisiones adicionales que señalo seguramente van a venir, pero, claro, vendrán dentro de esta retórica que siempre castiga, que demoniza, que no ayuda al clima de inversión. Muestra una animosidad que es ficticia, para consumo interno, pero que hace que en el exterior la gente no se sienta cómoda. Cualquiera que haya visto el conflicto con el agro, que en definitiva fue el conflicto con los inversores locales, se alarma enormemente en cuanto a la Argentina como lugar para invertir. Tenemos que salir de ese juego populista alocado y gobernar con sabiduría.

—Usted dice que ve a la Argentina limitada a la región más España, con la que además parece terminamos de pelearnos. Y en la región tenemos una posición muy desbalanceada.

—La región hoy funciona con dos ejes: uno es el de aquellas economías que creen en la ortodoxia y no le temen al mundo y enfrentan a la globalizaicón (Chile, Perú, Colombia, Brasil, México). Ahora, si me pregunta si Agentina está en ese eje, le diría que no. Si me pregunta en qué eje está, bueno, hay otro eje en la región, el bolivariano. El de la retórica, el autoritarismo, el aislamiento y la fantasía. Argentina no tiene el "sello" bolivariano, pero quizás no lo tiene porque no lo puede tener: intentar ponerle ese sello sería enfrentar problemas muy serios en un país que mayoritariamente no lo desea, que no quiere estar ahí. Lo que pasa es que Argentina se ha enrolado en esa línea, ha dado pasos lamentables en esa dirección.

—¿Cúal, por ejemplo?

—Para mí, el último fue la conferencia de la FAO en Roma, donde asistió la presidenta y defendió las retenciones, y cuando se tuvo que votar la posición argentina los dos únicos países que la defendieron fueron Cuba y Venezuela. Y los que dieron opinión favorable pero sin votarla, fueron Nicaragua, Ecuador y Bolivia. Es el eje bolivariano. Eso se hizo de cara al mundo, en un organismo mulitateral. Hoy quienes se preguntaban dónde estábamos posicionados tienen menos dudas. Y se traicionó la posición tradicional antiproteccionista argentina.