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Amplia brecha nuclear entre EEUU y Norcorea

Aunque la retórica conciliadora reviva los planes de una cumbre entre EEUU y Corea del norte, el presidente Donald Trump y el líder Kim Jong-un deben superar diferencias enormes en torno al aspecto que tendría un acuerdo sobre las armas nucleares de Pyongyang.

Domingo 27 de Mayo de 2018

Aunque la retórica conciliadora reviva los planes de una cumbre entre EEUU y Corea del norte, el presidente Donald Trump y el líder Kim Jong-un deben superar diferencias enormes en torno al aspecto que tendría un acuerdo sobre las armas nucleares de Pyongyang. Observadores de la telenovela protagonizada por Trump y Kim bien pueden pensar que se trata de un noviazgo frágil en el que los dichos de cada parte determinarán si se puede acordar un encuentro cara a cara. La retórica negativa norcoreana que llevó a Trump a cancelar la cumbre expresa una diferencia profunda sobre el camino hacia la desnuclearización. La conciliación de los puntos de vista divergentes puede determinar no solo el éxito de un futuro encuentro sino incluso si tal encuentro es factible.

La carta de Trump a Kim el jueves atribuye la cancelación del encuentro previsto para el 12 de junio en Singapur a la "tremenda furia y abierta hostilidad" demostradas por Pyongyang. Trump modificó su tono después que el vicecanciller norcoreano Kim Kye Gwan respondió, no con nuevas amenazas sino con un cauto elogio al presidente y disposición a dialogar. Trump dijo el viernes que las dos partes hablaban de reencausar la cumbre. Y ayer, Kim se reunió sorpresivamente con el presidente surcoreano Moon Jae-in para analizar la implementación de los compromisos de paz establecidos en su primera cumbre y el posible encuentro de Kim con Trump.

Las turbulencia de estos días causó perplejidad en Corea del Sur, un firme aliado de EEUU y mediador de la cumbre; indignación en China, aliado tradicional de Pyongyang al que Trump atribuye el endurecimiento de las posiciones de Kim; y desconcierto en los funcionarios en Washington, superados por el desarrollo de los acontecimientos. La actitud norcoreana puede haber cambiado en cuanto al tono, pero no en cuanto a su posición fundamental. Kim Kye Gwan explicó que al calificar al vicepresidente Mike Pence de "pelele político" y advertir sobre un enfrentamiento nuclear en potencia, reaccionaba a declaraciones desenfrenadas de EEUU, que lo presiona para que se deshaga unilateralmente sus armas nucleares.

El estallido diplomático no sorprendió a los que vienen siguiendo el proceso. "Detrás de todo lo que sucedió subyace la enorme brecha entre EEUU y Corea del Norte en cuanto a la desnuclearización", dijo Evans Revere, un ex alto funcionario del Departamento de Estado para el Asia oriental. "Confirma el hecho de que los norcoreanos no estaban dispuestos a entregar todas sus armas a cambio de promesas y que EEUU no levantaría sanciones antes de que se consumara todo", dijo Christopher Hill, principal negociador con Norcorea durante la presidencia de George W. Bush. Es lo mismo que dijo, en términos más duros, el negociador norcoreano Kim Kye Gwan cuando fustigó al asesor de seguridad nacional John Bolton por decir que el desarme de Libia en 2004 podía servir de modelo para un acuerdo con Norcorea. Para Pyongyang, era una provocación por dos razones. Primero, el autócrata libio Muamar Kadafi fue asesinado tras una invasión militar respaldada por EEUU siete años después de abandonar su programa nuclear. Segundo, Libia entregó su incipiente programa nuclear —incomparablemente menos desarrollado que el norcoreano— antes de recibir beneficio alguno.

Corea del Norte busca otra clase de acuerdo. Frank Aum, un ex asesor del Pentágono, dice que Pyongyang aspira a un proceso por etapas en la que cada parte toma medidas progresivas y sincrónicas hacia la desnuclearización y la paz. El Norte dedicó décadas a la construcción de un arma misilística nuclear capaz de disuadir a EEUU, y Aum duda de que realmente quiera entregar ese arsenal, aunque sí podría recorrer ese camino para ver qué beneficios puede obtener. Para el gobierno de Trump, un proceso por etapas sería la repetición de acuerdos anteriores de ayuda a cambio de desarme, todos los cuales fracasaron, aunque el presidente mismo, antes de cancelar la cumbre, no descartó un enfoque gradual con incentivos para el Norte. Dijo que garantizaría la seguridad de Kim si se desnucleariza. Eso sugiere cierta flexibilidad por parte de Trump, que osciló entre amenazas y halagos en su noviazgo a larga distancia con Kim y evidentemente desea con avidez ser el primer mandatario estadounidense que se reúne con su contraparte norcoreano y acaso lleve la paz a la península dividida.

Lo que se necesita ahora es lo que debería haber sucedido antes de que Trump aceptara impulsivamente la cumbre, dijo Revere: que los funcionarios traten de tender un puente sobre el abismo entre las partes. Un abismo que no se redujo después de dos viajes del secretario de Estado Mike Pompeo a Pyongyang para reunirse con Kim. Que Trump se reúna con Kim "sin tener la menor idea de lo que va a obtener", dijo Hill, "francamente es peor de que no haya cumbre".

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