El Mundo

"AMLO" no parece interesado en cambiar el modelo económico

En Paquimé, Chihuahua, el 18 de noviembre de 2017, Andrés Manuel López Obrador —AMLO— presentó el "Programa de Desarrollo" de su partido Morena.

Martes 03 de Julio de 2018

En Paquimé, Chihuahua, el 18 de noviembre de 2017, Andrés Manuel López Obrador —AMLO— presentó el "Programa de Desarrollo" de su partido Morena. El líder dijo ese día y repitió luego decenas de veces que el principal problema de México es la corrupción y que acabando con ese mal se puede sacar al país del atraso.

"Esa es la fórmula, no está complicado, claro que nos presentan un panorama distinto y nos hacen creer que es muy difícil hasta los académicos", se lamentó el hoy presidente electo. Para el hombre que conducirá a México desde diciembre, no es "complicado", entonces, sacar a México de su situación actual, al menos en lo que se refiere a la corrupción. Puede ser opinable, en el país de los cárteles, del Chapo, de tantos gobernadores y alcaldes aliados con el narco, que no sea "complicado" enfrentar la corrupción. Pero no es ese el punto que interesa acá. La noche de la victoria, AMLO amplió: "este mal (la corrupción) es la causa principal de la desigualdad social y de la desigualdad económica".

Más allá del simplismo del vencedor, lo que cuenta es que ni en su campaña ni en la victoria AMLO se ha enfocado en un cambio del modelo económico. No ve al actual modelo como causa de la miseria de muchos mexicanos. Para él, el asunto es terminar con el cáncer de la corrupción. "Vamos a terminar la corrupción, se va a acabar la corrupción. Y vamos a entregar esos fondos para desarrollo. Vamos a reducir el gasto corriente, que ha crecido muchísimo en los últimos gobiernos. Vamos a reducir el gasto corriente para aumentar la inversión pública, que se va a utilizar como capital semilla y se va a complementar con inversión privada", explicó en otra oportunidad. Así que el candidato de la izquierda mexicana y ganador por KO de las elecciones del domingo se propone incluso bajar el gasto público corriente.

Este parece ser, entonces, el enfoque económico de AMLO. Un reformismo centrado en desmontar el establishment que sostiene a la corrupción endémica de México. Si se suma su promesa de respetar la autonomía del Banco de México, parece claro que no hay visos de una revolución de tipo chavista, visceralmente anticapitalista. A juzgar todo lo dicho y prometido, López Obrador respetará el actual modelo, construido en las últimas tres décadas. México es desde las reformas de los años 80 una economía abierta, integrada y con numerosos tratados de libre comercio, además del aún vigente Nafta con EEUU y Canadá. Su gasto público se ubicaba en el 27 por ciento del PBI en 2015, es decir muy por debajo respecto de los niveles que alcanza en las otras dos grandes economías de América latina, Brasil y Argentina.

Dejado este punto bien claro, conviene interrogarse por las causas de que _y pese a esa performance económica razonablemente buena en el promedio de largo plazo_, una parte sustancial de la población de México viva en la miseria, tanto en el campo como en los cinturones de pobreza de las ciudades. La emigración desesperada hacia EEUU se explica por este reservorio siempre renovado de pobreza extrema. México tenía apenas algo más de 15 millones de habitantes en 1930. Hoy supera los 132 millones. Si bien desde los años 90 se registra una caída persistente del aumento anual de la población, este inicio de "transición demográfica" se da ya con unos números muy altos y una población joven muy numerosa. Como ocurre en Europa con la corriente migratoria del Africa subsahariana, una demografía insostenible está detrás del drama humano y político que casi siempre se registra sin dar esa información fundamental.


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