El Mundo

Ahora, llegó la hora de contener y educar a Bolsonaro

El ganador es portador de valores antidemocráticos, pero también es un pragmático. Las instituciones deberán estar alerta.

Lunes 29 de Octubre de 2018

Si se estudian el discurso público y los antecedentes de Jair Bolsonaro, resultan abiertamente antidemocráticos casi siempre. Pero valen varios paliativos y relativizaciones. El propio personaje da pie para relativizarlo. Veamos por ejemplo su slogan de cabecera, que es además el nombre de su coalición electoral: "Brasil por encima de todo, Dios por encima de todos". Proclama más nacionalista-cristiana y totalitaria sería difícil de hallar. Pero resulta que el capitán retirado se ha casado tres veces, o sea que el matrimonio para él no es un sacramento irrompible como manda el Dios cristiano, sino un mero contrato de convivencia entre dos personas adultas y libres. Del mismo modo que Bolsonaro predica el integrismo cristiano pero hace una vida como la de cualquiera, o sea, de rasgos laicos y modernos, debe esperarse que otros aspectos retrógrados y oscuros de su retórica sean solo arrebatos, algunos de juventud, como ciertas frases horrendas que mucho periodismo cita sin mencionar las fechas en que fueron proferidas. En todo caso, en el Congreso, donde el vencedor está en franca minoría, así como las demás instituciones de la república, deberán estar alerta. Primera entre todas el Poder Judicial, que en Brasil ha demostrado fortaleza e independencia, mal que le pese al PT. Bolsonaro deberá recordar que dos presidentes (Collor de Mello y Dilma Rousseff) fueron destituidos por juicio político y que otro, nada menos que Lula da Silva, pasa sus días en una celda.


Pero sobre todo, ambos bandos, el PT y los demás partidos de oposición, y el nuevo presidente, deberán abrir paso a una despolarización de la sociedad brasileña. Se ve difícil que ambos bandos abandonen la fórmula de la polarización constante: a uno lo llevó a la Presidencia, a los otros los mantendrá cohesionados mientras vivan en el llano. El discurso de anoche de Haddad va claramente en este sentido.

En la economía sí habrá que esperar que Bolsonaro cumpla sus promesas de campaña y continúe las reformas de Temer, antes ya tímidamente iniciadas por Dilma. Porque a Brasil, como a la Argentina, no le queda otra que reformar a fondo su enorme y disfuncional Estado y aligerar sus esquemas regulatorios. Ambos paísess destacan negativamente cuando se los compara con sus vecinos, que crecen de manera sostenida desde hace muchos años. Esta es la única fórmula conocida para dejar de ser un eterno país "emergente". Y ayer, un porcentaje altísimo de brasileños respaldó políticas económicas "neoliberales". No deja de ser llamativa esta masiva opción "neoliberal", que choca con el discurso maniqueo del progresismo y del PT, que asocia esas políticas a oligarquías minoritarias. Los populistas de los 90 llegaron al poder escondiendo esa agenda de reformas.

En cuanto a las razones de fondo de estas eclosiones populistas, las explicó muy bien Fernando Henrique Cardoso: "la sociedad contemporánea, la de la cuarta revolución productiva, es diferente a la que se constituyó en el capitalismo financiero-industrial. Parece ser más tecnológico-financiera, está fragmentando las viejas clases y disolviendo sus cementos de cohesión, volviendo vacías las ideologías que les correspondían". De este cambio que trae la globalización, que sigue adelante sin pedir permiso, surgen confusa y caóticamente, no solo los Bolsonaro, también los Lula, los Kirchner, los Trump y López Obrador. Todos ellos son una respuesta emocional y confusa a ese inquietante cambio de fondo que no para nunca. Después, los populistas serán tratados como héroes por el progresismo académico y periodístico si son de su "palo" y como monstruos si son del bando opuesto, como ocurre ahora con Trump y Bolsonaro. Los que han logrado el milagro, nada menor, de que este progresismo hegemónico descubra ¡finalmente! los peligros del populismo. Pese a que hasta hace poco no tuvo ni una palabra de objeción frente a Maduro, Evo, Correa y Ortega.

En tanto, la centroderecha regional se prepara para sumar un nuevo líder, pese a que no es un integrante típico de la especie. Suponen con optimismo que se podrá educarlo. Bolsonaro ya ha recibido guiños del chileno Sebastián Piñera. Que matizó rápidamente que no compartía la homofobia ni el machismo de Bolsonaro. El ministro argentino de Producción, Dante Sica se sinceró: "pensamos que va a dar la estabilidad que Brasil estaba necesitando". El canciller Jorge Faurie tampoco ahorró elogios. "Bolsonaro tiene preocupación por una vinculación estrecha con los países de nuestra región, con una visión similar a los temas que tiene el mundo". Dijo lo que se piensa en el establishment, que Bolsonaro se sumará a la tendencia que avanza en el Cono Sur: gobiernos de centroderecha con políticas favorables a la economía de mercado y las inversiones. Anoche, en su discurso de la victoria, Bolsonaro prometió respetar la Constitución y las libertades individuales. Todo un avance, si se recuerdan algunas afirmaciones del ex capitán.

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