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Adidas, Nike y otras marcas urgen a Trump rever su política con China

Dicen que los aranceles al calzado importado de Beijing pueden resultar "catastróficos" para las "empresas, consumidores y la economía" de EE.UU

Jueves 23 de Mayo de 2019

gran manzana. Local de Nike en Nueva York. "En nombre de nuestros millones de consumidores pedimos que se detenga esta acción", dijo la firma.

Adidas, Nike, Puma, Converse y otras 170 empresas de la industria del calzado le han mandado una insólita carta al presidente Donald Trump.

En la misiva las compañías instaron al mandatario a reconsiderar sus aranceles a los zapatos fabricados en China, al estimar que la política puede resultar "catastrófica" para "empresas, consumidores y la economía estadounidense en general".

La carta abierta llega poco más de una semana después de que Washington impusiera nuevos aranceles por más 200.000 millones de dólares a productos importados de China, que incluyen todo tipo de calzado, desde zapatillas hasta sandalias.

"En nombre de nuestros cientos de millones de consumidores de calzado y cientos de miles de empleados, le pedimos que detenga inmediatamente esta acción", indicaron las renombradas marcas.

Según la agencia Bloomberg, si bien la industria del calzado ha alejado su producción de China por diversos factores en los últimos años (entre ellos, el aumento de los salarios, las cambiantes políticas comerciales y el desplazamiento de las fábricas a EE.UU. y Europa), el país asiático sigue siendo un gigante en la fabricación de zapatos.

¿Qué pierde la industria del calzado en la guerra comercial?

Las compañías de calzado que firmaron la carta, entre las que también se encuentran Dr Martens y Clarks, afirman que ya pagan un arancel alto para importar sus zapatos a Estados Unidos, por lo que ahora podría ser mayor.

Si bien los aranceles promedio de Estados Unidos para el calzado son del 11,3 por ciento, en algunos casos puede alcanzar un nivel tan alto como el 67,5 por ciento.

"Agregar un aumento de impuestos del 25 por ciento por encima de estos aranceles significaría que algunas familias estadounidenses trabajadoras podrían pagar casi el 100 por ciento de los aranceles sobre sus zapatos", escribieron las compañías.

"Es hora de poner fin a esta guerra comercial", añadieron.

Trump aseguró en repetidas ocasiones que será China quien pague por ellos, pero su asesor económico, Larry Kudlow, admitió la semana pasada que son las empresas estadounidenses las que, en realidad, pagan los impuestos sobre los productos traídos de China.

Pero de acuerdo con diversos expertos, es muy probable que estos costos adicionales se transfieran a los consumidores estadounidenses en forma de precios más altos.

Economistas del Banco de la Reserva Federal de Nueva York, la Universidad de Princeton y la Universidad de Columbia calcularon que las tasas impuestas el año pasado a una amplia gama de importaciones, desde acero hasta lavadoras, cuestan a las empresas y consumidores de EE.UU. unos US$ 3.000 millones mensuales en impuestos adicionales.

Guerra larga

Mientras se acumulan los aranceles y las negociaciones se encuentran estancadas, Estados Unidos y China parecen prepararse para prolongado impase comercial.

Beijing exhibe películas de la Guerra de Corea (el antagonista: Estados Unidos) para avivar los sentimientos patrióticos en los espectadores chinos, y ofrece reducción de impuestos a compañías de software y chips, mientras el control de las exportaciones de Estados Unidos pone en riesgo a las compañías tecnológicas chinas.

En Washington, el secretario del Tesoro Steven Mnuchin conversa con Walmart y otras empresas para encontrar formas de aliviar el dolor si el presidente Donald Trump prosigue con los planes de extender los impuestos de importación a los 300.000 millones de dólares en productos chinos que todavía no han sido afectados por los aranceles.

Y el gobierno de Trump trabaja en un paquete de ayuda financiera para los agricultores estadounidenses afectados por los aranceles que impuso China como represalia sobre la soja y otros productos agrícolas de Estados Unidos; eso además del rescate financiero del año pasado de 11.000 millones de dólares.

Mnuchin y el representante comercial de Estados Unidos, Robert Lighthizer, concluyeron la 11ª ronda de conversaciones hace unas semanas sin llegar a un acuerdo para resolver la disputa provocada por los agresivos planes de Beijing para desafiar el dominio tecnológico estadounidense.

Estados Unidos acusa a China de robar su tecnología, de subsidiar injustamente a sus propias empresas y de obligar a las compañías de Estados Unidos a entregar secretos comerciales si quieren acceder al mercado chino.

"Es muy difícil identificar si es el principio de un conflicto prolongado o sólo una táctica de negociación", dijo David Dollar, investigador del Instituto Brooklyn y exfuncionario del Banco Mundial y del Tesoro de Estados Unidos. "Cada vez más creo que esto se convertirá en un largo conflicto comercial", concluyó.

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