El Mundo

A ocho años de los atentados del 11-S, persisten el dolor y el trauma

Las consecuencias de los brutales ataques de 2001 aún están en el centro de la política de Estados Unidos La demorada reconstrucción del World Trade Center sigue acumulando promesas sin cumplir.

Viernes 11 de Septiembre de 2009

Nueva York.— Incluso ocho años después, los atentados del 11 de septiembre de 2001 siguen siendo igual de aterradores para los estadounidenses. Cuando la tarde del 27 de abril de este año un Jumbo se acercaba amenazante al "skyline" de Manhattan, acompañado de dos aviones de combate F-16, muchas personas salieron de sus casas presas del pánico y muchos peatones se quedaron mirando al cielo.

Fue, como se demostró después, una falsa alarma. Y más falsa no podía ser. Porque el que causó el susto fue justamente el "Air Force One" del presidente Barack Obama. El Boeing 747 de color azul y blanco iba a ser retratado para unas pintorescas imágenes de propaganda del imponente paisaje de Nueva York. La Casa Blanca finalmente tuvo que disculparse por el incidente ante el indignado alcalde Michael Bloomberg y los habitantes de la "Gran Manzana".

El trauma del "9/11", como se menciona esa fecha en EEUU, no perdió nada de su efecto hasta hoy. Y las consecuencias del atentado siguen dominando la política de la superpotencia.

El presidente Obama no habla como su antecesor, George W. Bush, de "guerra contra el terrorismo". El demócrata ordenó cambiar la actitud en el manejo con terroristas y sospechosos. No quiere que existan más torturas en el nombre de EEUU. Y quiere cerrar el controvertido campo de prisioneros de Guantánamo en Cuba para enero de 2010.

Pero las sombras del atentado terrorista y de la política de Bush son largas y tienen el mismo peso que antes sobre EEUU. Aún no está claro a dónde serán llevados los casi 250 prisioneros que hay en Guantánamo, varios de ellos conocidos como extremadamente peligrosos.

Doloroso debate. Además se espera un doloroso debate jurídico sobre las responsabilidades por las violaciones a los derechos humanos en las cárceles de la CIA. El ex vicepresidente Dick Cheney reitera una y otra vez lo mucho que aumenta el peligro del terrorismo en EEUU bajo la nueva política de Obama, "blanda" e "insegura". Nadie quiere pensar qué ocurriría si realmente se produce otro atentado terrorista en el país.

Obama participará hoy en la ceremonia en memoria de las víctimas en el Pentágono. Hace ocho años, uno de los aviones secuestrados se estrelló contra el Departamento de Defensa. El año pasado Obama visitó, en un gesto de unidad nacional y patriotismo, la Zona Cero en Nueva York, junto con el candidato a la presidencia republicano, John McCain. Hasta hoy, allí sigue habiendo una superficie yerma.

De eso no se habla. El destruido World Trade Center, bajo cuyos escombros quedaron sepultadas 2.750 personas, iba a estar reconstruido a fines de este año. Pero ahora ya ni se habla de eso. Simplemente se terminaron las excavaciones.

Hace dos semanas, la autoridad portuaria, propietaria de la Zona Cero, dio por terminada esa parte de las obras. Por el retraso tuvo que pagar diariamente al arrendatario, Larry Silverstein, 300.000 dólares. Los observadores responsabilizan del embrollo a la pelea entre los partidos y a las promesas motivadas políticamente, muy alejadas de la realidad.

Según la nueva planificación, el monumento en memoria de las víctimas de los atentados podrá estar terminado, a más tardar, en el décimo aniversario. Con los rascacielos, que pretenden reemplazar a las desplomadas Torres Gemelas, no se puede contar antes de 2014, cinco años más tarde de lo previsto. Lo mismo vale para la estación ferroviaria del World Trade Center, un sueño arquitectónico del español Santiago Calatrava.

Sólo la simbólica Freedom Tower demandará hasta su terminación al menos 3.100 millones de dólares, el triple de los costos calculados en un principio. No debe extrañar por lo tanto que los neoyorquinos sólo sacudan la cabeza cuando se les habla de la Zona Cero.

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