El Mundo

A 25 años de la primera guerra contra Saddam, para liberar al invadido Kuwait

Las imágenes verdosas de los bombardeos nocturnos en directo y los campos de petróleo ardiendo han quedado en las retinas de los televidentes, aún habiendo pasado 25 años.

Domingo 24 de Enero de 2016

Saddam Hussein la definió como “la madre de todas las batallas”. Aquella guerra que supuso el comienzo de su fin. Para el resto del mundo, la liberación militar de Kuwait, que comenzó el 16 de enero de 1991, se convirtió en el primer conflicto bélico narrado en directo y con tal fuerza por la televisión, que las huellas de aquella cobertura continúan hasta el día de hoy.

   La retórica utilizada durante el conflicto, en el que se habló de “ataques quirúrgicos” con bombas de precisión y misiles teledirigidos, aún resuena. Las imágenes verdosas de los bombardeos nocturnos en directo y los campos de petróleo ardiendo han quedado en las retinas de los televidentes, aún habiendo pasado 25 años.

   Saddam Hussein gobernaba una nación empobrecida y altamente endeudada tras una guerra de ocho años contra Irán (la Primera Guerra del Golfo). Acusó a Kuwait de explotar yacimientos petrolíferos iraquíes en la frontera y, sobrepasando su cuota, hacer presión sobre el precio del petróleo. A pesar de que Kuwait, un emirato rico en petróleo, nunca pertenció a Irak, país fundado tras la Primera Guerra Mundial, Bagdad reclamó la antigua colonia británica y la invadió.

   Con esta maniobra, Irak no sólo obtuvo el petróleo del país vecino, sino que también se encontró con inversiones millonarias del gobierno kuwaití en empresas occidentales. Sadam desoyó todos los ultimátums de Occidente e ignoró las resoluciones de la ONU.

   Contra el dictador iraquí se posicionó una coalición liderada por Estados Unidos e integrada por diferentes países occidentales y árabes. El presidente George Bush le declaró la guerra a Irak tras la ocupacíon de Kuwait. “El mundo no puede seguir esperando”, afirmó Bush padre en un discurso retransmitido por televisión. Y se hicieron mundialmente conocidos los nombres y cara ddel Secretario de Defensa, Dick Cheney, el Jefe del Estado Mayor, Colin Powell y el comandante de la conocida como “Operación Tormenta del Desierto”, en el bando norteamericano.

   La guerra contra Saddam supuso la consagración de la CNN. El canal de televisión, por aquel entonces pequeño, alcanzó fama mundial por la cobertura que hizo del conflicto, a pesar de estar guiada por el Pentágono y sometida a la censura de los militares.

Peter Arnett. El corresponsal de la cadena Peter Arnett, que se instaló en una azotea diferente a la del resto de corresponsales y evitó con ello sufrir un ataque de misiles, se convirtió en el sello distintivo de una nueva forma no exenta de polémica de hacer periodismo de guerra. Algunos medios de información de otros países advirtieron a sus lectores de que la información de los militares estadounidenses podía ser parcial. Miles de personas se manifestaron en muchos países occidentales contra una guerra que consideraron impulsada por intereses económicos.

   En total, 34 naciones formaron parte de la coalición liderada por Estados Unidos. Entre ellas se encontraban Arabia Saudita o Siria, entonces gobernada por el padre de Bashar Assad, Hafez. Después de Estados Unidos, el mayor número de tropas fueron aportadas por Arabia Saudita y Reino Unido. Casi un millón de soldados fueron destinados al combate. Era la primera vez en la era moderna en la que países árabes se enfrentaban entre sí.

   Los sistemas de armas utilizados por ambos bandos, como los misiles Patriot o los misiles Scud, se dieron a conocer al mundo entero gracias a la enorme cobertura de los medios. Irak poseía entonces armas químicas, algo que atemorizaba especialmente a Arabia Saudita e Israel. Saddam disparó misiles Scud contra Israel para arrastrarlo a la guerra y expulsar a los países árabes de la coalición, aunque fracasó.

   El dicho “Toda guerra comienza con una mentira”, se cumple en este caso. Comenzó a correr el rumor en Kuwait de que los soldados iraquíes habían sacado a bebés nacidos prematuramente de las incubadoras de hospitales y los habían asesinado. Una joven enfermera narró entre lágrimas los espantosos acontecimientos ante una comisión del Congreso estadounidense. Después se supo que la joven era la hija del embajador kuwaití en Estados Unidos. 

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