Educación

Volnovich: "La represión que se fogonea cae sobre los jóvenes pobres"

El psicoanalista Juan Carlos Volnovich cuestiona los pedidos de mano dura y destaca el rol de la escuela para entender la inequidad social.

Sábado 24 de Febrero de 2018

La violencia urbana es hoy uno de los temas de mayor impacto en la agenda pública nacional. El respaldo explícito del gobierno al policía Luis Chocobar, procesado por "homicidio agravado" tras disparar y matar a un asaltante en La Boca, desató un amplio debate sobre la criminalidad y los distintos modos de abordarla. El policía fue recibido en la Casa Rosada y felicitado por su accionar. "Estoy orgulloso de que haya un policía como vos, hiciste lo que hay que hacer", le dijo el presidente. "Cambió la doctrina", justificaron enseguida desde el Estado nacional.

El médico y psicoanalista Juan Carlos Volnovich alerta sobre los pedidos de "mano dura" y los imaginarios en torno a la juventud que vive en la pobreza. Advierte que desde el gobierno y los medios "se fogonea una guerra de pobres contra pobres". Hace foco en la peligrosidad de expresiones tales como "hay que matarlos a todos". Y sostiene que en este contexto de discursos de odio "la escuela tiene que enseñar que estamos viviendo en una etapa donde los ricos son cada vez más ricos a costa de que haya cada vez más pobres en una situación desesperada". Dice que en esa desesperación radica una de las claves para entender la violencia.

Con el respaldo presidencial en el caso Chocobar ¿no se corre el riesgo de entrar en un espiral de más violencia al combatirla con más muerte?

—Obviamente. No cabe duda que el gobierno y los medios hegemónicos se encargan muy bien de ampliar esto. Hay una instigación a que se tome partido, se ponga en la agenda y se transforme en una polémica pública un enfrentamiento donde los polos contrincantes son la represión y la transgresión. O la represión a la transgresión. Pero que sin dudas está al servicio de obtener un consenso con respecto a la represión: aumentar la represión, la rigidez de la leyes, bajar la edad de imputabilidad. Todo esto busca el consenso de la sociedad para que se ejerza una mayor represión, que en general, ¿sobre quién cae? Sobre los jóvenes, los jóvenes desempleados, pobres, villeros, a los que se considera que son todos drogadictos y violentos. Y en última instancia lo que sigue ahí es: "Hay que matarlos a todos". Cuando se ponen blandos dicen "hay que ponerlos en la cárcel a todos". Pero la cárcel es cara y se llena, entonces pareciera que hubieran preferido poner en la cárcel a los enemigos políticos y matar a los chorros.

En ese imaginario que se construye de la juventud ¿Encuentra diferencias con otras épocas?

—Hay varias cuestiones en juego. Una es que también los policías son jóvenes generalmente de extracción humilde que llegan a asumir esa responsabilidad en sus puestos a veces empujados no por su vocación de policías, sino más bien porque están apremiados por cuestiones económicas o sociales. Y entonces lo que se genera es una guerra de pobres contra pobres, de ahí la tajada que saca el gobierno de instalar este tema en la agenda. Porque en última instancia se produce eso de "que se maten entre ellos" ¿Y eso es entre quiénes? Entre pobres con uniformes de policía y pobres disfrazados de indigentes. En última instancia ambos son los desfavorecidos y ambos, tanto policías como ladrones, están en esa situación de vulnerabilidad de posición y muertos de miedo. Cuando los policías matan a mansalva es porque están muertos de miedo por el riesgo de ser ellos también matados o agredidos. Me estaba acordando que durante la guerra de Vietnam pasó una cosa muy particular: los soldados norteamericanos, viendo además la situación en la que estaba su ejército en Vietnam, estaban tan aterrados que no solo estaban drogados —hay investigaciones que muestran que la droga era casi como un arma de guerra—, sino que salían con los bombarderos y tiraban las bombas en cualquier lado, no en los objetivos que tenían, porque estaban aterrados. Salían, cumplían con tirar la bomba apenas podían y volvían por el propio terror que tenían. Estos policías también salen con un arma y apenas hay un estímulo que los asusta más de lo que ya están asustados, disparan y matan. No estoy justificando de esta manera nada, porque merecen una pena. Pero quiero decir que lo que sería bueno es tomar un poco de distancia y no fogonear esta guerra de pobres contra pobres.

—En este "no fogonear" esa guerra ¿Cómo educar desde la escuela en este clima de muerte?

—Yo pienso que lo fundamental es entender esa violencia social, la cantidad de pobres y desempleados que se ven impulsados y obligados a salir a la calle a robar para sobrevivir y a veces a matar. Y otros que salen a la calle para matar a los pobres, que también salen a sobrevivir como policías. Me parece que es claro que eso es nada más que la punta del iceberg, lo que se ve de la política de desempleo, miseria y empobrecimiento de grandes sectores de la clase media, clase media baja y proletaria que están en situación de indigencia. Entonces la clave es muy simple: acaben la pobreza y acabará la violencia. Acaben con el desempleo y bajará el índice de violencia y robos notablemente. El índice de violencia urbana no va a bajar aumentando la cantidad de policías, va a bajar cuando haya trabajo, prosperidad y empleo para todos. Lo que estoy diciendo es una boludez, algo simple y sencillo pero es lo más impensado.

¿Qué puede hacer la escuela para tratar de contrarrestar ciertos discursos de odio que se instalan?

—Tratar de no quedarse en la descripción de la evidencia y pensar en las causas. Y la causa es la pobreza. En todo caso la escuela lo que tiene que enseñar es que estamos viviendo en una etapa donde los ricos son cada vez más ricos a costa de que haya cada vez más pobres en una situación desesperada. Y que es esa desesperación la que lleva a eso que se conoce como violencia urbana, a la drogadicción y a todo tipo de violencia. Solamente cuando se hagan políticas de distribución más equitativas de la riqueza, cuando haya una mayor prosperidad y cuando los jóvenes tengan futuro y posibilidades de trabajar y de ganarse la vida trabajando va a haber menos violencia y menos policía también.

Durán Barba dijo hace poco que "la inmensa mayoría de la gente quiere la pena de muerte" ¿Hay plafond para eso?

—Por supuesto que ese plafond está generado por toda la instigación que hay a través de los grandes medios de comunicación, que están permanentemente sugiriendo la indignación de la gente con respecto a aquellos que cometen transgresiones. Pero me parece que no, me parece que estadísticamente no es así. Tené en cuenta lo siguiente, por ejemplo, el movimiento mundial de mujeres o en la Argentina los encuentros de mujeres. Las mujeres, que son la mitad de la población y que en este momento están teniendo cierto protagonismo en la escena política con el tema del aborto y la marcha mundial del 8 de marzo, no están a favor de la guerra, ni de la violencia ni de la pena de muerte. Me parece que la estadística falla. Habría que repensar eso que aparece como sentido común de que la gente está a favor de la pena de muerte. Eso está en función de toda la instigación que te producen para "matarlos a todos", como si acabar con la pobreza es matar a los pobres. Esa pena de muerte ya se está indirectamente aplicando, porque la cantidad de niños que mueren de hambre, por enfermedades evitables o por las condiciones de indigencia en la están es también una pena de muerte. Aunque más silenciosa.

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Alesso: “Como educadores, no se puede defender un asesinato”

La secretaria general de Ctera y Amsafé, Sonia Alesso, también se refirió al apoyo presidencial al policía Chocobar. “Un presidente no puede hacer eso, nosotros no podemos como docentes sostener este tipo de decisiones. Hay leyes. Son normas que nos damos los ciudadanos para convivir; a veces son buenas, a veces son peores o perfectibles, pero no se puede defender el asesinato, debemos defender la justicia, más como educadores”, sostuvo durante en el panel “¿Qué pasa con la educación?”, realizado el viernes 16 de febrero pasado en Rosario.

Alesso dijo que además de oponerse a este tipo de manifestaciones en apoyo explícito a los actos de violencia institucional, hay un mandato que interpela a la docencia: “También hay un compromiso de lucha, un compromiso para que los jóvenes puedan estar en las escuelas. Un compromiso para que no terminen en la cárcel. Recordemos que hoy las cárceles están llenas de jóvenes, y que allí se promueven las desigualdades y las violencias de forma terrible”. Alesso recordó también que justamente los programas de educación en contexto de encierro creados para atender a esta realidad están siendo abandonados.

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