Educación

Voces desde los profesorados por el cumplimiento de la ESI

¿Qué sucede con la educación sexual integral en las aulas de los institutos? Opinan docentes y estudiantes.

Sábado 27 de Junio de 2020

La ley Nº 26.150 de Educación Sexual Integral (ESI) significó un importante avance legislativo en materia educativa y de conquista de derechos. Transcurridos catorce años desde su sanción, y a pesar de las transformaciones sociales acontecidas en el país, aún queda mucho por hacer para su plena ejecución. Prueba de ello es el reclamo continuo de jóvenes y adolescentes que a través de organizaciones estudiantiles alzan la voz en demanda de su efectiva implementación. En el caso de los profesorados —en tanto espacios de formación de formadores—, el debate es clave para reflexionar.

¿Qué sucede con la ESI en las aulas de los profesorados, hoy espacios virtuales? ¿Se adquieren conocimientos actualizados, validados científicamente sobre las distintas dimensiones de la ESI? ¿Las prácticas cotidianas favorecen el ejercicio de los derechos desde una perspectiva de género y de respeto hacia las diversidades, o aún se reproducen hábitos de exclusión y discriminación? En un escenario complejo como el actual, donde las medidas de confinamiento han disparado aún más las situaciones de violencia hacia mujeres, trans y travestis, ¿los profesorados —de población mayoritariamente femenina— han ofrecido a sus estudiantes espacios para la reflexión y el tratamiento de este tipo de violación de derechos? Docentes y estudiantes de profesorados de Rosario y la región comparten miradas y se pronuncian sobre los avances de la ESI en el nivel superior, las deudas pendientes, las dificultades del presente y los deseos de futuro.

La voz de las docentes

Ariana Revelli es docente del taller de práctica en el Instituto Superior del Profesorado Nº 16 Bernardo Houssay y en el anexo de Granadero Baigorria. Cuenta que el instituto donde da clases sostiene desde hace años un compromiso con la problemática de género y la diversidad sexual, y que se propicia el trabajo transversal en los diferentes espacios curriculares, aún cuando en algunas carreras se cuenta con espacios específicos para trabajar la ESI. Aún así, la docente reconoce obstáculos al respecto: “Hay dificultad para la incorporación de docentes formados a esas cátedras dado que la junta de escalafonamieto no ha generado criterios específicos y focalizados para la inscripción en el escalafón docente. Hasta el momento se priorizó la antigüedad y que hayan realizado el curso dado por el Ministerio de Educación, el que ha sido escueto en función de las herramientas necesarias para una práctica docente más informada, conocedora y respetuosa de los debates y prácticas sociales que propicien el cambio de paradigma patriarcal”.

Ante la problemática, reconoce que aún persisten en las aulas propuestas vinculadas a posturas biologicistas y dogmático religiosas. E incluso docentes que cuestionan en sus clases el uso del lenguaje inclusivo, tan instalado en el discurso de las y los estudiantes.

Revelli cuenta que tanto en su cátedra de historia social de la educación como en sus talleres de práctica, se trabaja en la visualización del rol de la mujer como construcción histórico social, y se propicia el diálogo de las experiencias que las y los estudiantes tienen en el cotidiano, lo que constituye una oportunidad valiosa para problematizarlas en clave de género y diversidad sexual, reconociendo jerarquías que aún se sostienen como mandatos en los vínculos sociales.

 “Muchas veces nos encontramos con estudiantes que plantean que sus parejas no acompañan su tiempo de cursado porque son madres y deben ocuparse de las tareas tradicionalmente consideradas de mujeres”, dice. Afirma además que la ESI debe ser potente y universalmente incorporada a las prácticas concretas de la formación docente, porque de lo contrario seguirán retrasándose transformaciones que son urgentemente necesarias en las escuelas. Para ello, indica que los Ministerios de Educación deberán generar mayores propuestas de formación para todos los docentes formadores de formadores. A pesar de las dificultades, Ravelli reconoce que cuando la cátedra promueve el debate y los estudiantes toman la palabra, se logran reflexiones que ayudan al propio docente de educación superior a replantearse posturas y prácticas. Y afirma que la potencia del cambio la observa en el interés, la información y las prácticas militantes que traen los propios estudiantes, antes que en las propuestas de formación.

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María Verónica Zamudio es profesora del seminario de ESI del profesorado en matemática del Instituto de Educación Superior Nº 28 Olga Cossettini. Desde su experiencia señala que muchas veces se dificulta en los institutos la generación de espacios para abordar problemáticas como las violencias contra las mujeres e identidades feminizadas, femicidios, transfemicidios y travesticidios, problemáticas que han aumentado en el marco de la cuarentena.

Zamundio hace hincapié en la difícil situación que atraviesan los docentes en relación al aislamiento y al compromiso que asumen a pesar de las dificultades. "Tuvimos que rever una nueva manera de comunicación pedagógica, la multiplicidad y superposición de actividades y tareas han afectado a docentes y estudiantes de la misma manera. Pese a ello, somos un colectivo importante en las instituciones que tratamos de visibilizar las realidades que nos afectan como sociedad”.

Respecto a los contenidos abordados, reconoce la existencia de una transformación curricular positiva en la provincia de Santa Fe, y destaca que estos contenidos que están presentes en nuevos espacios curriculares fueron elaborados por especialistas de distintos ámbitos del conocimiento, y se trata de saberes actualizados y validados científicamente. Señala además que es su mayoría los institutos de formación docente vienen desarrollando desde hace tiempo diferentes actividades de formación que se relacionan con la ESI, abordando temáticas como violencia de género, violencia y abuso sexual infantil, diversidad sexual, orientación sexual, cuidados del cuerpo y la salud, y enfoques de géneros, entre otras. “En algunos profesorados se viene debatiendo la necesidad de construir protocolos contra las violencias de género e identidades feminizadas, creo que es un avance importantísimo que en el ámbito de las instituciones educativas se comience a pensar y visibilizar prácticas sexistas que reproducen desigualdades y que vulneran derechos al interior de las instituciones”. La profesora destaca también el protagonismo que en estos avances tuvo y tiene el colectivo de estudiantes, que promueve el derecho a la ESI y moviliza no sólo en los institutos de formación docente, sino también en las escuelas secundarias.

Analía Roberts es docente de la cátedra sexualidad humana y educación en el profesorado de nivel inicial del anexo Baigorria del Instituto 16. Sostiene que los profesorados de a poco han ido conquistando espacios en cuanto a la perspectiva de género, la problematización de la violencia de género y el respeto a la diversidad, pero básicamente cree que es una conquista de los centros de estudiantes que desde el 2015 y a partir del “Ni una menos” empezaron a copar los espacios de los institutos terciarios como una trinchera de resistencia y de lucha.

“Los espacios más grandes los han ido ocupando las organizaciones de estudiantes, mujeres en su mayoría, que se han manifestado en los terciarios defendiendo espacios donde se pueda visibilizar y hablar de la desigualdad de género desde los movimientos feministas”, afirma. Además, dice que éste es un debate que los profesorados tenían como deuda, porque si bien la ley de ESI data del 2006, su efectiva implementación se ha visto retrasada en todos los niveles educativos, y que se avanza a paso lento en cuanto a transformaciones sociales y rupturas que hay que dar dentro de las mismas instituciones.

Roberts además forma parte del colectivo de docentes feministas del Cordón Industrial y también del Colectivo Diverso que es una agrupación que representa a las personas trans. Desde este marco, dice que si bien existe una legislación, ésta sigue siendo binaria. “Creo que en la provincia de Santa Fe necesitamos una ley que tenga una mirada desde una pedagogía no binaria de los cuerpos en la educación. Pensamos sexualidades, formas de conductas, estereotipos y formas de pensar binarias porque nos enseñaron una única forma, la heterosexual”, sostiene. Afirma que una pedagogía no binaria colaboraría a erradicar problemáticas como la violencia de género.

“La escuela debe preguntarse cómo son reconocidos quienes expresan formas no hegemónicas de la feminidad y la masculinidad”, señala la profesora. Para Roberts, las instituciones educativas tienen muy arraigada la presunción de la heterosexualidad y afirma que este es un tema que debe trabajarse en la formación docente, especialmente en el nivel inicial y primario, si lo que se busca es respetar a las infancias libres.

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La mirada estudiantil

Antonela Tozzi es estudiante del profesorado de inglés del Instituto Nº 16 y dice que en el marco de la cuarentena es totalmente necesario conformar en los profesorados espacios de acompañamiento y de información para garantizar la contención de aquellas mujeres que sufren de violencia de género. Reconoce que si bien en la mayoría de los institutos se cuenta con protocolos de género, el contexto de aislamiento social obligatorio dificultó el acceso a los mismos, en la medida que la mayoría de las estudiantes conviven con sus agresores.

Reconoce que en muchos profesorados no se garantiza que los futuros docentes se capaciten en ESI y adquieran herramientas efectivas para la práctica docente, y aclara que en el instituto donde estudia algunos de sus compañeros han abordado la temática en materias pedagógicas, de forma breve y sin certificación alguna. “Hoy en día es imprescindible adquirir conocimientos validados sobre el tema, para poder desarrollar una enseñanza de carácter inclusiva y que trabaje los derechos sexuales de lxs educandxs”, dice Tozzi. De todas formas, destaca que el Instituto 16 tiene un carácter inclusivo y cuenta con varios educadores que abordan sus materias con perspectivas de integración. Y que “para poder formar alumnos en un contexto inclusivo se debe primero formar educadores que cuenten con recursos, que fomenten el respeto a las disidencias, la inclusión y el ejercicio de los derechos con perspectivas de género”.

Paula Lorenzatti cursa el profesorado en educación primaria y es vicepresidenta del centro de estudiantes del Instituto 16. Le pone voz a la agrupación Pocho Lepratti —espacio que conduce el centro de estudiantes— y plantea que si bien en los nuevos planes educativos se incorporó la ESI, en muchas carreras aún falta abordar el tema por una ausencia de los mismos en los planes curriculares de algunos profesorados, y no por decisión institucional.

Cuenta que desde que se conformó el centro de estudiantes siempre que se planteó alguna actividad relacionada con la ESI el instituto acompañó las propuestas, y que “respecto a la creciente violencia de género que se vivió durante la cuarentena, la secretaría de género se puso a disposición y se fueron creando redes de ayuda mutua, ofreciendo toda la información y el acompañamiento necesario”.

Nadia Scarafía transita el profesorado de historia en el Instituto Olga Cossettini, en donde también ocupa el lugar de secretaria de género y sexualidad del centro de estudiantes, y es consejera alumna por la agrupación Alfredo Palacios+Las Olgas. “En el instituto a fines del año pasado se propone formalmente la creación de un protocolo para situaciones de violencia de género, el cual estamos armando colectivamente vía reuniones virtuales con docentes, compañerxs y especialistas en el tema”, dice Scarafía.

La creación de este protocolo —cuenta la estudiante— surge del impulso de un grupo de alumnas de la carrera de historia que sufrió violencia de género por parte de un docente. Y agrega que la respuesta institucional ante estas situaciones históricamente ha sido de mediación interna.

Apesar de las dificultades, la estudiante y militante reconoce que en el Cossettini el centro de estudiantes siempre contó con el apoyo del Consejo Directivo y de las autoridades para realizar jornadas de capacitación y debate alrededor de temáticas de género y sexualidad. Y señala también que en los últimos años se concretó la realización de una gran cantidad de talleres, jornadas y actividades dirigidas a alumnos, docentes y trabajadores del ámbito

de educación superior.

Scarafía recuerda una iniciativa que fue muy concurrida en el contexto del debate parlamentario sobre el derecho al aborto legal, seguro y gratuito, que se llamó “La ESI en el marco del derecho a decidir”. El éxito de esta actividad les dio la certeza de que la temática necesitaba ser abordada en el instituto y por toda la comunidad educativa: “Hoy en el Olga Cossettini se percibe un viento de cambio en favor del respeto por los derechos que las mujeres y las sexualidades disidentes logramos alcanzar con una lucha histórica. Sabemos que es un largo camino, y como todo cambio de paradigma encuentra resistencias en los sectores más conservadores”.

Scarafía destaca el impulso del estudiantado, que es el que suele encontrarse en doble desventaja ante la desigual relación de poder que se da en el aula y en la institución misma. Y señala que desde el centro de estudiantes la apuesta es hacia la construcción colectiva de una institución más justa con todos los estamentos que la integran.

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