Educación

Vivir en línea: qué pasa con las infancias digitales

Un estudio analiza cómo, para bien o para mal, la digitalización está cambiando la vida de los niños y de las niñas

Sábado 17 de Febrero de 2018

Las Teconologías de la Información y de la Comunicación (TIC) han cambiado la manera en que los niños establecen y mantienen sus amistades, algo que les permite estar en contacto con sus compañeros casi constantemente. También han transformado la manera en que los niños pasan su tiempo libre, proporcionándoles un acceso constante a videos, actualizaciones de las redes sociales y juegos muy absorbentes. Muchos adultos temen que estos cambios no sean positivos, y les preocupa que el tiempo excesivo frente a la pantalla esté aislando a los niños de sus familias y de su entorno, acrecentando la depresión e incluso contribuyendo a su obesidad.

   Los juegos de video. La televisión. Los libros de historietas. La radio. Una búsqueda en Google sobre las preocupaciones de la sociedad —o de los padres y madres— en torno al impacto de la tecnología sobre el bienestar de los niños pone de manifiesto que tales preocupaciones no son nada nuevo.

   A la radio se le achacó que provocaba falta de sueño. De los libros de historietas se dijo que incitaban la "criminalidad y promiscuidad" entre los niños. A la televisión se le acusó de propiciar el aislamiento social. Y a los videojuegos, de fomentar la agresión en la vida real. Ya en el siglo XVI, algunos temían que escribir podía llevar a que la gente olvidara las cosas, porque ya no utilizaría la memoria para obtener información. Les preocupaba también que los libros y la imprenta llevaran a lo que hoy llamaríamos una sobrecarga de información.

   Sin embargo, en comparación con sus predecesores en la innovación, internet y la manera en que los niños lo utilizan suscitan preocupaciones de diversa magnitud. La conectividad y la interactividad son más difíciles de remover o de desactivar. Su uso por los niños es más difícil de controlar. Y mientras los niños acceden a sitios de ocio o de información, o a las redes sociales a través de un dispositivo conectado, esos dispositivos pueden reunir también información sobre ellos.

   Entre los padres y madres, los educadores, los políticos y los dirigentes de la industria abundan los interrogantes sobre las consecuencias de la conectividad y de la interactividad. ¿Es la participación digital una amenaza para el bienestar de los niños? ¿Pasan demasiado tiempo conectados? ¿Puede causarles depresión? ¿Dependencia? ¿Obesidad? ¿Quién corre más riesgo? ¿Qué pueden hacer los padres y madres, o los cuidadores, para ofrecer a los niños un espacio que les permita explorar y desarrollarse de forma independiente al tiempo que también reciben una suficiente supervisión?

   El alcance y la manera en que los niños se benefician de sus experiencias digitales tienen mucho que ver con sus puntos de partida en la vida. Mientras que aquellos que disfrutan de sólidas relaciones sociales y familiares suelen usar internet para reforzar estas relaciones —algo que les genera un mayor bienestar— los niños que sufren a causa de la soledad, el estrés, la depresión o determinados problemas en el hogar pueden encontrar, por ejemplo, que internet agrava algunas de estas dificultades existentes. Por el contrario, los niños que tienen dificultades sociales en su vida normal pueden a veces establecer amistades y recibir el apoyo social en línea que no reciben en otras partes Las cuestiones sobre el tiempo que pasan delante de la pantalla los niños conectados, aunque todavía se debaten, son cada vez más obsoletas. Esto es así porque no hay un acuerdo claro sobre el momento en que el tiempo empleado con la tecnología digital pasa de ser moderado a ser excesivo; el concepto de "cuánto es demasiado" es una cuestión personal que depende de la edad del niño, de sus características individuales y de un contexto vital más amplio. A muchos niños en contextos de alta conectividad les resulta difícil estimar cuánto tiempo pasan con la tecnología digital, ya que más o menos la utilizan todo el tiempo.

   A medida que estas cuestiones se debaten y estudian, parecen estar surgiendo algunas verdades básicas. En lugar de restringir a los niños el uso de los medios digitales, una mediación más atenta y solidaria de los padres, madres y educadores es más prometedora para facilitar que los niños obtengan de la conectividad el máximo beneficio y el mínimo riesgo. Debería prestarse una mayor atención a los contenidos y actividades de las experiencias digitales de los niños —lo que hacen en línea y por qué— en lugar de remitirse estrictamente a la cantidad de tiempo que pasan frente a la pantalla. Finalmente, la investigación y las políticas en el futuro deben considerar el contexto completo de la vida de un niño —edad, género, personalidad, situación en la vida, entorno social y cultural y otros factores— a fin de comprender dónde se debe trazar la línea entre el uso saludable y el uso perjudicial.

   Para mejorar el bienestar mental de los niños es importante adoptar un enfoque holístico y centrarse en otros factores que se sabe que tienen un impacto mayor que el tiempo frente a la pantalla, como el funcionamiento familiar, la dinámica social en la escuela y las condiciones socioeconómicas, al mismo tiempo que se alienta el uso moderado de la tecnología digital.

Fuente: Unicef. Estado Mundial de la Infancia (2017). Niños en mundo digital

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