Educación

Una universidad con ojos latinoamericanos para mirar el mundo

Debates y desafíos de la nueva Área de Internacionalización de la Universidad Nacional de Rosario (UNR).

Sábado 21 de Septiembre de 2019

"La movilidad y los convenios no son suficientes para tener un esquema internacional de la universidad". Quien habla es Pedro Romero, a cargo del Área de Internacionalización de la Universidad Nacional de Rosario, uno de los espacios del organigrama dispuesto por el rector Franco Bartolacci para la gestión de la UNR.

Ex director de la Escuela de la Relaciones Internacionales de la Facultad de Ciencia Política y fundador del Instituto de Cooperación Latinoamericana (Icla), Romero sostiene que la UNR es una universidad a la que vienen una cantidad interesante de extranjeros, con una buena base en programas de movilidad, pero que aún "debe trabajar para convertirse en una universidad internacionalizada".

"Los programas de internacionalización de las universidades en general cumplieron una fase. Están basados en la internacionalización de las personas: docentes, estudiantes y no docentes que participan de distintas experiencias. La movilidad es un piso, que tiene consenso y ocupa casi la totalidad de la internacionalización. Pero eso no necesariamente internacionaliza a la institución", explica el secretario del Área de la UNR. En diálogo con La Capital, señala algunos ejes de trabajo de este espacio, habla de la presencia de extranjeros en las facultades y afirma: "Una universidad popular es aquella que se reafilia con la sociedad.

—¿Cómo es el modelo, en materia internacional, en la mayoría de las universidades del país?

—En general en las universidades argentinas la internacionalización se basa en la movilidad y en los convenios. Ahora, ninguna de las dos herramientas son suficientes para hacer un esquema internacional de la universidad.

—¿Qué debe tener entonces?

—Hoy un programa de internacionalización necesita responder sobre qué tiene la universidad para internacionalizarse. Es importante saber qué producción de conocimiento tiene para aportar, ya sea en forma de pensamientos, productos o innovaciones. Por eso para avanzar de forma adecuada hay que tener una fuerte conexión con toda la estructura de ciencia, técnica, innovación y desarrollo. También hace falta una relación con los esquemas de legitimidad del mundo de hoy. Un ejemplo: la UNR no tiene un solo premio internacional, ni lo otorga ni lo gana. Hay personas de la universidad que por un proceso personal se candidatean solos y obtienen reconocimientos, pero eso no es parte de la política de la universidad. También tiene baja densidad de relación con los organismos internacionales. Por eso creo que sobre este piso construido de establecer presupuestariamente una estructura de movilidad, que es muy bueno, hay que construir una segunda instancia, para internacionalizar a la propia universidad, más allá de las experiencias que puedan vivir docentes, no docentes y estudiantes. Hace muchos años, la Universidad Nacional de San Juan participó de la licitación de la reconstrucción de un país centroamericano después de un terremoto, porque técnicamente podía proponer la construcción de las mejores casas antisísmicas. Bueno, esa es una lógica de internacionalización. Pero además, no tenemos interfases, porque las universidades que se internacionalizan lo hacen con otros actores: las pequeñas y medianas empresas o con organizaciones sociales.

—¿Lo mismo con el municipio?

—Claro. Mirá el tema de los extranjeros en la universidad, que tanta polémica pública trajo. Tener 2 mil o 5 mil extranjeros en la ciudad debería ser un proyecto de interfase con la Municipalidad para construir un polo internacional del conocimiento. En cualquier parte del mundo hay universidades que son el eje central del desarrollo de la ciudad. En Rosario no van de la mano, porque el municipio no tiene ningún tipo de respuesta para la cantidad de alumnos extranjeros que tenemos y que tiende a crecer.

—Respecto de este tema algunos plantearon pedir reciprocidad, ¿cuál es tu mirada?

—La reciprocidad es un concepto de las relaciones internacionales propio de los Estados. Cuando uno pide una cosa el otro reclama otra a cambio. Acá no puede haber reciprocidad porque las personas que vienen lo hacen por asociaciones empresariales de menor valía (empresas pequeñas de otros países) o incluso a veces vienen solos. Entonces, ¿a quién le pediríamos la reciprocidad? Sin ir más lejos, si vas a cualquier shopping de la ciudad y vas a una empresa de turismo, te ofrecen lo mismo que le ofrecen a los brasileños, porque hasta te proponen estancias para estudiar inglés afuera, a donde te llevan e inscriben. O sea, lo mismo que le criticamos a los brasileños lo pueden hacer en el shopping los argentinos. Por eso la reciprocidad no es viable porque no tenemos un Estado del otro lado. También se propone reciprocidad del alumno, que si estudió cinco años en Rosario ejerza acá. Y la verdad es que yo quiero que ejerzan en América Latina, porque el que hace la experiencia de estudiante extranjero lo hace como un nacional. Lo obligamos a obtener una visa estudiantil, la mayoría tiene visa de residencia y por la cantidad de años de estudio la mayoría hasta puede votar al intendente de la ciudad si lo desea. Entonces, somos capaces de otorgar el derecho a voto pero le queremos cobrar como si fuese un extranjero. Eso en el grado, porque en el posgrado la mayoría paga. Hoy en Medicina tenés un gran volumen de extranjeros, fruto de sus condiciones de ingreso y gratuidad, que deberá dar un debate y ver cuál es la mejor manera de atender a quienes vienen a estudiar. Ahora, no cabe la menor duda que en innumerables espacios de la UNR vos necesitarías extranjeros. Dirigí la carrera de relaciones internacionales y me encantaría tener 40 extranjeros por año, hasta el punto de dar una beca en América Latina para que vengan a estudiar relaciones internacionales acá. Sería un orgullo para Rosario, que tuvo la primera carrera de relaciones internacionales de América Latina, formarle la cancillería a los países latinoamericanos. Sin embargo no tenemos esa densidad de extranjeros. Y hay carreras como filosofía donde se cae el ingreso, con pocos jóvenes que la estudian para un plantel docente entero. Entonces traigamos extranjeros, porque si es por el costo lo vamos a tener que pagar igual.

—Entonces la mirada que "contrabandea" ciertas posturas es qué tipo de extranjeros

—Claro. Desde la Reforma del 18 la universidad argentina es profundamente latinoamericana, pero le fascina cooperar con universidades europeas. A algunos actores no le interesa la universidad latinoamericana. La universidad no tiene un diseño de políticas públicas para los extranjeros, ni la de Rosario ni la del resto del país. Lo que tenés son extranjeros que vienen a estudiar. La política consiste en ser proactivo, con un proyecto para los jóvenes latinoamericanos o los que quieran venir a formarse acá, unido a un proyecto de universidad, ciudad o provincia. Recién ahí uno puede pensar qué hacer con esos estudiantes. En ese marco el Consejo Superior podría proponer que los extranjeros aprendan historia latinoamericana, porque todas las universidades del mundo tienen algún nivel de condición. Que tengan una materia de políticas públicas, para que el médico que formamos tenga conciencia de la sociedad y de lo público. O generar becas en carreras donde tenemos déficit. Por eso pienso que no tenemos una política de extranjería. Si la tuviésemos, la universidad tendría todas las herramientas para convertirse en una potencia de vocación latinoamericana. Fijate que los Estados Unidos formaron los recursos humanos de América Latina y condujeron la mayoría de los ministerios de Economía y Obras Públicas. O ahora con el Derecho, porque hay una decisión —independientemente del juicio político— de debatir el derecho en América Latina. Bueno, nosotros podemos decidir qué parte de la política queremos debatir con el resto de los países latinoamericanos y participar. El tipo de cambio no puede ser el principal motivo por el cual el extranjero viene, tenés que tener una política proactiva y la universidad se debe un debate respecto a la extranjería y su política latinoamericana. Sino es declamadamente latinoamericana, pero muy amiga de cooperar con los europeos.

—Cuando asumió como rector, Bartolacci habló de avanzar en una universidad popular ¿qué características debería tener?

—Una universidad popular es aquella que se reafilia con la sociedad. Tenés un vasto sector de clase media-baja y baja que no sienten un aspiracional en la universidad, piensan que es "para otros". Hasta hace algunos años ese era el eje central de lo popular. Creo que ahora hay que multiplicar los ejes. Si hacés una encuesta con docentes de primaria o media, un número importantísimo es "docente de segundas nupcias", porque intentaron arquitectura, odontología o psicología y terminaron en la docencia. Con una gran vocación por la docencia. Pero aquellos que "fracasaron" (entre comillas) de la universidad también se desafiliaron de ella. Hacerse cargo de eso también es de una universidad popular. Y por último está el problema con los nuevos jóvenes, que tienen un montón de profesiones vinculadas al ecosistema cultural (como ser YouTubers) y creen que la universidad no tiene nada que ver con ellos y le es ajena. Y probablemente tengan razón. Pero es muy peligroso dejar eso a manos del mercado. Entonces si el Estado quiere participar la universidad no los puede marginar. Reafiliar a la vida universitaria a esa gente también es necesario.

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La Facultad de Derecho de la UNR será una de las sedes del encuentro.
La Facultad de Derecho de la UNR será una de las sedes del encuentro.

>> Internacionalizar el pensar

"Decia Gilles Deleuze antes de morir que se había dado cuenta que el Mayo Francés había fracasado porque los autores eran más famosos que sus obras. Nadie escribía la Arqueología del Saber pero todos eran más famosos que Michel Foucault. Creo que éste es el juego, necesitamos internacionalizar nuestras obras, nuestros productos del conocimiento. La fama de los autores ya está dada", agrega Romero.

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