Educación

Una máquina de hacer poesías creada por chicas y chicos

"El sol ardiendo estaba/en la plaza Libertad/Yo descalza andaba,/ llena de felicidad".

Sábado 22 de Diciembre de 2018

"El sol ardiendo estaba/en la plaza Libertad/Yo descalza andaba,/ llena de felicidad". Los versos los escribieron las chicas y los chicos de 6º grado de la Escuela Nº1.162 Pedro Arias. No los pensaron en clase ni en un taller literario, sino que surgieron de "La máquina de hacer poesías", una idea diseñada y concretada en forma colectiva.

La particular creación tiene una historia de trabajo integrado entre todos los 6º grados de la primaria de Rodríguez al 3.700. Una iniciativa coordinada desde el área de plástica en forma conjunta con la biblioteca escolar. Y donde participaron de lleno las maestras de estos grados: Graciela Dell Aqua, Andrea Muñiz, Lucía Manias y Melani González.

La idea se inspiró en la lectura del libro de Pablo Bernasconi El diario del Capitán Arsenio y el vínculo que tiene con la obra y vida de Leonardo Da Vinci. A partir de esa lectura las docentes les propusieron a los chicos crear una máquina, pero no cualquiera: tenía que ser una que no existiera. "Surgieron un montón de máquinas: máquina para hacer tareas, máquina para tener amigos, máquina para no aburrirse...", apunta la profesora de plástica María Cecilia Meneghini. Repasa que para llevarla adelane "trabajaron contenidos propios del área partiendo desde la experiencia práctica: había que hacer una escultura y se trabajó la espacialidad y el recorrido que requiere toda máquina". También recuerda que todo el tiempo "estuvo muy presente que iba a ser una máquina con un funcionamiento imaginario, pero igual debía dar una idea que tenía un mecanismo". Todo un desafío para las chicas y los chicos de los 6º grados, al que se abrazaron sin descanso.

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Más lecturas

Para llegar a ese objetivo y dar una mano en esa búsqueda creativa, las docentes invitaron a los 6º grados a seguir leyendo nuevas historias, bucear en la biblioteca, que está cargo de Andrea Alvarellos. Así, entre otros libros leyeron Excesos y exageraciones, El zoo de Joaquín, los dos de Bernasconi, y Estaba oscuro y sospechosamente tranquilo, de Einar Turkowsk. También disfrutaron de un documental sobre la vida de Jean Tinguely, el artista suizo autor de las "máquinas escultura". De esa búsqueda colectiva surgieron todo tipo de ideas, pero al final acordaron en construir "La máquina de hacer poesías".

El primer paso para fabricarla fue reunir materiales en desuso o que se pudieran reciclar, como restos de electrodomésticos, partes de bicicletas, computadoras, mangueras, chapas y caños. Lo que siguió fue un diseño de la máquina que constó de tres partes bien diferenciadas: una inicial, de entrada de las palabras que ellos eligieron; otra de procesamiento de los datos y otra de salida o de texto final. A partir de esos lineamientos comenzaron la construcción.

Y al final surgieron poesías "creadas" por la máquina como: "Llevé mi bici y los patines/mientras música escuchaba/otros regaban los plantines/y mis amigos a la pelota jugaban"; "Yo llena de amor /me fui a patinar /contenta pero con calor,/luego me puse a jugar" y "Con mucha paz me fui a caminar/La diversión me ayuda a crecer/Al final, mejor es dar/esto me hace crecer".

máquina poética

Creatividad

La directora Stella Franco señala que "se trabajó la poesía desde lo creativo". "Se apuntó a la creatividad todo el tiempo como eje principal. Hubo mucho trabajo de hacer bocetos, armar y desarmar. Siempre se trató de romper con los estereotipos", se entusiasma contando detalles de cómo se encaró este proyecto. Marcela Lo Piccolo y Analía Yegros, las vicedirectoras, rescatan desde la mirada pedagógica que la experiencia se haya apoyado en la promoción de la lectura, en el juego y en el trabajo en equipo. En tanto la supervisora de plástica, Ana Cao, suma el recorrido que estas alumnas y alumnos tienen de la materia: "Cuando vine a observar una clase me maravilló la autonomía en el manejo de los materiales que tienen. Al verlos te das cuenta del historial de trabajo que hay aquí".

Otro de los desafíos que les plantearon las maestras fue redactar un texto instructivo sobre el funcionamiento de la máquina, que luego estuviese ubicado de manera bien visible. Lo escribieron y colocaron en el borde del techo de la escuela, que da al patio principal y justo arriba de la biblioteca. Antes de montar la construcción en el lugar elegido acondicionaron el espacio y lo pintaron de colores. En la fiesta de fin de ciclo escolar, la presentaron públicamente. Hubo cuentos y teatro con las maestras como protagonistas.

Al final la máquina de hacer poesías de las chicas y los chicos de la Escuela Pedro Arias quedó descubierta y ya es toda una invitación a sumarles palabras. Todos ya saben que para hacerla funcionar sólo hace falta dejar lugar a la imaginación.

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