educación

Una invitación a crear conciencia ambiental desde el jardín

Mirta García es autora de un libro con reflexiones teóricas y propuestas concretas para trabajar desde nivel inicial. Hoy es el Día Mundial del Medio Ambiente.

Sábado 05 de Junio de 2021

Que la ciudadanía pueda tomar conciencia de la problemática ambiental y empiece a potenciar ciertas actitudes y valores es uno de los principios más importantes que persigue la educación ambiental”, señala Mirta García, profesora en ciencias naturales y coautora de Educación ambiental en el nivel inicial (Homo Sapiens Ediciones) junto a Eduardo Silber, Eduardo Marcelo Soria y Laura Pitluk. Un libro que analiza concepciones teóricas que sostienen las prácticas educativas y desarrolla ejemplos de propuestas que favorecen el acercamiento a una educación basada en el cuidado ambiental y en la concientización de educadores y alumnos.

“La tierra no la heredamos de nuestros padres, la tomamos prestada de nuestros hijos”, reza un proverbio indígena que los autores eligieron para introducir el tema. “Las problemáticas ambientales en todas sus escalas nos interpelan como educadores porque representan los desafíos prioritarios a resolver en el corto plazo. Sin duda alguna, la solución corresponderá a la generación de nuestros estudiantes”, afirma el libro, que forma parte de la colección educación inicial, que dirige Pitluk.

En el Día Mundial del Ambiente y en diálogo con La Capital, Mirta García —docente y especialista en educación en ambiente para el desarrollo sustentable— se refiere al compromiso y la necesidad de preservar los recursos naturales pensando en las generaciones futuras.

—¿Qué aspectos involucra hoy la educación ambiental, teniendo en cuenta diferentes definiciones que se abordan en el libro?

—Definir la educación ambiental es complejo, depende de los diferentes autores, aunque existen aspectos en común que se traducen en las herramientas que ofrece hoy una ley de educación ambiental integral y los principios de la Unesco. Lo importante es que los ciudadanos empiecen a tomar conciencia de la problemática ambiental y a potenciar ciertas actitudes y valores para que puedan abordarse desde un nivel global, regional o local, teniendo en cuenta la preservación de los recursos naturales y pensando en las generaciones futuras.

—En el nivel inicial existe una gran responsabilidad muchas veces menospreciada del lugar del saber y su asimilación por parte de los chicos.

—Por supuesto que los chicos no aprenderán la fotosíntesis en el jardín, porque el saber se tiene que ir construyendo de a poco. Hay que seleccionar los contenidos de acuerdo a su nivel cognitivo, buscando acercarlos de a poco y potenciar esos saberes, articulando los distintos niveles en las salas de 3, 4 y 5 años, para continuar luego con el primario. Enfrentar este desafío supone ir construyendo una serie de conceptos, categorías de análisis y explicaciones que les permitan comprender que estos problemas ambientales devienen de la relación entre el ser humano y la naturaleza.

—Una política pública tiene que habilitar la participación ciudadana tanto como la formación de los educadores.

—A veces se le pide mucho al educador en diferentes campos y en el caso específico de la educación ambiental requiere de la decisión política para encontrar la manera de acompañar en el abordaje interdisciplinario. En este contacto con las ciencias naturales existe un miedo histórico de parte de los docentes frente al desconocimiento. Por eso es necesario bajar su nivel de ansiedad, aportarle estrategias, darles ánimo y sugerencias para ese trayecto. Tanto en el nivel inicial como en el primario, maestras y maestros son generalistas. Es decir tienen que saber de lengua, ciencias sociales, matemática, cooperativismo y educación sexual integral. Hay que entender que no sabemos todo, y cuando sea necesario estudiar o consultar información, para acercarse a los conocimientos sin hacer un cuestión estereotipada ni académica, simplemente que sea un saber escolar. Este aprendizaje no pertenece exclusivamente a los docentes sino que forma parte de la ciudadanía en general. La educación ambiental tiene que ser dialógica y tener en cuenta el respeto por el otro para construir nuevos saberes.

—La formación en valores y actitudes es fundamental para la preservación del ambiente.

—En la búsqueda de mayor solidaridad, justicia, pensamiento crítico, respeto por el otro, tolerancia y sensibilidad. Es el saber ser que las docentes ponemos en juego en cualquier acto, sea desde las ciencias sociales o naturales. Esos valores luego se traducen en actitudes que son de escucha, diálogo, cooperación, de participación activa y democrática.

—¿Cuánto se logra a partir de esas pequeñas acciones diarias que se ajusten a las tres R: reducir, reutilizar y reciclar?

—En mi barrio hay contenedores para separar aquellos productos que se pueden reciclar. Sin embargo, las personas tiran en ese lugar los residuos húmedos que también alcanza al resto de los cartones y materiales colocados allí, entonces actúan los microorganismos y se pudre. Por eso no se trata solo de colocar contenedores sino de informar a la ciudadanía y que sepa cuáles son las acciones correctas. Si nosotros en la escuela proponemos la separación de residuos y los chicos observan que luego el recolector se lleva todo junto no sirve de nada. Estas son las acciones que requieren de un trabajo conjunto con la comunidad, las ONG, los consejeros y todos los participantes.

—Es decir que al abordar contenidos de educación ambiental a través de proyectos siempre se involucran distintos actores.

—No es solo el interjuego que se realiza en el aula entre docente y niños sino que tienen que estar comprometidos el equipo directivo y el personal de maestranza. Si se conoce el proyecto la repercusión será mayor. De esa manera los chicos sienten que están llevando una información a la casa y que la familia puede acompañarlos. Las experiencias que muestra el libro reflejan propuestas concretas para trabajar en el aula pero se requiere conocer primero los fundamentos teóricos de la educación ambiental, independientemente de los aspectos específicos que luego se desarrollarán. La separación de los residuos fue la temática escogida por uno de los jardines para trabajar en las salas de 3, 4 y 5 años, y ese proyecto tuvo gran participación de la familia que colaboró, por ejemplo, en la selección de los recipientes adecuados para esta acción. En el libro también se proponen herramientas hacia una escuela ecosustentable y se plantea el problema de la minería desde aspectos didácticos y epistemológicos de las ciencias sociales.

—Frente a la pandemia, ¿qué pasa con estas prácticas que se trabajan principalmente en el aula?

—Es un momento muy complicado y como docentes tenemos que incorporar aprendizajes pero su contenido dependerá mucho de cada escuela y de su ubicación. Algunos temas de las ciencias naturales no serán tratados y posiblemente tampoco esta temática ambiental. Pero desde la virtualidad quizás sí el uso y consumo del agua, siempre y cuando los chicos tengan agua potable en sus casas. El contexto también determina la significatividad que tendrá cierto contenido. La quema en las islas es uno de los problemas ambientales más urgentes de la región, una situación concreta para empezar a abordar la preservación del medioambiente y los recursos naturales en la escuela, aunque no figure en la planificación, pero sí para tratarlo y que se vaya creando conciencia.

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Educación ambiental integral

A mediados de mayo, el Senado de la Nación convirtió en ley el proyecto sobre educación ambiental integral (EAI). La iniciativa propone que los estudiantes de todos los niveles del país puedan adoptar un enfoque que permita comprender la interdependencia de los elementos que conforman e interactúan en el ambiente, el respeto y valor de la biodiversidad, la equidad, el reconocimiento de la diversidad cultural, el cuidado del patrimonio natural y cultural, y el ejercicio del derecho a un ambiente sano.

“Hubo algunas modificaciones respecto de la antigua ley sancionada en el año 2006. Entre sus objetivos se plantea diseñar políticas nacionales según las distintas jurisdicciones y que desde los ministerios de Educación se puedan llevar a cabo propuestas en las diferentes instituciones. No puede ser solamente un hecho aislado de alguna escuela sino un tratamiento más comprometido, que llevará tiempo y que hay intentarlo desde las primeras infancias”, destaca la educadora Mirta García sobre esta legislación.

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