Una filosofía para enfrentar la educación que mira al mercado
Nemrod Carrasco, el profesor asesoró en la serie Merlí, dice que un buen docente debe transmitir cosas que descoloquen.

Nemrod Carrasco dice que es docente universitario hace "una tira de años". Y acompaña esa expresión con un gesto de lejanía, como una vida entera dedicada a la docencia de este profesor de 44 años, que se hizo conocido por ayudar a darle un perfil filosófico a los guiones de las tres temporadas de la serie Merlí, que se puede ver en la plataforma Netflix.

Profesor de filosofía de la Universidad de Barcelona, reconoce que esta disciplina no fue su primera opción de carrera. "Empecé estudiando derecho, porque me decían que así iba a poder encontrar un trabajo, los padres insisten mucho, hay una cierta presión para ser un hombre de provecho, con eso de que «la filosofía no te va a dar de comer»".

Por eso entiende que series como la de Merlí —con el personaje central de un corrosivo pero motivador docente de secundaria— ayudan a acercar la filosofía a la sociedad. "Uno de los argumentos que he tenido que combatir es el argumento falaz que dice que la filosofía no necesita que nadie la defienda. Y eso no es verdad, todo el tiempo se la cuestiona", sostiene Carrasco. En una extensa charla con LaCapital, opina sobre "la inutilidad" de esta disciplina frente a los discursos utilitarios del mercado. Y da las claves de lo que debe ser un buen docente y una buena escuela.

• La filosofía frente al discurso de formar profesionales para el mercado. "En ese escenario la filosofía no tienen ningún lugar y lo que habría que reivindicar para la filosofía es su completa inutilidad, no sirve. Hace unos años un ex ministro de Educación de España, una cosa terrorífica llamada (José Ignacio) Wert, se propuso —y lo ha ido consiguiendo— sacar esta enseñanza de los institutos. Ahora mismo la filosofía no tiene el mismo peso que hace cinco o seis, precisamente a raíz de la entrada del gobierno del Partido Popular, con una orientación conservadora y neoliberal. Pero me gustó mucho el argumento que usó el ministro Wert. Dijo: «Para qué hacer filosofía, si la filosofía sólo sirve para distraer». Está muy bien que se utilice la expresión distraer, porque lo primero que uno piensa es «hostia, ¿qué problema hay con eso?». Qué problema hay que la gente aprenda distrayéndose, en convertir la enseñanza en un placer, cuando el placer es lo que garantiza que uno pueda aprender la cosas de una manera más intensa, viva, cercana. Que no es lo que suele pasar habitualmente, porque a uno se lo acaban imponiendo y convirtiendo la educación en algo desagradable. Porque no es un placer tener que pasar exámenes y ser «competentes», una palabra que se emplea muchísimo hoy".

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• Competencia. "Toda esta jerga económica y administrativa en que se ha acabado diluyendo la enseñanza pone muy a las claras qué se espera hoy de la educación. No se espera gente que intente pensar mínimamente las cosas, aunque se llenen la boca diciendo que «es importante que los ciudadanos tengan un espíritu crítico». Esas son bobadas, esa no es la intención ni la finalidad cuando el Estado invierte en educación. Lo que espera son resultados, gente preparada, con aptitudes, que pueda «competir» y tener el día de mañana un lugar en el mercado de trabajo. Claro, preguntarse cuál es la función que puede cumplir la filosofía en todo esto, solo puede ser una: reventarlo. Reventar esta manera de enfocar la educación o como mínimo decir que la filosofía es incompatible con la educación, que filosofar no es educar, sino es hacer otra cosa completamente distinta. Aunque lo curioso es que el argumento del señor Wert era falso, porque pretendía que la filosofía era algo inútil porque no era rentable para alguien que quiera adentrarse en la jungla el mercado de trabajo. Pero eso no es cierto y por una razón muy sencilla: hoy las grandes compañías están pidiendo gente con perfiles cada vez menos técnicos y más creativos, donde lo que abunda es el desarrollo de las habilidades comunicativas y en un mundo donde lo que impera es ese escenario global de irrupción de las redes sociales, el capitalismo digital y las nuevas maneras de hacer marketing con estrategias donde los filósofos y las filósofas tienen mucho que decir".

• Profesor innovador. "No creo que Merlí sea un docente innovador, para nada. Creo que si lo fuera utilizaría power point en sus clases, en lugar de la pizarra y la tiza. Ya hubiera utilizado las redes sociales, medios de interconectividad y todo este tipo de cosas, que innovan el medio de transmisión. Pero la cuestión no es tanto el cómo sino el qué. Y para filosofar necesitas exclusivamente la palabra. El tener que utilizar las redes sociales, internet y estos medios digitales no digo que sean incompatibles con la filosofía. Incluso abren posibilidades, si las puedes situar en un escenario donde puedan pasar cosas; pero no creo que esa sea la vía necesaria por la que haya que discurrir. Merlí no es un docente innovador porque no está obsesionado con la novedad. Al contrario, es consciente que muchas de las cosas que nos venden como nuevas en el fondo están programadas con una obsolescencia que las convierte en algo añejo. Esa idea que tan bien expresaba Lampedusa (autor de El Gatopardo) de que todo cambie para seguir siendo lo mismo. La palabra de Merlí no creo que sea una palabra que innove, al contrario. Nos obliga a pensar en muchas cosas que nos quieren hacer pasar por nuevas y que en realidad muchas están caducas antes de salir al mercado".

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• Claves de un buen docente. "Un buen docente debe reunir tres condiciones fundamentales. La primera, transmitirte algo que te descoloque. La suya debe ser una palabra disonante, que en lugar de encajarte con el mundo te muestre hasta qué punto este mundo está desencajado consigo mismo. Por tanto, que sea de entrada una palabra que no puedas identificar fácilmente, que no tenga un lugar definido. Una palabra que pueda hacer contigo cosas porque tú no sabes bien a dónde te puede dirigir. Esa es la primera condición. La segunda ha de ser una palabra interrogativa, una pregunta que te obligue a problematizarte muchas de las cosas que tendemos a considerar como obvias. Y que por tanto te obligue a cuestionar todo lo que día tras día nos obligan a creer como si fuera cierto. Y la tercera condición es que la palabra del maestro sea crítica, que te invite a analizar la realidad, a comprenderla. Porque al intentar comprender la realidad muy probablemente seremos capaces de entender cosas de nosotros mismos que se nos escapan. Seremos mucho más «competentes» para intentar cuestionarnos todas aquellas creencias, valores, ideas que reproducimos casi sin darnos cuenta, y que son la fuente de muchos de los malestares que padecemos".

• Una buena escuela. "Una buena escuela sería la que tuviese capacidad para albergar este tipo de profesores que hicieran de la enseñanza algo vocacional. La vocación, que suena como muy añeja, debe nacer de un malestar, tiene que brotar de algo que sea muy hondo. Esto lo explicaba muy bien Jorge Larrosa, un docente magnífico de ciencias de la educación de la Universidad de Barcelona, que dice que tener vocación es ser capaz de dirigirse a la realidad y decir: «Ya está bien, esto no es realidad». Eso creo es la vocación, eso que uno siente en el interior y lo lleva a actuar frente a un mundo donde muchas posibilidades de vida se están viendo completamente aniquiladas, ya sea por la propia estupidez con que están manejadas las cosas en la realidad, por la explotación, por la miseria o por la propia lógica cruel en la cual nos hemos instalado".

Nemrod Carrasco en La Capital


>>> El camino del profesor universitario que llegó a los guiones de la TV

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Nemrod Carrasco nació en 1974 y actualmente es profesor de filosofía en la Universidad de Barcelona. Casi por mandato familiar, empezó estudiando derecho, después siguió la carrera de humanidades y finalmente se decidió por la filosofía.
En la universidad tuvo de alumno a Héctor Lozano, creador de Merlí, quien le propuso sumarse como asesor filosófico en los guiones de la exitosa serie de Netflix. Además es autor del libro "Viaje al centro de la filosofía" (Paidós).
La semana pasada Carrasco estuvo en la ciudad para brindar una serie de conferencias organizadas por la Universidad Nacional de Rosario (UNR).
En una entrevista publicada el domingo en La Capital, el profesor de Barcelona habló de su trabajo en los guiones para el programa de televisión. Y aseguró que "frente a una realidad desquiciada no hay que intentar encajar sino perforarla".