Educación

"Una buena escuela es un lugar donde nos podamos sentir queridos"

El psicólogo infantil chileno Alvaro Pallamares alerta sobre las violencias contra las infancias y dice que no hay paz sin justicia social.

Sábado 30 de Noviembre de 2019

En un reciente encuentro en una escuela de Rosario, el psicólogo chileno Alvaro Pallamares charló con un grupo de alumnos. Al principio lo miraban con desdén, pero cuando les habló de sus derechos, notó como de a poco levantaban la vista, prestaban atención y hasta comenzaron a hacerle preguntas. La clave, para el especialista, es hablar de los temas que los movilizan y sobre todo saber escucharlos. Porque como afirma, una buena escuela es un espacio “de convivencia”, donde “nos podamos sentir queridos”.

Psicólogo clínico infantil, director general del Centro de Intervención Temprana (CTI) y cofundador de la Fundación América por la Infancia (FAI), Pallamares estuvo en Rosario en noviembre para brindar una charla para padres sobre crianza, apego y evolución; y un seminario sobre el docente como figura de apego en el aula, en esta última acompañado por Lucas Raspall y Korin Maciulsky. Ambas actividades fueron organizadas por el Complejo Edmondo de Amicis.

—Se cumplieron 30 años de la Convención sobre los Derechos del Niño ¿Qué desafíos se plantean?

—Lo primero es la precisión semántica de las leyes que protegen y reivindican los derechos de los niños. Y después viene todo un proceso de inserción en las prácticas comunitarias. Por lo general tenemos diez años de demora para que una ley empiece a funcionar, si es que todos se ponen de acuerdo. La Fundación América por la Infancia trabaja en el continente y una de sus metas es la homogeneización del trato hacia los niños. Y para eso necesitamos leyes. Porque si yo digo que está prohibido el maltrato y no pongo qué es el maltrato el juez dictamina que pegarle con una correa a un niño es educación. Esto es literal, pasa en el continente. Por eso tiene que decir explícitamente que está prohibido el golpe con mano abierta, con mano cerrada o el golpe con un objeto. Empieza a haber una lista larga y la ley se empieza a aplicar, pero eso genera que los jueces tengan que cumplir la ley y no lo que hacía su abuela o su madre. Hay un concepto que es la transgeneracionalidad de las malas prácticas y otro que se llama las lealtades familiares, donde al que recibió algún tipo de golpe en su infancia si yo le digo que eso es un delito tal vez se enoje, porque se genera una alianza transgeneracional.

—También hay una idea de propiedad privada de adultos sobre los chicos, que en la Argentina lo vimos con la frase “con mi hijo no te metas”.

—Es una mirada bien egocéntrica, de propiedad y de “hago lo que quiero, son mis hijos y tú no te metas”. Lo cual deja a los niños en un espacio de vulneración bastante peligroso a largo plazo. A veces esos papás tienen buenas intenciones, pero las formas y la comprensión de su lugar en la sociedad está un poco distorsionado.

—Hay una violencia contextual que está en debate en Latinoamérica ¿cómo entender esas violencias en sociedades tan desiguales?

—La desigualdad de alguna manera es la madre de la violencia. Pero al mismo tiempo nosotros ya partimos al nacer con un golpe. Partimos con formas de crianza tempranas que son impositivas y autoritarias que están súper instaladas. Sabemos que el camino de la paz nunca se va a poder lograr desde la violencia y hoy lo que tenemos son estallidos de violencia por injusticias sociales acumuladas. Entonces, la mirada que tenemos que tener es a 30 años. No podemos evitar que todo se acabe mañana con la firma de un pacto o cualquier cosa. Lo que tenemos que hacer son hechos reales donde haya una distribución de la riqueza que sea más ecuánime. Hoy día el concepto de las organizaciones internacionales del mundo es la paz. Lo que estamos pretendiendo es que para lograr la paz necesitamos justicia social. Y en muchos casos condenas de las transgresiones a los derechos humanos históricas, porque si no hay condenas es muy difícil la reparación. Grandes transgresores de derechos humanos están en sus mansiones viviendo los privilegios del robo y eso genera impacto. Y hoy día los hijos de quienes fueron torturados o asesinados hace 20 o 30 años están quemando el país. Porque nunca hubo reparación y los tipos que fueron presos se van presos a lugares con jacuzzi y canchas de tenis. Esa sensación de que hay justicia para pobres y otra para ricos no es simplemente algo subjetivo. Hay elementos objetivos que permiten ver eso y explicar por qué hoy día Latinoamérica se está transformando en el Joker que está quemando la ciudad. Y eso es algo espeluznante, porque también se siguen violando los derechos de niños que en 15 años más van a sentir la misma rabia que están sintiendo los adolescentes y los adultos jóvenes que están quemando varios países, no solo Chile.

alvaro2.jpg

—¿Qué te dicen los chicos de las crianzas violentas?

—Hace poco estuve en un colegio en Rosario, conversando con niños de 7 a 14 años. Fui al salón y les hablé de la convención de los derechos de los niños. A los niños hay mucha gente que va a hablarle de muchas cosas. Pero cuando empiezan a entender lo que uno les está diciendo empiezan a dejar sus lápices y a mirarte. La cosa cambia, empiezan a hacer preguntas y la profesora también se sorprende. Porque les encanta que alguien les hable como seres humanos con derechos desde un lugar complejo, donde no los infantilizo en el sentido peyorativo del concepto. En Chile me ha tocado mucho hablar con adolescentes sobre el grooming y sobre eso saben mucho y tienen preguntas muy técnicas. En ese contexto se va dando un espacio de validación.

—A veces también se aburren porque no se los escucha.

—Claro, no se los escucha. El otro día les dije a niños como de siete años que hicieran preguntas después de todo esto. Y me empezaron a preguntar, por ejemplo, si en Colombia hablaban en colombiano, o si los brasileros tenían derechos pero estaban en español. Cosas que no esperaba que preguntaran. Pero eso también abre un mundo y una forma de pensar que no es estructurada. Y yo lo que me puse a hablar es justamente de las diferencias de cómo hablamos. Es decir, esa pregunta nos permitió hablar de cosas que a ellos también les interesaban.

—¿Qué rol tiene que jugar la escuela y los docentes?

—En la educación podemos encontrar dos personajes particulares. Unos son los ángeles de cuna y otros los demonios de la educación. Están muy mezclados. Los demonios son controladores, humillantes, verticalistas. Y los ángeles son contenedores, cercanos, empáticos, acompañan y más horizontales. Estamos tratando de educar a estos demonios que generalmente llegaron a ese lugar con muchas buenas intenciones, pero en el camino se fue tergiversando su misión, y mostrar como referentes a estos ángeles de cuna, ángeles de la educación, tutores resilientes que tienen pasión y están generando relaciones afectivas y de buen trato. Que tienen mucho trabajo personal también, porque trabajar con niños o adolescentes es un desafío enorme, porque uno tiene que autorregularse y autocontrolarse, porque sino tus propios demonios te gobiernan y empiezas a ser muy autoritario. El autoritarismo deforma a los niños, pero la permisividad también. Necesitamos un punto donde yo sé lo que voy a hacer pero te dejo ciertas libertades para tampoco cortar tus alas.

—¿Qué es para vos una buena escuela?

—Una buena escuela es un lugar que permite que los niños desarrollen sus potencialidades sin coartar la diversidad. Una buena escuela es un espacio de convivencia donde conversamos cómo queremos relacionarnos con otros antes de empezar a meterles contenidos a la fuerza. Una buena escuela tiene jerarquía, donde la inteligencia emocional va primero y todas las otras caen por su propio peso. Y una buena escuela es un lugar donde nosotros nos podamos sentir queridos. Si no me siento ni querido ni seguro nunca va a ser una buena escuela.

¿Te gustó la nota?

Dejanos tu comentario