Un tiempo para redoblar el compromiso con las infancias
La construcción del concepto de infancia implica reconocer diferentes ideas sobre la niñez que coexisten.

Viernes 24 de Noviembre de 2023

El 20 de noviembre es un día muy importante porque se conmemora la promulgación de la Convención de los Derechos de las Niñas y los Niños. Sin embargo, la construcción del concepto de infancia implica reconocer que existen diferentes ideas respecto de la niñez, que aún coexisten en nuestra sociedad. Franco Frabboni —investigador y pedagogo italiano— señala tres grandes etapas a lo largo de la historia, una primera identidad que emparenta a la niñez con la adultez: “La infancia negada”. Una segunda identidad en la cual las niñas y los niños se convierten en hijos/as y estudiantes: “La infancia institucionalizada”. Y una tercera identidad vinculada a la concepción de niñez, en tanto sujetos sociales, sujetos del conocimiento y de la creatividad, “sujetos de derecho”. En la Edad Media y la Modernidad, las infancias ocupaban el lugar de objeto. En cambio, en el Siglo XX, alcanzan una dimensión diferente que las ubica como sujetos.

Desde hace poco más de cuatro décadas, las niñas y los niños son considerados sujetos de derecho. La Convención Internacional sobre los Derechos de las Niñas y los Niños (1989) expresa que “en todas las medidas concernientes a los niños que tomen las instituciones públicas o privadas de bienestar social, los tribunales, las autoridades administrativas o los órganos legislativos, una consideración primordial a que se atenderá será el interés superior del niño”. Nuestro país cuenta con diferentes y valiosos marcos legales vinculados a la infancia, los cuales fueron promulgados en los últimos 20 años. La ley de Protección Integral de los Derechos de las Niñas, los Niños y Adolescentes Nº 26.061 (2005) destaca la necesidad de respetar el pleno desarrollo personal de sus derechos en el contexto familiar, social y cultural. La ley nacional de educación Nº 26.602 (2006) asegura que “la educación brindará las oportunidades necesarias para desarrollar y fortalecer la formación integral de las personas a lo largo de toda la vida y promover en cada educando la capacidad de definir su propio proyecto de vida”. La ley de educación sexual integral Nº 26.150 (2006) considera que es fundamental respetar y valorar las diferencias, construir vínculos saludables y libres de todo tipo de violencia, promover igual trato y oportunidades a varones y mujeres, y prevenir el abuso sexual infantil. Las modificaciones realizadas en el Código Civil Argentino en el año 2015, contemplan que debe respetarse la autonomía progresiva de los derechos de la niñez y escuchar sus voces.

Además, existe al menos una decena de efemérides vinculadas a la protección de las infancias y a la concientización sobre la importancia de garantizar sus derechos. Sin embargo, las niñas y los niños siguen siendo mirados como “adultos/as en miniatura”, como “objetos de cuidado o tutelaje” antes que ser valorados como sujetos de derechos. Porque, tal como lo expresa la querida Graciela Montes, “lo que hace que la infancia sea infancia, lo que la define, es la disparidad, el escalón, la bajada. Adulto-niño, grande-chico, maestro-alumno, el que sabe y el que no sabe, el que puede y el que no puede. Lo desparejo. Una relación irremediablemente marcada por la hegemonía”. Quizás por este motivo, muchas veces quienes tienen la responsabilidad de tomar decisiones en favor de las infancias y sus derechos no cumplen con sus deberes y obligaciones. Y sobre todo, porque la población infantil no es “productiva” en términos de mercado, motivo por el cual suele ser signada por la falta y la incompletud desde la perspectiva adultocéntrica.

En este sentido, es interesante destacar que la Defensoría de Niñas, Niños y Adolescentes de Santa Fe (2020) expresa que “como categoría y como construcción social e histórica, las infancias han cambiado y han sido entendidas de distinta manera a lo largo del tiempo. Incluso, en la mayoría de los casos, la definición de infancia ha sido asociada a una cuestión de rango etario. Sin embargo, y a la luz de estos tiempos, es necesario dejar de pensar en un modelo universal, único y homogéneo de infancia. (...) Porque no hay un solo tipo de infancia, sino que hay tantas infancias como niñas y niños quepan en ellas”.

Este es el desafío al que debemos animarnos y comprometernos. Los poderes del Estado, las instituciones educativas y de salud, las organizaciones sociales, las familias y la comunidad, porque somos garantes de los derechos de las infancias. Por fortuna, contamos con diferentes convenciones y leyes que así lo establecen. Lo que resta es la tarea más difícil: desarmar antiguas ideas acerca de lo que nos han enseñado y hemos aprendido sobre la niñez.

Hoy, después de conocer los resultados de las últimas elecciones, tendremos que redoblar la apuesta, el trabajo y el compromiso, porque el país que se viene pretende arrasar con todos los derechos de las niñas y los niños. Ya nos lo advirtieron, Milei y Villarruel, en sus promesas de campaña: basta de educación y salud públicas, basta de ESI en las escuelas, basta de prestaciones para las personas con discapacidad, y lo que es peor aún, libre portación de armas, la donación de órganos convertida en negocio, el aval para legalizar la venta de bebés y la propuesta de sancionar una ley que le otorgue a los varones la posibilidad de desligarse de la responsabilidad que implica la paternidad.

A 34 años de la promulgación de la Convención de los Derechos de las Niñas y los niños, y a 40 años de nuestra democracia argentina, lamentamos tener que recordar lo obvio. Seguiremos cuidando la infancia y dando batalla para garantizar todos y cada uno de sus derechos. Y como dice la imprescindible escritora Liliana Bodoc: “Debemos traer de regreso la reflexión y la duda contra la abulia y la irreflexión. Los sueños apasionados contra quimeras hollywoodenses, la luz de la diversidad contra los reflectores de las pasarelas. Debemos preparar a nuestros niños para la pelea del pensamiento, porque la opción es la pelea o la esclavitud”.

(*) Especialista en alfabetización e inclusión, y “orgullosa docente de la universidad pública y gratuita”.