Educación

Un registro de voces sobre el sindicalismo docente

"Con el advenimiento de la democracia empezamos a recordar", dice uno de los testimonios recogidos por Guillermo Ríos en Hora de abrir los ojos.

Sábado 08 de Junio de 2019

“Con el advenimiento de la democracia empezamos a recordar”, dice uno de los testimonios recogidos por Guillermo Ríos en Hora de abrir los ojos, una obra que aborda el proceso de sindicalización docente en la provincia de Santa Fe entre 1969 y 1976. La obra es resultado de una larga investigación comenzada por el autor hace más de dos décadas, con un mapa conformado por un registro de voces de docentes que dieron vida a aquella experiencia inicial, desde la participación en la Casa del Maestro o el Comedor Universitario de la UNR en 1969 hasta la creación del Sinter (Sindicato de Trabajadores de la Educación de Rosario) y el Sintes (Sindicato de Trabajadores de la Educación de Santa Fe) y el impacto de la última dictadura cívico militar.

Pero esas voces recuperadas por Ríos habitan la memoria en tiempo presente. Porque como bien señala el autor, “el tiempo presente habla de una permanencia y una identificación que ha traspasado silenciamientos, prohibiciones y nuevas fundaciones”. Hora de abrir los ojos se presenta el próximo miércoles 12 de junio a las 19 en librería Homo Sapiens, Sarmiento 829.

“Las primeras entrevistas las empecé a hacer en 1998. Ahí me encontré con el tema y luego vino esa investigación que sostiene el libro, que fue teniendo muchos formatos: primero una tesis de maestría, después la amplié a toda la provincia para mi doctorado y ahora es un libro”, destaca Ríos.

—¿Había una vacancia en el estudio sobre la sindicalización del magisterio?

—Y sigue habiendo una vacancia. Si nosotros comparamos todos los estudios que hay en torno al movimiento obrero por un lado, y en el campo educativo por el otro, lo que tiene que ver con el movimiento obrero docente sigue siendo un área de vacancia. Está muy desbalanceado. De hecho quienes nos dedicamos a investigar ese tema tuvimos que reconstruir muchísimo, tomar perspectivas teóricas que no eran propias de ese campo y meternos en el tema, construir y armar mucho.

—Entre los testimonios, hay ex integrantes de Sinter que dicen que durante mucho tiempo no hablaron sobre esa historia.

—Es muy fuerte eso, porque esta es una historia sindical que finalizó en 1976 con la dictadura. Luego con la apertura democrática se empezaron a volver a encontrar los que habían sobrevivido, los que habían vuelto al país o aquellos que se mantuvieron en silencio hasta la apertura democrática. Y fue una experiencia que fue pasando de boca en boca, donde cada tanto aparecían testigos, pero nunca ellos habían escrito esa historia.

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—Entre los testimonios hay palabras fuertes de quienes dicen “empezamos a recordar” o que la memoria estaba “tabicada”.

—Estar tabicado era una expresión muy de la época, que significa mantenerse oculto por un tiempo. Por eso yo uso esa idea de la memoria tabicada, porque justamente la historia oral permite la provocación de esa memoria y que se empiece a hablar.

—¿Qué testimonios te impactaron más?

—Hubo uno que a mí me movilizó mucho, que no tiene que ver con este período sino con períodos anteriores, que fue el de Rosa Fisher, porque me permitió explorar períodos anteriores. Y me impactó también encontrarme con el desarrollo de esta investigación en la ciudad de Santa Fe. A una de las entrevistadas, Pochi Varela, la visité en dos momentos distintos. Ella fue presa política y me encontré con ella en mi primera etapa de investigación y al final. Y fue interesante cómo ella fue reelaborando su historia, se fue abriendo y contando otras cosas.

—No es menor en el libro y en esta historia el reconocimiento como trabajadores de la educación.

—Justamente porque mi trabajo de investigación tomó esos dos ejes: uno que tiene que ver con la irrupción del movimiento y la constitución en el formato de un sindicato combativo; y nombrarse a sí mismos como trabajadores de la educación, que remite inmediatamente a la identidad. Encontrar un nombre ante la pregunta de quién somos en este nuevo momento histórico. Y designarse como trabajadores de la educación fue muy propio de la época, justamente se inició con este movimiento e hizo nexos con otras experiencias sindicales en el país y luego fue adoptado en 1973 por la Ctera.

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