Educación

Un puente entre la universidad y el barrio para unir saberes

Docentes, estudiantes y vecinos confluyen en un programa que desarrolla proyectos urbanos para los sectores populares.

Sábado 21 de Julio de 2018

En el extremo sureste de Villa Gobernador Gálvez, casi al borde del río Paraná, se levanta un barrio de pescadores. Es un conjunto de casas bajas separadas por calles de ripio y tierra. Terrenos de viviendas pequeñas y patios amplios que pueden verse a través de los de tapiales. Justo ahí, en uno de esos lotes, hay un grupo de gente trabajando al aire libre. Son vecinos, docentes y estudiantes que desde hace meses unen sus saberes académicos y populares en pos de un proyecto en común. Coordinados por profesores de la Facultad de Arquitectura, Planeamiento y Diseño de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) los alumnos construyen una superficie cubierta para que los trabajadores del río puedan manipular y conservar el pescado. Al confiar en ellos para esta obra, los pescadores a su vez aportan a la formación de los estudiantes y los ayudan a adquirir experiencia para convertirse en futuros profesionales.


De eso se trata Arquibarrio, un programa de la secretaría de Extensión, Vinculación y Transferencia de esa casa de altos estudios, que asesora a los sectores populares en la definición de proyectos y en la construcción de equipamientos públicos y comunitarios.

La mecánica se repite casi siempre de la misma manera: Las organizaciones que trabajan con los barrios más postergados plantean sus necesidades a la secretaría de Extensión que coordina Lautaro Dattilo y la Facultad, a través de sus recursos humanos y técnicos, hace de puente para que la arquitectura llegue al barrio y cumpla en el territorio una función social.

El antecedente inmediato de Arquibarrio hay que rastrearlo en las materias Proyecto Arquitectónico del ciclo básico y superior, más conocidos como taller Valderrama y cátedra Barrale, en alusión a los docentes Ana Valderrama y Marcelo Barrale, que están a cargo del dictado. Los profesores y adscriptos de ambos espacios conforman desde hace tiempo un colectivo de activistas de la arquitectura y son reconocidos como los fundadores de este tipo de experiencias sociales dentro la facultad. Desde 2015, cuando Valderrama asumió como vicedecana, se creó el programa Arquibarrio para institucionalizar estas prácticas y posibilitar así que todos los docentes y estudiantes puedan participar.

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Redes de encuentro

Entre los distintos proyectos que tiene en ejecución, Arquibarrio desembarcó en Villa Gobernador Gálvez hace más de un año para acompañar una iniciativa de la Cooperativa de Trabajo "Pescadores La Ribera Ltda". Desde la entidad necesitaban desarrollar una estrategia para evitar que la pesca del día sea vendida sólo a frigoríficos y a precios irrisorios. Un espacio donde poder procesar el pescado y conservarlo en frío, podría ayudar a mejorar la economía del sector, ampliar las ventas y lograr establecer un precio justo por la tarea. Con esa inquietud contactaron a las autoridades de la facultad de Arquitectura —con quienes ya venían trabajando desde hace tiempo— y lograron que el proyecto empiece a formar parte de las convocatorias del programa Arquibarrio. "Esto surge como un proyecto para erradicar la pobreza y recuperar la dignidad de los trabajadores. Apunta a que en algún momento esto sea un frigorífico del que puedan vivir 60 familias de pescadores", cuenta Susana Navarro, presidenta de la cooperativa. En el lote del vecino, que donó parte de su casa para la construcción de ese espacio, se escuchan ruidos de herramientas. Hace algunas semanas atrás el grupo de trabajo elevó el terreno —porque las tierras son inundables— y terminó el piso de la superficie con cemento alisado. Ahora manipulan una gran estructura metálica que será el techo del lugar. Para muchos estudiantes esta es su primera experiencia en obra. Por currícula, deben cumplir al menos 80 horas de prácticas profesionales supervisadas para poder recibirse. Pueden acreditarlas en un estudio privado, en una oficina técnica del Estado o en Arquibarrio, que es el espacio que propone la Facultad para generar un acercamiento sensible y humano entre la universidad y los sectores populares.

"La verdad es que está muy bueno compartir esto porque te vas enterando de cómo es la vida de los pescadores. Cómo viven, cómo se relacionan entre ellos, la cooperativa, sus vínculos, cómo están organizados, las necesidades que tienen. Está bueno tener estas prácticas en el tema social porque por ahí en la Facultad uno está muy metido en lo teórico y nos faltaba la parte humana de aplicar todo lo que uno estudia. Ponerlo en práctica y a la vez cumplir un objetivo para una necesidad en concreto", dice Paula Pascuali, que cursa 6º año de Arquitectura. A su lado, su compañero Guillermo Kuhler cuenta que, por estar en un plan de estudios anterior, no tiene la obligación de asistir pero "lo hago porque nos sirve". El joven se siente a gusto con participar de la iniciativa: "Es gente muy trabajadora. Nos fuimos conociendo, a veces también nos quedamos a almorzar, es muy linda la relación con los pescadores".

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Salir al territorio es traspasar el proyecto 3D de la computadora para materializarlo en la vida real con todas las variables que esa situación implica. Es encontrarse con otros y a partir de ahí repensar la propia idea que se tiene sobre la arquitectura. Para Olivia Bayo, estudiante de 6º año, "uno en la facultad se embala en lo teórico, dice bueno, «voy a hacer este proyecto y voy a poner esto acá y esto allá» y cuando uno viene al terreno y se encuentra con que del otro lado hay personas que tienen sus opiniones y necesidades, entonces ahí nos acordamos de lo que alguna vez nos dijo un profesor: que la arquitectura no es de uno sino del que la va a habitar". Los estudiantes cuentan además que, a la hora de diseñar proyectos en la facultad, las cátedras no se detienen demasiado en la parte económica, "se diseña pensando en que el presupuesto es ilimitado", dicen los chicos y advierten que, al salir a la calle, lo que pasa es otra cosa. "Es caer en la realidad de conseguir los materiales, la mano de obra, ver que todo lleva su tiempo. Acá estuvimos todo el año pasado buscando un lugar donde poder realizar el proyecto y uno ahí se da cuenta de que no es fácil. Lleva su proceso", cuenta Paula mientras el mate circula por la ronda de trabajo. "Conocer de dónde se sacan las conexiones, cómo se hace para gestionar, son cosas que en la facultad uno no las piensa", agrega Olivia y cuenta que para este proyecto puntual fue Alberto Ricci, el propio intendente de Villa Gobernador Gálvez, quien donó los materiales. A su lado, Pablo Almirón, también de 6º año, resume: "Cuando se ve lo que cuesta, lo valorás más, es como en la vida. A mí me hizo querer más a la Facultad y aprender a valorar los lazos y estas conexiones con la comunidad que son muy enriquecedoras".

Desde el vicedecanato, que coordina Valderrama, se destaca la doble función social y pedagógica que tiene Arquibarrio como tarea de extensión universitaria. Por un lado, se trabaja con las comunidades en emergencia social para que puedan acceder a la arquitectura. Por el otro, los estudiantes adquieren competencias específicas que van desde aprender el oficio de la carpintería, soldar y hormigonar hasta coproducir y codiseñar con la gente del lugar "que supone todo otro tipo de aprendizajes", señala la vicedecana.

La obra

En el terreno una grúa está a punto de levantar el encofrado que conformará la primera parte del techo. Es un armazón metálico cubierto con maderas. El prototipo fue diseñado y construido durante 2017 por los docentes y estudiantes y ahora llegó el momento de montarlo. En el lugar todos aguardan expectantes. Lo que se construyó técnicamente es el molde, la estructura para armar un Paraboloide Hiperbólico. Se trata una cubierta con forma alabeada o de doble curvatura que combina en una misma estructura la belleza del diseño con la economía de los recursos materiales. "Esto surgió de una investigación formal técnica del material. Si uno pensara en una losa completamente horizontal, el espesor del hormigón sería mucho más alto, es decir, necesitaríamos mucho mayor cantidad. Como tiene esta forma particular la cantidad utilizada se ve reducida hasta en un 40 por ciento", explica Pedro Ferrazini, coordinador del Area de Vinculación Tecnológica de la Facultad y del programa Arquibarrio. En el intento por subir la estructura con la grúa surge un pequeño inconveniente que alarga la tarea. En el terreno nadie se desanima, ya todos aprendieron que las cosas llevan su tiempo y que los plazos son cambiantes. El techo de la cooperativa de pescadores tendrá tres cáscaras como la que se está colocando. Hay que montar una, hormigonar, esperar el fraguado y volver a repetir la operación dos veces más. El docente explica que la investigación sobre los materiales permite dejar un saber tecnológico en el barrio "como es el poder ejecutar una cáscara de hormigón, que cualquier vecino involucrado en la obra lo pueda llegar a hacer, pero a su vez este desarrollo tiene una impronta tecnológica alta y de precisión".

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Mezclada entre los estudiantes, Navarro, la presidenta de la cooperativa de pescadores, contempla el trabajo de los futuros arquitectos y se ilusiona pensando en que este espacio pueda replicarse en muchas otras localidades. Hasta acá, tienen la promesa del gobierno nacional de conseguir las cámaras frigoríficas a través de un subsidio y la intención de firmar un convenio con el Fondo de Asistencia Educativa (FAE) para que los comedores escolares incorporen el pescado en la dieta de los chicos e incentiven así la actividad ictícola.

"La voluntad de hacer esto es política", dice Ferrazini: "La universidad es el centro de producción de conocimiento por excelencia y tiene un rol muy importante. Cuando me empecé a involucrar en este espacio político, cultural y académico empecé a entender que es muy necesaria la retroalimentación con el territorio, el trabajo de extensión". Hay que seguir haciendo esto todos los días. Ahora hay menos plata pero no por eso vamos a dejar de hacerlo".

Pioneros

Los docentes Marcelo Barrale y Ana Valderrama son pioneros en este tipo de experiencias dentro de la Facultad de Arquitectura de Rosario. Ellos saben que es difícil encontrar profesores dispuestos a ponerse al hombro esta tarea que difiere, y mucho, de una práctica profesional convencional. "Es más complejo porque a los estudiantes hay que enseñarles el oficio, hay que tener muchas medidas de seguridad, estar muy encima de la obra, construirla con las propias manos y eso es completamente diferente a lo que es el ejercicio profesional de la arquitectura", señala la vicedecana. A esa situación se suma la disponibilidad horaria para desarrollar la tarea que, en general, avanza sólo durante los fines de semana. "El sábado es el día en que vos encontrás a las personas en el barrio, es muy difícil ir un día de semana y muchas veces los docentes prefieren hacer otras cosas durante el fin de semana, es lógico", señala el profesor Barrale. A pesar de la capacidad limitada de los recursos humanos, el docente asegura que Arquibarrio tiene "un enorme futuro" y aprovechando los 100 años de la Reforma Universitaria convoca a seguir defendiendo el trabajo dce extensión, sobre todo en estos tiempos en que se profundizan los recortes en los presupuestos educativos y de investigación científica.

Mientras tanto, en Villa Gobernador Gálvez va cayendo el mediodía y los vecinos, profesores y estudiantes siguen trabajando en el paraboloide. Todavía les quedan muchas y largas jornadas por delante pero los guía una meta clara y la satisfacción de saber que dentro de un tiempo, la tarea estará cumplida.

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>>> Más intervenciones en el territorio

En estos tres años de existencia el programa Arquibarrio de la Facultad de Arquitectura, Planeamiento y Diseño de la UNR participó en numerosos proyectos territoriales y su labor fue distinguida tanto por el Concejo Municipal de Rosario como por la Cámara de Diputados de Santa Fe.

Desde su creación hasta acá, Arquibarrio realizó proyectos de reforma y ampliación en una gran cantidad de clubes barriales, centros comunitarios y vecinales (Club LT3, el Federal, El Luchador, Nueva Aurora, Centro Comunitario Molino Blanco, Vecinal Fisherton Sur).

Además del Paraboloide Hiperbólico en Villa Gobernador Gálvez, actualmente desarrolla el Puente Peatonal Brazo Seco del Saladillo, el Aula de Bolsillo en República de la Sexta y un Proyecto de reurbanización del Barrio "Playón de la Chacarita" en la ciudad de Buenos Aires.

Para los estudiantes interesados en acceder a estas prácticas profesionales, Arquibarrio anuncia que en breve comenzarán nuevas obras para la reforma y ampliación de la Biblioteca Popular Juan Bautista Alberdi en Rosario y un relevamiento técnico en la comuna de Villa Amelia.



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