Educación

Un espacio para el encuentro con las primeras lecturas

La Biblioteca Popular Cachilo cuenta con una propuesta que estimula el placer por los libros en los más pequeños

Sábado 18 de Mayo de 2019

Casi como si fuera un ritual de iniciación, lo primero es quitarse los zapatos. A partir de ese momento ya todos saben que comienza la hora de lectura. Una ronda se forma de manera espontánea entre niños y familias, expectantes de la propuesta que tiene la bebeteca para ese día. Este espacio de iniciación a la lectura funciona desde hace seis años en la Biblioteca Popular Cachilo para nenas y nenes acompañados por algún familiar.

Mientras la música suena de fondo en cada encuentro de los viernes, los cuentos cobran vida y otros relatos trascienden la lectura. Será la historia de una abuela que de la mano de su nieta tiene su primer acercamiento con la lectura o la historia de tres hermanas que esperan ese día para encontrarse cuando llevan a sus hijos a leer, pero seguro serán muchas más.

Este espacio cuidadosamente preparado y acomodado deja que niños y adultos exploren cada rincón y se sorprendan siempre con una nueva consigna. Es sabido que a los pocos minutos de empezar, ya nada estará en su lugar, y que esas estanterías colmadas de libros y adaptadas a la altura de los más pequeños siempre guardan nuevas historias por contar.

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“Contarle un cuento a un niño es un acto de amor, es darle la posibilidad de crecer y de viajar a un mundo de fantasía”, destacan Laura Alcaraz, Gabriela Escobedo y Laura Escobedo, coordinadoras y mediadoras de la bebeteca. La Biblioteca Popular Cachilo ubicada en Virasoro 5606 (esquina Teniente Agneta) es pionera en instalar este espacio en su sala de lectura. “Vivimos cada encuentro de manera especial como si fuera algo sagrado”, y para que esto suceda, en ese rato no funciona ninguna otra actividad en la Cachilo.

La propuesta está pensada para los más pequeños (de 0 a 3 años) pero también alcanza a niños y niñas hasta los cinco, dependiendo del interés que manifiesten. Las mediadoras proponen lecturas en voz alta, y también dejan que cada familia tome contacto con los libros en silencio, y que luego puedan elegir uno para llevarse a la casa.

“Para la mayoría de las familias que asisten a la bebeteca, ésta es quizás la primera vez que acceden a la lectura. La propuesta también incluye algo de iniciación al arte desde la música, la plástica y la expresión corporal”, destacan las mediadoras de este espacio de lectura colectiva.

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Historias que cobran vida

“Les prestamos nuestras voces a los personajes de los libros, jugamos con los tonos, mostramos las ilustraciones y damos vuelta la página con alguna sorpresa. Se buscan siempre técnicas o estrategias para lograr la atención de los chicos. También proponemos canciones y juegos para estimular el lenguaje”, explica Gabriela Escobedo como maestra jardinera y mediadora del taller. Su primer contacto con la biblioteca fue hace más de diez años cuando sus hijas participaban de algunas de las actividades propuestas por la Cachilo.

Sentarse a descubrir historias, imágenes y tomar contacto por primera vez con los libros es una experiencia que seguramente marcará el camino que transitarán como lectores. “Este encuentro que se genera a partir de la promoción de la lectura es único porque hace que mamás y papás dejen sus actividades para compartir un momento con sus hijos”, dice Claudia Martínez como coordinadora de la biblioteca de zona oeste.“Para las familias que no llevan a chicos a un jardín, esta propuesta significa también un espacio cultural y educativo muy valioso”.

Al igual que los adultos, los niños y niñas también manifiestan su preferencia por algunos libros, “nos sorprende que siendo tan pequeños puedan elegir qué cuentos les gusta más, sus dibujos y colores. Por supuesto, que muchos no entienden la historia que estamos contando pero mientras deambulan, siguen escuchando esa voz poética que narra y que no es igual a la cotidiana”, destaca Escobedo.

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Lecturas colectivas

En la bebeteca, el material de lectura es variado, desde el primer libro que logra manipular un niño por sí mismo, de cartón o de tela hasta libros álbum o con más texto. Las colecciones fueron seleccionadas cuidadosamente, y todos los años se renuevan. Entre las propuestas, no incluyen libros de editoriales vinculadas a estéticas conocidas o personajes de Disney.

“Tratamos de que el material no sea elegido porque tiene brillitos o por alguna imagen que se mueve sino por lo que tiene para ofrecer. El libro es un objeto y no un juguete, tiene calidad literaria y estética aunque sea para niños, buscamos que tenga ilustraciones y marcas reiteradas pero sin relatos moralizantes. El libro también propone silencios y su papel tiene olor. Los adultos somos quienes les damos vida a esas historias, por eso es tan importante animarse a leer. Nunca les decimos a los papás cómo tienen que leer, simplemente lo hacemos. Al observarnos, ellos también se convierten en mediadores para sus hijos”, asegura la educadora.

Lucía fue una de las primeras en llegar ese día a la bebeteca, participa junto a su hijas Ambar de 4 años y Emilia de uno. “Ellas esperan este momento, y todo el tiempo preguntan ‘cuándo vamos con los libros’. Les gusta escuchar varias veces las mismas historias, y luego las memorizan. Además noto que progresaron mucho en su lectura. Antes leíamos libros que tenían palabras cortas, pequeñas frases o sólo dibujos, ahora quieren que las historias sean más largas”, relata esta joven mamá. En su casa, los libros ocupan un lugar importante, cerca de los juguetes o sobre la cama, y aunque acostumbran a leer por las noches, de día las nenas siempre encuentran algo para hojear.

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>> Sugerencias para leer en casa

• Acurrucarse con un libro. Mirar un libro en brazos de la mamá o el papá y escuchar su voz, aumenta la confianza de su bebé y su amor por la lectura.

• Leer siempre a la misma hora, por ejemplo, a la hora de acostarse. Dejar que elijan la lectura, sobre las cosas que le gustan: animales, trenes, juguetes.

• Elegir libros para bebés. Son más fáciles de ver con ilustraciones brillantes. Con tela o plástico blando (para la bañera) o los de cartón duro son más fáciles de manipular.

• Ponerlos en un lugar donde puedan alcanzarlos, sostenerlos y mirarlos como juguetes.

• No esperar que el pequeño se quede sentado y quieto con un libro. Los niños en edad de caminar necesitan moverse, y no preocuparse si teatralizan los cuentos o saltan, o se revuelcan durante la lectura porque están escuchando.

• Leer sus cuentos y cantar sus canciones preferidas una y otra vez. Divertirse con los libros fortalecerá el desarrollo lingüístico y los sentimientos positivos hacia la lectura.

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>> Libros recomendados

El libro que canta, Yolanda Reyes, Alfaguara.

Una luna junto a la laguna, Adela Basch, SM.

Los animales no se visten, Judi Barret, De La Flor.

Choco encuentra una mamá, Keiko Kasza, Norma.

Gato tiene sueño, Satoshi Kitamura, FCE.

El ratón que quería comerse la luna, Laura Devetach, Sudamericana.

Miedo, Graciela Cabal, Sudamericana.

Tener un patito es útil, Isol, FCE.

El baño de Elmer, David McKee, FCE.

Que llega el Lobo, Emile Jadoul, Edelvives.

Colección Veo Veo, Edelvives.

Arrorro, R. Kaufman, Pequeño editor.

Cocoroco, R. Kaufman, Pequeño editor.

Un cuento de Oso, A. Browne, FCE.

El cocodrilo pintor, Max Velthuijs, SM.

¿Dónde está el trapito de Iyoque?, Nathalie Dietrele, Edelvives.

Así nació Nicolodo, Graciela Montes, Eudeba

Con locura, Emile Jadoul, Edelvives.

Un elefante se balanceaba, Marianne Dubuc, Edelvives.

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