Educación

Un corazón rebelde para educar

Reflexiones en torno de la formación docente. Los retos que demandan los diferentes contextos del trabajo educativo.

Sábado 27 de Octubre de 2018

Y había una vez un mundo, un mundo enorme, en el que sus habitantes solían sentir que todo estaba perdido; que el dolor, la injusticia, el odio y la avaricia habían socavado de tal manera sus esperanzas, que ya no se atrevían ni siquiera a soñar con la posibilidad de un renacer.


Sin embargo, algunos crédulos perdidos por allí intentaban iluminar el sendero que los conduciría a su "salvación"... "El futuro está en la educación", decían. "La educación no cambia al mundo, pero cambiará a las personas que van a cambiar el mundo", "Educar es cosa del corazón", "Se necesita valentía, dejar de ser oprimido y encarar un proceso de permanente liberación"... Perfecto, dijeron los otros, creemos un escuadrón, hagamos entrega de las herramientas necesarias y signémoslos con un mandato supremo, salvar el mundo...

Y así fue, reclutaron a un par de crédulos esperanzados, les dieron como elementos de batalla un delantal, una tiza, un pizarrón y, claro, un manual de instrucciones que debían memorizar perfectamente; un tiempito de simulacro y por supuesto el tan ansiado nombramiento: "El futuro de la humanidad está en tus manos. Hoy, te convertís en héroe".

Costó, claro, pero con el tiempo reconocieron la precariedad de sus elementos de batalla. Y aún más, fueron resignificando el concepto mismo de "Batalla". Resultó que batallar, era en verdad encontrarse, reconocerse, valorarse en sus diferencias, en la singularidad propia de cada ser humano, en la complejidad misma de la realidad que atraviesa a cada uno en particular.

Menuda sorpresa se llevaron al descubrir que la gran estrategia no era justamente construir muros que den forma a templos sagrados del saber y que resguardasen a sus habitantes de los avatares mundanos, sino puentes, de todo tipo de formas y colores, que los acerque, los enfrente cara a cara, que les permita mirarse mutuamente y re-conocerse en la mirada del otro, ese otro que los interpela, los desequilibra, los invita a replantearse cada paso.

Un puente que los una, que garantice una pedagogía del encuentro, del detalle y la ternura, que permita un abrazo profundo y amoroso a aquellos sujetos más vulnerados, sensibilizando de esta manera el rol mismo del batallador.

Así era pues. El gran secreto radicaba en la construcción de una comunidad caracterizada por la participación y corresponsabilidad de sus miembros, promoviendo la valoración y la integración de las diferencias, estimulando el desarrollo de alternativas de acción, la toma de decisiones y la ejecución de propuestas innovadoras que permitan concretar los encuentros educativos desde la práctica misma, trabajando mancomunadamente y entendiendo el verdadero alcance de la palabra derecho. Un derecho fundante, que reconoce en la meritocracia capitalista su principal enemigo. Un derecho que los humaniza, los reconstruye y los proyecta.

Se tornó imprescindible entonces repensar las herramientas que se les brindaba a aquellos valientes batalladores.

Rol docente y realidades

Hoy, la ley de educación nacional habilita a los docentes a desempeñar su rol en diferentes modalidades. Adultos, Rural, Intercultural Bilingüe, Domiciliaria y Hospitalaria, Encierro... Y las preguntas serían: ¿Los preparamos para ello? ¿Comprenden acaso la magnitud del desafío al cuál se enfrentan? ¿Son verdaderamente conscientes del derecho inquebrantable que tiene cada uno de los sujetos de la educación primaria? ¿Conocen y están dispuestos a hacerse cargo de la complejidad, las particularidades y necesidades específicas de cada contexto? ¿Reconocen a la educación libre y criteriosa, como el factor esencial para promover y defender la igualdad de oportunidades, garantizar la paz y valorizar la democracia? ¿Están acaso verdaderamente convencidos que para lograr sus objetivos deben indefectiblemente amar con todo su ser la tarea emprendida, abrazar con el alma a cada alumno, para así empoderarlo y animarlo a construir la confianza en sí mismo necesaria para transitar su proceso de construcción personal? ¿Asumimos todos que cada alumno merece un docente preparado, formado integralmente para hacer frente a los desafíos propios de cada contexto? ¿Reconocemos la injusticia a la que están sometidos aquellos que ven limitado el acceso a la educación?

Cátedra compartida

Hacer frente a estos interrogantes fue el objetivo que junto a María Cecilia Ferrari y Laura Terol nos propusimos llevar adelante con nuestras alumnas del Instituto de Formación Docente María Auxiliadora. El formato de cátedra compartida nos permite proponer actividades capaces de generar una vinculación concientizadora y productiva, entre la bibliografía y la experiencia en cada uno de los diferentes contextos de la educación primaria, atravesados por una realidad social, cultural, política y económica que los modifica constantemente.

Profundizamos el análisis bibliográfico, propiciamos encuentros con profesionales de excelencia para jerarquizar aún más cada modalidad y para luego iniciar, juntos, un proceso de aproximación concreta a las diferentes realidades en donde se desarrolla la educación primaria. La finalidad es hacer carne propia la situación cotidiana de cada uno de sus actores, atendiendo sus particularidades, fortalezas y vulnerabilidades en sus diferentes expresiones y manifestaciones. Permitiendo además el fortalecimiento de la identidad, el intercambio de saberes, de relaciones democráticas y armónicas, el conocimiento articulado a la vida, el desarrollo de estrategias de acción humanizantes que hagan frente a las injusticias de un mundo que suele olvidarse de los más necesitados.

Nos declaramos en rebeldía. Estamos convencidas que ese nuevo mundo es posible, pero que depende de nosotros hacerlo realidad. Como sostiene Paulo Freire: "No es en la resignación en la que nos afirmamos, sino en la rebeldía frente a las injusticias".

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